lunes, julio 04, 2011
jorge luis borges. inscripción en cualquier sepulcro
Inscripción en cualquier sepulcro
No arriesgue el mármol temerario
gárrulas transgresiones al todopoder del olvido,
enumerando con prolijidad
el nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria.
Tanto abalorio bien adjudicado está a la tiniebla
y el mármol no hable lo que callan los hombres.
Lo esencial de la vida fenecida
-la trémula esperanza,
el milagro implacable del dolor y el asombro del goce-
siempre perdurará.
Ciegamente reclama duración el alma arbitraria
cuando la tiene asegurada en vidas ajenas,
cuando tú mismo eres el espejo y la réplica
de quienes no alcanzaron tu tiempo
y otros serán (y son) tu inmortalidad en la tierra.
**
Líneas que pude haber escrito y perdido hacia 1922
Silenciosas batallas del ocaso
en arrabales últimos,
siempre antiguas derrotas de una guerra en el cielo,
albas ruinosas que nos llegan
desde el fondo desierto del espacio
como desde el fondo del tiempo,
negros jardines de la lluvia, una esfinge en un libro
que yo tenía miedo de abrir
y cuya imagen vuelve en los sueños,
la corrupción y el eco que seremos,
la luna sobre el mármol,
árboles que se elevan y perduran
como divinidades tranquilas,
la mutua noche y la esperada tarde,
Walt Whitman, cuyo nombre es el universo,
la espada valerosa de un rey
en el silencioso lecho de un río,
los sajones, los árabes y los godos
que, sin saberlo, me engendraron,
¿soy yo esas cosas y las otras
o son llaves secretas y arduas álgebras
de lo que no sabremos nunca?
**
Despedida
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarse,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.
Jorge Luis Borges, Buenos Aires 1899 - Ginebra 1986
de Fervor de Buenos Aires, 1923; en Jorge Luis Borges, Obras completas, tomo I, Emecé, Buenos Aires, 2007
imagen: de Self Portrait de Anne Arden McDonald, bajo exclusiva autorización de la autora. Enlace: anne arden macdonald
domingo, julio 03, 2011
geoffrey chaucer. contra las mujeres inconstantes
Contra las mujeres inconstantes
Señora, con tu inconstancia
has ofendido a muchos de tus sirvientes.
Me libero de tu veleidad
porque bien sé que mientras vivas
no podrás amar establemente más de seis meses,
es tan profundo tu deseo de cosas nuevas;
en lugar de azul, deberías vestirte de verde.
Tal como un espejo que nada refleja,
así rápidamente como llega se va tu amor tan lejos,
hay testigos de tu obrar.
No existe esperanza de que tu corazón abrace;
porque eres como el gallo de veleta que da vuelta su cara
según el viento, y es evidente;
en lugar de azul, deberías vestirte de verde.
Podrás ser adorada por tu volubilidad
más que Dalida, Cresida o Cándida;
pues te pasas la vida cambiando favores;
una marca del corazón que nadie puede borrar.
A dos puedes comprar si a alguno pierdes.
Toda la luz del verano, y sabes bien de qué hablo,
en lugar de azul, deberías vestirte de verde.
Geoffrey Chaucer, Londres hacia 1340- 1400
Versión © Silvia Camerotto
imagen: Young girl in green dress. John White Alexander,1856-1915
Against Women Unconstant
Madame, for youre newefangelnesse,
Many a servant have ye put out of grace.
I take my leve of your unstedefastnesse,
For wel I woot, whil ye have lives space,
Ye can not love ful half yeer in a place,
To newe thing youre lust is ay so keene;
In stede of blew, thus may ye were al greene.
Right as a mirour nothing may enpresse,
But, lightly as it cometh, so mote it pace,
So fareth youre love, youre werkes bereth witnesse.
Ther is no faith that may your herte enbrace;
But, as a wedercok, that turneth his face
With every wind, ye fare, and this is seene;
In stede of blew, thus may ye were al greene.
Ye might be shrined, for youre brothelnesse,
Bet that Dalida, Criseide or Candace;
For ever in chaunging stant youre sikernesse;
That tache may no wight fro yuor herte arace.
If ye lese oon, ye can wel twain purchace;
Al light for somer, ye woot wel what I mene,
In stede of blew, thus may ye were al greene.
jueves, junio 30, 2011
vicente barbieri. encantamiento de las vihuelas
Encantamiento de las vihuelas
Si una mano viniera en la noche de pétalos
hasta tocar mi frente en este mar de humo,
estaría el puñal en el pecho de incienso,
en el sueño más hondo de cera y de vinagre.
