martes, agosto 25, 2009

con dos pollos ciegos


No somos lo que esperábamos

Un árbol suelto de monte:
la llama que queda.
La mujer no entiende
por qué se ha despedido
del cuerpo que la lastima
y no tiene fuerzas
para triturar la noche.

Chupando el nudo
de su vientre,
el viento que destila
el muro viejo,
el grito que dispara
el torturado
cuando lo dejan solo.


La promesa

Julia calla.
La casa es igual,
con dos pollos ciegos.


Dedicado

Vení, sentate, charlemos.
Acá estoy, como querías, como dijiste
que querías.

Vengo de años de inyecciones,
con un animal muerto: ya no
es sólo una piedra en la cabeza.

Vuelvo a este Brasil deshecho
donde me pediste que esté. Ahora,
¿qué querés que te diga?

Mi voz está entre otras voces,
acompañada, sigue
siendo mía.

Vuelvo con la sangre curada y rota,
miro a los fascistas
desde la vieja ventana.

Las patrullas se mueven del vómito
al abismo. Se han tecnificado
para atravesar nuestros cuerpos.

Era mentira que nuestros amigos
no acabaron en el cementerio. Acá estoy,
pero no sé si puedo darte algo más.

Salvador Biedma, Buenos Aires, 1979
Inéditos
Imagen: Chirico

2 comentarios:

transfusiones dijo...

creo que conozco a ese tal Salvador.

Me alegra tanto, Sibila.

flor.

Bibiana Poveda dijo...

leo. lloro.
saludos.

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