sábado, septiembre 03, 2011

el trabajo honesto y superior


Al margen

¡Aprovechar el tiempo!
¿Pero qué es el tiempo, para que yo lo aproveche?
¡Aprovechar el tiempo!
Ningún día sin una línea...
El trabajo honesto y superior...
El trabajo en Virgilio, en Milton...
¡Pero es tan difícil ser honesto o superior!
¡Es tan poco probable ser Milton o ser Virgilio!

¡Aprovechar el tiempo!
Arrancar del alma los bocados precisos -ni más ni menos-
Para juntar con ellos los cubos ajustados
Que hacen grabados ciertos en la historia
(Y son ciertos también del lado de abajo que no se ve)...
Poner las sensaciones en castillo de cartas, pobre China de las veladas.
Y los pensamientos en dominó, igual contra igual,
Y la voluntad en carambola difícil.
Imágenes de juegos o de paciencia o de pasatiempos:
Imágenes de la vida, imágenes de las vidas, Imagen de la Vida.

Verbalismo...
Sí, verbalismo...
¡Aprovechar el tiempo!
No temer un minuto que el examen de conciencia desconozca...
No tener un acto indefinido ni ficticio...

No tener un movimiento disconforme con propósitos...
Buenas maneras del alma...
Elegancia de persistir...

¡Aprovechar el tiempo!
Mi corazón está cansado como mendigo verdadero.
Mi cerebro está pronto como un fardo puesto al costado.
Mi canto (¡verbalismo!) está tal como está y es triste.
¡Aprovechar el tiempo!
Desde que comencé a escribir pasaron cinco minutos.
¿Los aproveché, o no?
¡¿Si no sé si los aproveché, qué sabré de otros minutos?

(Pasajera que viajabas tantas veces en el mismo compartimiento conmigo
En el tren suburbano,
¿Llegaste a interesarte por mí?
¿Aproveché el tiempo mirándote?
¿Cuál fue el ritmo de nuestro sosiego en el tren en marcha?
¿Cuál fue el entendimiento que no llegamos a tener?
¿Cuál fue la vida que hubo en esto? ¿Qué fue esto en la vida?)

¡Aprovechar el tiempo!...
¡Ah, déjenme no aprovechar nada!
¡Ni tiempo, ni ser, ni memorias de tiempo o de ser!...
Déjenme ser una hoja de árbol, titilada por brisas,
El polvo de un camino, involuntario y solo,
El surco dejado en el camino por las ruedas hasta que vienen otras,
El trompo del pilluelo, que se va a detener,
Y oscila, en el mismo movimiento que el del alma,
Y cae, como caen los dioses, en el suelo del Destino.

Fernando Pessoa, Lisboa, 1888- 1935
en Fernando Pessoa, Antología Poética, Selección, traducción y prólogo de Rodolfo Alonso, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2009. No bilingüe.
imagen: Material tomado de Aula de Letras Copyright © 2011 de José Mª González-Serna Sánchez

1 comentario:

Leonel Licea dijo...

Enorme como pocos, ese es Pessoa, esa es su poesía.
Gracias Silvia.
Abrazo.

Leo

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