Si alguien que yo imagino fatal, insustituible,
llegara en ese instante desde un lugar remoto
con todas esas cosas bellas e inexplicables
que se guardan un día y se pierden un día,
¡ah, si todo llegar como una agenda antigua,
consignado, sin sombra de olvido o desmemoria!
Si una mano de lianas y rocas decisivas
sostuviera mi frente junto a una playa sola,
en medio de un silencio con luna establecida,
y una voz sin premura me dijera su número…
Vendrían los profundos seres de los cristales,
los hondos habitantes del hierro y de la arcilla.
Y las comarcas, lejos. Los trineos de seda,
la desdichada en tules y el joven de la roca.
Brotaría al oeste del rumbo una diadema
para el infante muerto, y una rosa del aire.
Pero yo ya estaría muerto bajo la niebla
y crecerían tallos de amor en mis cabellos,
y escucharía el trueno de jinetes marchando
hacia un definitivo horizonte violeta,
con todas las banderas incendiadas y urgentes.
Y se podría entonces inaugurar la voz
de aquellos archipiélagos en que nacen las aguas
de verdes melodías, las jóvenes del lino
y el ámbar de la noche, bajo constelaciones
dulcemente marcadas en los cielos del pulso.
¡Ah, si viniera todo como dentro de un vaso
apenas musical, junto a un cirio fragante!
Bastaría una mano de amor en el silencio,
una mano sin nadie que llorara en las sombras,
con todas esas cosas que están desde hace tiempo
siempre en el mapa tenue de las sienes cansadas,
con leves golondrinas que emigran entre naves
ligeramente frías, pero siempre viajeras.
Pero estarían muertas las estancias calladas,
y el mapa de las cosas disperso, entre vihuelas,
en las raras ciudades de la piedra mortal.
Todo estaría muerto en un río de estaño,
entre desvinculadas brújulas de esmeraldas
tan desdichadas como su límite de arenas.
Y vendrían mis altos cruceros, en un mar
de asfalto inesperado, ¡oh pareceres últimos!,
hacia esta perfumada ribera de cedrón,
junto a los pulcros árboles apenas encendidos.
De Corazón del oeste
Barbieri Vicente, Alberti, 1903- Buenos Aires, 1956
imagen: Mujer enigmática, Tardío, libre de copyright
miércoles, junio 29, 2011
ted hughes. error
Error
Te llevé a Devon. Te llevé a mi tierra soñada.
Te llevé sonámbula
a mi tierra de tótems. País de Nunca Jamás:
el huerto en el oeste.
Luché
con las sábanas, la placenta y el cordón umbilical,
y te quedaste conmigo
valiente y desesperada y esperanzada,
tratando de escuchar a otros dioses, despojándote
de tu realeza americana, prenda por prenda—
hasta que asomaste con el alma desnuda y herida
a este pasillo empedrado y sin retratos
mirando al cementerio.
¿Qué le había ocurrido
al sol italiano?
¿Escapó de que lo atrapáramos
como una mariposa de la ortiga? La trayectoria breve,
el sueño expreso transcontinental
de nuestra adolescencia— ¿frenaron súbitamente
contra un callejón sin salida, chocando con una frenada fatal
en este túnel de tierra roja? ¿Fue por eso
que no pudimos despertar— nuestros dedos arrancando con torpeza
la mata de raíces de ortiga.
¿Elegimos la horqueta
equivocada? En un huerto sombrío
bajo el golpeteo de un techo, atendimos
a la putrefacción de nuestra parroquia, como un ataúd
hundiéndose bajo la propia maleza. ¿Qué es lo que lograste
cuando te sentabas sola a tu mesa de olmo
mirando la hoja en blanco,
en silencio frente a tu máquina de escribir, escuchando
el goteo del techo de paja, el murmullo de la lluvia,
mirando fijamente aquella iglesia hundida, y la negrura
de los techos de pizarra entre la bruma de la lluvia, marea baja,
brillando en la superficie?
Eso era Lyonnesse.
Nubes inaccesibles, árboles submarinos.
El laberinto
de caminos de madrigueras entre zarzas. Mujeres
con atados—
las llamabas: chuecas con verrugas—
husmeando tu extranjería en tiendas húmedas.
Sus ojos te seguían a todas partes, tejones de arcilla,
despertándote y arrebatando tus sueños,
murmurando juicios de medianera,
un dialecto oscurantista,
escrutándote desde la salida de cada madriguera.
El mundo
terminaba en los bueyes
amontonados detrás de las tranqueras, hundidos en el lodo,
debajo de las colinas apiñadas y lluviosas. Un bramido
sacudiendo los bosques de robles empapados puso a prueba los límites.
