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eduardo aibinder. selección de ¡párense derecho!




















Primero:

Llegará el día en que podré exclamar
a mis seres queridos, personal doméstico, proveedores en general:
Vengo de renunciar y estoy en éxtasis.
Segundo: en la construcción de la Gran Obra
apenas soy un insignificante operario;
en cuanto mis superiores se distraen
aprovecho para no hacer nada,
cuando intensifican los controles
le soy infiel al trabajo con la mente.
Tercero: si fuera mi tarea bajarles el pulgar uno por uno
a objetos que se ofrecen a la contemplación estética,
no le ofrecería el mismo brazo a una anciana decrépita
para pasearla por las calles,
además, a qué moverse de casa si no sólo el metal
también lo blandengue se amoneda y circula.
Cosas que respondí, cuando me preguntaron
si mi experiencia fue significativa.


***
¡Pobre mí!

¡Pobre Richard!
Henry James

por no saber cómo seguir, 
renuncia a moverse de su casa,
rompe su única tarjeta de visita,
se le pasa la hora de la cita,
el carruaje se le vuelve calabaza.
¡Pobre E! Por no saber qué hacer
hace secretas visitas de media hora
por las cuales no recibe
agradecimientos ni besos,
lo reciben focas recostadas
sobre amplios sillones,
o algunas veces un paisaje
con mortandad de peces.
¡Pobre H! Por no saber qué esperar,
espera que arañas, cucarachas y otras
indeseables compañías domésticas
den paso a esculturales señoras.
Y cuanto más pasan las horas
más vira a un tenebroso gris
la alfombra roja, menos da la bienvenida.


Eduardo Aibinder, Buenos Aires,  1968
de ¡Párense derecho!, Gog & Magog, Buenos Aires, 2015

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