domingo, abril 26, 2015

no fue corriendo a cubrirse



***

Todo vino de afuera.
Llegó hasta nuestro patio rodeado de macetas
desde un país que brillaba a la distancia
donde se habla un idioma que jamás logré aprender.
Un tren eléctrico para mi hermano menor
largos rieles que relampaguean en líneas paralelas
vagones que ante mi espeluznante desconcierto
lograron reducirse en su tamaño.
Para mí, una muñeca que dentro de su panza hueca
guardaba un disco que al girar le hacía decir "I am a pretty girl"
y el vestido de mamá
al que un día el cigarrillo de papá se acercó
demasiado
y desde su refunfuñante ruedo
desde el borde vibrante que acarició rodillas
aquel vestido
amplio 
lujurioso
se incendió completamente
mientras ella 
veloz y desesperada 
se iba desamarrando de él: mamá en bombacha blanca y portasenos negro
mira con desolación su vestido transformado en cenizas
no 
no fue corriendo a cubrirse
sentada en el suelo se empezó a reír a carcajadas.
Aquella noche llovió.
La lluvia intensa resbaló por los techos
ahogó rejillas
desbordó macetas.
Mi muñeca había quedado olvidada en la terraza
terminó convertida en estopa
y no habló nunca más,
ni falta que hacía.

Irma Verolín, Buenos Aires, s/d
en De madrugada, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014
imagen s/d

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