Y al lado de las botas, la sonora canaleta—
un débil pérdida de agua con sangre—
buscaba el río y el mar.
Y finalmente esto fue lo que habíamos elegido.
Al recordarlo, lo veo todo en una burbuja:
gente extraña, en un oscuro resplandor,
riendo y llorando en silencio,
mirando desde la claridad
a la desolación. Un retrato de boda lluvioso
en una tumba ajena, entre las lilas—
y justo debajo, ocultos, los huesos verdaderos
aún sufriéndolo todo.
Ted Hughes, Mytholmroyd, Yorkshire, 1930 -North Tawton, 1998
De Birthday Letters, Farrar Straus & Giroux, 1998
Version © Silvia Camerotto
Imagen: Sylvia Plath y Ted Huges, R. Mckenna, 1959. Obtenida de Diario El País, año 2000
Error
I brought you to Devon. I brought you into my dreamland.
I sleepwalked you
Into my land of totems. Never-never land:
The orchard in the West.
I wrestled
With the blankets, the caul and the cord,
And you stayed with me
Gallant and desperate and hopeful,
Listening for different gods, stripping off
Your American royalty, garment by garment—
Till you stepped out soul-naked and stricken
Into this cobbled, pictureless corridor
Aimed at a graveyard.
What had happened
To the Italian sun?
Had it escaped our snatch
Like a butterfly off a nettle? The flashing trajectory,
The trans-continental dream-express
Of our adolescence —had it
Slummed to a dead-end, crushing halt, fatal,
In this red-soil tunnel? Was this why
We could not wake —our fingers tearing numbly
At the mesh of nettle-roots.
What wrong fork
Had we taken? In a gloom orchard
Under drumming thatch, we lay listening
To our vicarage rotting like a coffin,
Foundering under its weeds. What did you make of it
When you sat at your elm table alone
Staring at the blank sheet of white paper,
Silent at your typewriter, listening
To the leaking thatch drip, the murmur of rain,
And staring at that sunken church, and the black
Slate roofs in the mist of rain, low tide,
Gleaming awash.
This was Lyonnesse.
Inaccessible clouds, submarine trees.
The labyrinth
Of brambly burrow lanes. Bundled
Women—
Stump-warts, you called them—
Sniffing at your strangeness in wet shops.
Their eyes followed you everywhere, loamy badgers,
Dug you out of your sleep and pawed at your dreams,
Jabbered hedge-bank judgements,
A dark-age dialect,
Peered from every burrow-mouth.
The world
Came to an end at bullocks.
Huddled behind gates, knee-deep in quag,
Under the huddled rainy hills. A bellow
Shaking the soaked oak-woods tested the limits.
And, beside the boots, the throbbing gutter–
A thin squandering of blood-water—
Searched for the river and the sea.
And this was what we had chosen finally.
Remembering it, I see it all in a bubble:
Strange people, in a closed brilliance,
Laughing and crying soundlessly,
Gazing out of the transparency
At a desolation. A rainy wedding picture
On a foreign grave, among lilies—
And just beneath it, unseen, the real bones
Still undergoing everything.
martes, junio 28, 2011
sigfrido radaelli. basso ostinato
Basso Ostinato
Fue fácil descubrir que estabas siempre entre los días.
Que al fin, siempre, de entre un montón de días,
regresabas. Este era el hecho.
Que volvías a alejarte
y de nuevo volvías.
Siempre.
Como un viejo reloj,
como una maquinaria un poco descompuesta,
sin espacios iguales.
Algo era siempre fácil de prever,
algo era siempre igual:
volvías.
Ahora
aquella máquina irregular
pero temblorosa
no señala espacios iguales ni desiguales.
No indica nada
como no sea silencio,
muerte,
olvido.
Antes de este silencio
ya sin edad,
peso ni número,
una cifra, una fecha
era de nuevo el comienzo de algo. Algo
que volvía a repetirse solo por tu regreso.
Ahora están borradas las cifras,
perdidos los nombres.
Rodeado de silencio
busco y confundo cartas y almanaques.
Ah, no es fácil descubrir que lo único vivo
es el obstinado silencio.
Casi tu muerte,
tu olvido.
Levanto esta lápida
y grito adentro de su oquedad.
Tu olvido agranda mi grito,
el eco de un gemido
que se une a otro eco, y a otro, y a otro.
Ahora, un día más
entre un montón de días,
termino por descubrir
que hoy no es igual que antes.
Impasible, cumplo el ceremonial.
Me miro al espejo. Yo soy ése,
el mismo,
pero ya nada es igual.
