domingo, septiembre 06, 2015

hasta que la moral se ahoga



Bendito es el hombre

que no se sienta en el lugar del que se burla-
el hombre que no denigra, desprecia, denuncia;
que no es “habitualmente intemperante”
que no se “disculpa, retracta, prevarica, y que será escuchado”.

(¡Ah, Giorgione! están los que se rebajan
y los que eleven todo lo que tocan; aunque bien podría ser
que si no se dijera que el autorretrato de Giorgione era suyo,
podría no haberme cautivado. Benditos los genios que saben

que la egomanía no es un deber.)
“Diversidad, controversia; tolerancia”- en esa “ciudadela
del conocimiento”  tenemos un fuerte que debería acorazarnos.
Bendito es el hombre que “corre el riesgo de tomar una decisión”- se

pregunta: “¿Resolverá el problema?
¿Es correcta mi opinión? ¿Es para el bien común?”
Ay. Los compañeros de Ulises ahora son políticos-
viviendo en el exceso hasta que la moral se ahoga,

habiendo perdido todo sentido de analogía,
creyendo que el permiso emancipa, “esclavos que
ellos mismos han esclavizado”.
Desvergonzados autores, totalmente corrompidos, como si
íntegro y excepcional fuesen viejas cuasi-modas  falsas,
conciencia aprobada en mitín frente a carácter.
Agraviados por “mentiras privadas y vergüenza pública”, bendito es el autor
que apoya lo que los arrogantes no apoyan-
que no obedecerán. Bendito el hombre no complaciente.

Bendito el hombre cuya fe es distinta
a la posesividad-una especie no encasillada por “la apariencia de las cosas”-
que no imaginan la derrota, demasiado resueltos para achicarse;
cuya visión iluminada ha visto el rayo que dora la torre del sultán.



Marianne Moore, Kirkwood, 1887 - Nueva York, 1972
en Marianne Moore, Complete Poems, Penguin Group, London, 1935
versión ©Silvia Camerotto
imagen s/d


Blessed is the Man
who does not sit in the seat of the scoffer-
the man who does not denigrate, depreciate, denunciate;
who is not “characteristically intemperate”,
who does not “excuse, retreat, equivocate; and will be Heard”.

(Ah, Giorgione! there are thos who mongrelize
and those who heighten anything they touch; although it may well be
that if Giorgiones’s self-portrait were not said to be he,
it might not take my fancy. Blessed the geniuses who know

that egomania is not a duty).
“Diversity, controversy; tolerance”-int that  “citadel
of learning” we have a fort that ought to armor us well.
Blessed is the man who “takes the risk of a decisión”- asks

himself the question: “Would it solve the proble?
Is it right as I see it? Is it in the best ineterests of all?”
Alas. Ulysses' companions are now political-
living self-indulgently until the moral sense is drowned,

having lost all power of comparison,
thinking license emancipates one, "slaves when they themselves have bound,"
Brazen authors, downright soiled and downright spoiled as if sound
and exceptional, are the old quasi-modish counterfeit
mitin-proofing conscience against carácter.
Affronted by “private lies and public shame” blessed is the autor
who favors what the supercilious do not favor-
who will not comply. Blessed, the unaccomodating man.


Blessed the man whose faith is different
from possessiveness -of a kind not favored by “things which do not appear”-
who will not visualize defeat to intent to cover:
whose illumined eye has seen the shaft that gilds the sultan's tower.



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