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no para mí que deseo hablarles...



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[...] ¿Cuántos simbades tendrán que pasar antes por cada uno de nosotros, cuántos ríos vadear los ojos desmesurados del sin memoria?, maestro que no enseña soledad.
Tu vida de cumpleaños, tantas veces curios de tristeza. Tu vida en un renglón, la carta de tu vida entre las hojas del cuaderno, raya la linda persiana de la mañana que sube, eso. Tantos días en un decorado desierto vestido de desierto, mucho impulso y poco decidido el paso. Lejos. Lejos. Lo que les faltaba a las flores en el vaso, y eso que parecían más rozagantes que en lo mejor del jardín. La mariposa loca con su sombra descubierta ahora tiene espejo para ella entre las flores. ¿Qué esperan esas cortinas de árboles pintados de colores por la tierra, esos ajetreos, ese ir y venir y de golpe quedarse quietos bajo un mismo seguro de árbol? Eucalipto para ser joven y el viento que de nuevo se vuelve hacia nosotros, aquí una primera noche, vida de aguas arriba, y ahora el cielo del tamaño de la noche sin postigos. No hagas cosa de la fuente que parece descansar si de golpe se queda muda en el pequeño ombligo balbuceante, desvelo del quedarse sin agua que la corra y que la vele, agua de paso sin descanso y no dejes de estar sola.
Me estás hablando y te estoy oyendo. Negro de mar, vertiente de salmuera, ¿ya sabes hablarle a un muerto, a su corazón inesperado mismo? [...]

[...] Nadie descansa en una pieza como ésta, aparentemente vacía. No para mí que deseo hablarles, ofrecerles inmortalidad, acechar el instante en que, cansado de deberles infinito, inicio esta travesía de estrella constelada. No le creas a una pared sin manchas; no le creas a una corza extraviada en el empapelado de una pieza aparentemente vacía, en su blancura de entraña de cal por apagarse. Te mentirán palabras que ya existían al estado de mentira, palabras, casi seguro, al estado de mentira. [...]

Arnaldo Calveyra, Gobernador Mansilla, 1929- París, 2015
de Novela, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2014
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