Grito tu nombre,
creo tu voz,
tu imagen.
Y desesperadamente te recuerdo.
Sé que de algún modo mi grito te arrebató a la muerte,
que de algún modo su temblor conmueve ahora el silencio,
de algún modo destruirá al olvido.
Sigfrido Radaelli, Morón, 1909- ¿? 1975
de El Paraíso, en Antología de la poesía argentina, Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979
imagen: Moment de William Carter, / site: http://www.wcarter.us/. La publicación en el blog de sibilas y pitias, de esta y de otras imágenes de su propiedad, fueron expresamente autorizadas por el autor
lunes, junio 27, 2011
alberto girri. mitológica
Mitológica
En penumbras,
una Elena, ídolo de aire,
un Fausto, cuerpo terreno,
y al alba,
como una Elena que por última
vez abrazara a un Fausto,
y vagando
hacia eternamente pletóricas
y eternamente vacías
praderas de un Hades,
donde esperará, muda,
por el nuevo encuentro,
renovado
brevísimo enlazarse, boda,
resucitar un Fausto.
Noche que sigue a la noche,
mientras él se interroga,
¿qué lo compone, dónde
sucede lo que alimenta el amor?
¿es su dominio afectivo y sensible,
o de sólo formas?
¿y la mano que oprime la
suya, a su diestra,
es ideal, real, concreta?
Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991
de 'Existenciales I', en Alberto Girri, Obra Poética V, Corregidor, Buenos Aires, 1988
imagen: Peaceful embrace, de © Briony Marshall, en Briony Marshall
sábado, junio 25, 2011
edgar bayley. de una tierra a otra
de una tierra a otra
al lado de las calles
de la noche
que abre tus manos y la tierra
al lado de los rayos
de los brazos vacíos de la lluvia
al lado del sílex
de las manos
de la lluvia
al lado del cielo de cada pozo
del hambre
hay puentes posibles
tatuajes
puentes posibles entre mis labios
y el año abierto de tus ojos
sobre las líneas vivientes
sobre el horizonte y las alturas germinantes
hay puentes violentos posibles
que la tierra hace suyos
como ecos
como la cifra y la casa del hombre
de un punto a otro
de mi voz a la tuya
de ni razón ni palabra
Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919- 1990
en Poesía argentina, Selección del Instituto Torcuato Di Tella, Editorial del Instituto, Buenos Aires, 1963
imagen: Jeffrey Vanhoutte, con expresa autorización del autor
viernes, junio 24, 2011
héctor a. murena. en el mundo y otros poemas
En el mundo
En el mundo
de lo opinable
miras
el árbol
desde
un solo lado
y lo codicias
o lo desdeñas.
Si lo vieras
entero,
te arrodillarías.
No gires
por la vasta tierra,
no des la vuelta
en vano.
Conocer
es
alcanzar
un centro:
fuego.
**
Tiembla
Tiembla
cuando no te odien,
cuando la puerta del salón
se abra para ti
demasiado pronto.
Esa mano
que te acaricia
es la de tu enemigo
y la enorme boca del mundo
que te besa
ya te ha devorado.
¿Acaso no has venido
tú también a traer
el escándalo y el fuego?
de El escándalo y el fuego, 1959
Héctor A. Murena, Buenos Aires, 1923-1975
en Poesía Argentina, Selección del Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 1963
imagen: Forest fire de Anneke Hut, en Fine Art America
jueves, junio 23, 2011
william butler yeats. la rosa secreta
La Rosa Secreta
Remota, tan secreta e inviolada Rosa,
abrázame en la hora de mis horas, donde moran
aquellos que te buscaron en el Santo Sepulcro,
o en el lagar, más allá de la agitación
y el tumulto de los sueños vencidos; y en la profundidad
de los pálidos párpados, vencidos por el sueño
los hombres han dado nombre a la belleza. Tus grandes hojas envuelven
antiguas barbas, los yelmos de oro y de rubí
de los Magos coronados; y el rey, cuyos ojos
vieron las Manos perforadas y Cruz de los mayores elevándose
entre las brumas Druidas y disminuyendo la luz de las antorchas;
hasta que despertara un vano frenesí, y murió; y aquel
que encontró a Fand* caminando entre el intenso rocío
en una costa gris donde el viento jamás sopló,
y perdió el mundo y a Emer* por un beso;
y aquel que guiaba a los dioses de sus lares,
y que festejó hasta que cien auroras florecieron en un derroche de color,
y lloró sobre los túmulos de sus muertos;
y el soberbio rey soñador que se deshizo de la corona
y la tristeza, y llamando a un bardo y a un bufón
habitó entre los ebrios vagabundos en la profundidad del bosque:
y aquel que vendió la cosecha y la casa y los bienes,
y buscó por tierras e islas durante interminables años,
hasta encontrar, entre lágrimas y risas,
una mujer de belleza tan resplandeciente
que los hombres trillaban el grano a medianoche por un rizo,
un rizo robado. Yo, también, espero
la hora de tu gran viento de amor y odio.
