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elizabeth azcona cranwell. de los opuestos


De los opuestos

No es el amor a veces dos seres que se aman
sino un modo del mundo
de conmover un equilibrio triste.

Expiamos el mito que nos sube a la cara
hasta volvernos ebrios de una inocencia vieja
certera desnudez de la palabra.

Porque si atravesamos el espacio
como un error que crece en el único tiempo conocido
llegaremos muy pronto al final del amor
perderemos de golpe la región dominable
llameante de existencia.

Era nuestra fanática voluntad de acercarnos
de conocerlo todo antes de amar
y merodear entonces por las grandes caídas
las bellas ceremonias
y las noches sinuosas de inventar tanto encuentro.
Hay algo de este mundo
que ha quedado en nosotros para siempre
hemos hablado un nombre tantas veces que ya no tiene peso
y mirado la mirada demente que vuelve sabio el cuerpo.

Despertar a la sed bajo unos ojos
cuando cada sentido es capaz de la lluvia
la piel podía ver las manos escuchar
la paciencia del ojo era infinita
para tocar la tierra hasta romperla.

Qué dulce aplicación, qué terquedad de ola
de nudo irreverente que no corre el gran riesgo de saberse.

Si nadie piensa nunca en domar a las flores
por qué limarlo todo someterse a la ley que no se entiende
ansiar que algunos gestos anticipen el reino
como siempre en tinieblas.

Es inútil cavar en el silencio.

Del amor concluido
sólo el lenguaje sobrevivirá.

Elizabeth Azcona Cranwell, Buenos Aires, 1933-2004
en Los mejores poemas de la poesía argentina, Corregidor, Buenos Aires, 1977
imagen de Gina Higgins, Cold like stars, en Uno de los nuestros

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