miércoles, febrero 25, 2015

toda herida que se olvida



Madre e hijas


Otoño se imagina niebla en el jardín de suculentas
diluvio tropical un cielo seco y frío se sueña
y madre exalta ese pequeño y delicado asunto
de tejer enlazar a veces recto y otras curvo
mientras dice qué barato es tejer
qué barato es hablar de un viento.

Nacidas y criadas en las pausas del desierto
evitamos llorar -ni por todos los muertos-
será que no aprendimos
palabras que dicen penas.

Quiero mi té de burro reclama una
y la otra qué delicia, voy llevar dos gajos
hinojo, palomilla y ruda para la angustia
y hasta esa ira en la violeta africana
encuentra cura.

Un ramito en el corpiño de hierba santa
una agüita tibia mentolada trae sosiego
toda herida que se olvida al fin te salva
y eso las cuatro lo sabemos.

Es cierto, hay plantas sabias pero hay otras
que no te dejan mentir aunque quisieras
y te deforman el pie y el alma
si para no llorar te estás riendo.

Mercedes Araujo, Mendoza, 1972. Vive en Buenos Aires
imagen de Katie M. Berggren en Archival Print

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