¿Cuándo se apagarán las estrellas del cielo,
como las chispas del yunque que se apagan y mueren?
Seguramente tu hora ha llegado, tu gran viento sopla,
Allá lejos, secreta e intacta rosa.
William Butler Yeats, Dublin, 1865- Menton,1939
de The Wind Among the Reeds, 1899
versión © silvia camerotto
imagen:Ilustración de Red Hanrahan y la Rosa Secreta. Obtenida de Ask about Ireland
*Divinidad irlandesa del mar
*Esposa del héroe Cú Chulainn en el Ciclo de Ulster de la mitología irlandesa
The Secret Rose
Far-off, most secret, and inviolate Rose,
Enfold me in my hour of hours; where those
Who sought thee in the Holy Sepulchre,
Or in the wine-vat, dwell beyond the stir
And tumult of defeated dreams; and deep
Among pale eyelids, heavy with the sleep
Men have named beauty. Thy great leaves enfold
The ancient beards, the helms of ruby and gold
Of the crowned Magi; and the king whose eyes
Saw the pierced Hands and Rood of elder rise
In Druid vapour and make the torches dim;
Till vain frenzy awoke and he died; and him
Who met Fand walking among flaming dew
By a grey shore where the wind never blew,
And lost the world and Emer for a kiss;
And him who drove the gods out of their liss,
And till a hundred moms had flowered red
Feasted, and wept the barrows of his dead;
And the proud dreaming king who flung the crown
And sorrow away, and calling bard and clown
Dwelt among wine-stained wanderers in deep woods:
And him who sold tillage, and house, and goods,
And sought through lands and islands numberless years,
Until he found, with laughter and with tears,
A woman of so shining loveliness
That men threshed corn at midnight by a tress,
A little stolen tress. I, too, await
The hour of thy great wind of love and hate.
When shall the stars be blown about the sky,
Like the sparks blown out of a smithy, and die?
Surely thine hour has come, thy great wind blows,
Far-off, most secret, and inviolate Rose?
martes, junio 21, 2011
alberto girri. debajo del cielo
Debajo del cielo
está el fuego,
lo circunscribe, casi lo lame,
está muy cerca y sin embargo
el cielo nunca sufre el fuego.
El fuego son imágenes,
pequeños demonios negros
vistos en Jerusalén, en Babel,
en el respaldo de los tronos,
en la extensión de los cetros,
en la nuca de los arrodillados,
en las epístolas áureas del docto,
en el que tiende a lo perfecto,
en el que se ofrece como mucho,
en los que crían para nada,
en el que adquiere y pone precio,
en los que se sientan a la mesa,
en los que se niegan a servir,
en los que escriben de este fuego
escribiendo de consuelos y castigos.
Debajo del cielo está el fuego;
somos la madera, la sequedad,
el soplo que mantiene el fuego.
**
El cómputo
¿Es un triunfo, razón,
olvidar la bienaventuranza
de sentirse con pavor,
y acceder a que una paz cerrada,
una seguridad de granito,
nos enseñen a expresarnos
lanzándonos con retos
contra el daño como puro daño
y el desasosiego y las vigas
que obstruyen nuestros ojos?
¿Puede hacernos fecundos
el apretar los dientes y tragar
los contagios y asociaciones
en el maltrecho, cotidiano jardín
que la muerte estimula,
vil certeza de arbustos,
de lombrices y perros furiosos,
y teros y grillos denunciando
al prójimo indigno de amistad
que vuelve por amparo?
¿Ganaremos el albergue,
la plenitud conjunta
del Sacrificado y del Redimido,
con la fusión de los opuestos,
el epíteto que es voto de amor,
y las voces que han de pudrirse,
el apremio de las penitencias
y el pasar infructuosamente?
Estas complejidades sobrevienen
tras seis días de derrumbe
y el séptimo dedicado al balance,
porque somos malos pagadores
y el alma, harta, vacila ante su panal,
y la cizaña oculta a la flor.
Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991
de "La penitencia y el mérito"
en Poesía Argentina, Selección del Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 1963
imagen: 'Regresar', de Breves instantes-2009, de Esmeralda Torres, (México, 1978), cuya publicación en este blog fuera previamente autorizada por la autora
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