viernes, enero 11, 2008

relámpagos antiguos

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vaivén
Es todo por la pena del adiós y el sollozo;
turbiones de vacío recalentando el páramo,
granizo del olvido trizado a dentelladas,
y un acento musgoso para decir: no te amo.

Vuelvo para marcharme delante de una etapa:
no sé de dónde llueven crisantemos azules
sobre esta siempreviva desolación abúlica
que taladró su barro para sembrar perfume.

Me quedo sin los ojos que te dieron aureola,
y vestidura blanca, y espanto de cordera;
he perdido la boca que te nombró temblando
y el frescor del espejo que duerme en la cisterna.

Me quedo sin las manos que retuvieron ávidas
tu calor marfileño, tu contorno de sombra;
quedo sin las agujas de tu mirada viva,
sin la nieve caliente que estallaba en tu boca.

Asimilando llanto, se enarca lo sentido
con la emoción rodando sobre el fugaz declive;
la nostalgia me clava relámpagos antiguos
en la pantalla opaca de este presente triste.

Todo lo que se llora vale lo que se muere,
y todo lo que muere vale más si agoniza
tendido en hojarasca de fallida esperanza,
asistido por duendes de malograda risa
.

Hace ya mucho tiempo que estoy anocheciendo;
que se me cae la espuma del primer torbellino;
que repudio la gracia de los ojos vendados...
Hace ya mucho tiempo que no duermo conmigo!

Que no duermo, ni encuentro los rincones de fieltro
donde me daba cita con lo mejor de mi alma,
vivo la pesadilla de vivir sumergido
y agujereando el turbio cristal de mi escafandra.

Para decir no te amo la voz me sabe a ruina;
mi espíritu se dobla, tronchado como un junco;
me llega desde lejos una canción de ronda
que sepulta treinta años donde cabe un minuto.

Quiero decir: no te amo porque ya las estrellas
me lastiman los ojos; porque ya los ocasos
me llegan sofrenados, olorosos de hiedra...
¡Quiero decir no te amo porque me siento manso!

Quiero decirlo... pero se me quiebra la lengua,
toda mi sangre llora y el corazón se entorna,
sobre el eco suicida se levanta una noche
de estrellas naufragadas y silencios de pólvora.

Desmantelada noche de mendicante luna
que asfixia las luciérnagas de mi selva insumisa,
noche rota en carbones que matarán la rosa
que encendió con su soplo tu alborada imprevista.

Petrificar mi lágrima para decir: no te amo.
¡Cómo me pesa siempre lo que no tuve nunca!
Para decir: no te amo... Nacer cantando muertes....

Yo soy aquel que pasa bebiéndose la bruma.



Joaquín Gómez Bas

1 comentario:

Anónimo dijo...

este poema me retrajo a mi propia historia, si te has dado cuenta, también me llamo Joaquín Gómez y este poema es como otros que escribí hace muchos años atrás. La historia de la humanidad se repite en cada hombre, se llame o no Joaquín Gómez.

Joquín Gómez Mella

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