miércoles, marzo 14, 2012

pero es más el tiempo que mis pies cuecen



Canto Decimonono

[Octavo círculo. Custodio: Gerión. Tercera bolsa: simoníacos condenados a permanecer en agujeros de piedra, cabeza abajo, con las plantas de los pies lamidas por las llamas. El papa Nicolás III. Mencionados: los papas Bonifacio VIII  y Clemente V. Las 6 del Sábado Santo]


¡Oh Simón mago, oh míseros secuaces
que las cosas de Dios, que de bondad
deben ser esposas, ustedes, rapaces

por oro adulteraron y por plata,
fuerza es que por ustedes suene la trompa,
porque están en la tercera bolsa!

Ya estábamos en la siguiente tumba
subidos al escollo en aquella parte
que cruza sobre el medio de la fosa.

¡Oh suma sapiencia, cuánto es el arte
que muestras en cielo, en tierra y en el mal mundo
y cuánta justeza tu virtud comparte!

Yo vi por los lados,  por el fondo
plena la piedra lívida de agujeros,
del mismo tamaño y cada uno redondo.

No me parecieron menos amplios
que los que están en mi bello San Giovanni, *
hechos para piedras de bautizadores;

uno de los cuales, no hace muchos años,
rompí porque uno dentro se ahogaba;
¡y esto sea sello que a ninguno engaña!

Fuera de la boca, por cada uno asomaban
los pies de un pecador y las piernas
hasta el muslo, y lo otro se ocultaba.

Las plantas a todos les ardían ambas;
por lo que tan fuerte sacudían las rodillas
que hubieran roto ligadura y sogas.

Como suele el llamear de las cosas grasas
moverse sólo por la corteza externa,
tal era allí, de los talones a las puntas.

"¿Quién es aquel, maestro, que enfurece
agitándose más que sus consortes",
dije yo, "y a quien la llama más roja lame?"

Y él a mí: "Si tú quieres que te lleve
abajo por la ladera que más yace,
te dirá sobre él y qué lo ofende."

Y yo: “Lo que te place para mí es bueno:
tú eres señor, y sabes que no me aparto
de tu voluntad, y sabes lo que callo."

Entonces llegamos sobre el borde cuarto:
doblamos y descendimos a la izquierda
hacia el fondo estrecho y agujereado.

El buen maestro de su anca
no me apartó, y así me llevó a la hoya
en el que se llora con la zanca.

"Oh quién seas, que abajo tiene lo de arriba,
alma triste como un palo enterrada,
comencé yo a decir, "si puedes, habla."

Estaba yo como el frate que confiesa
al pérfido asesino que, clavado, **
que detenga la muerte le reclama.

Y él gritó: "¿Ya estás aquí parado,
ya estás aquí parado, Bonifacio? ***
El escrito mintió unos cuantos años.

"¿Estás ya de aquel haber saciado, ****
por el que no temiste hacer engaño
a la bella dama, y luego hacerle estrago?"

Esto me dejó como aquellos que quedan,
por no entender lo que les dicen,
casi confusos, y no saben contestar.

Entonces Virgilio dijo: "Pronto dile:
'No soy ése, no soy ése que tú crees'",
y como se me ordenaba contesté.

Por lo que el espíritu retorció sus pies;
luego, suspirando y con voz de llanto,
me dijo: "Entonces ¿qué quieres?

"Si de saber quién soy te cabe tanto
que por eso descendiste por la costa,
sabe que alguna vez vestí el gran manto;

"y verdaderamente fui el hijo de la osa,
tan ávido por favorecer a los oseznos,
que arriba embolsé, y aquí estoy en la bolsa.

"Debajo de mi cabeza están los otros,
que me precedieron simonizando,
en las fisuras de las piedras aplanados.

"Allá abajo caeré también, cuando
venga aquél que yo creía que tú eras,
en el punto que hice el súbito reclamo.

"Pero es más el tiempo que mis pies cuecen
y que estoy aquí,  para abajo lo de arriba,
que el que estará clavado con sus rojos pies;

"que luego de él vendrá con más sucia obra
desde el poniente un pastor sin ley, *****
tal que conviene que a él y a mí nos cubra.

"Nuevo Jasón será, del que se lee
en Macabeos; y como ante él fue blando
su rey, así lo será el que a Francia rige."

No sé si fui demasiado loco
que le repuse en este metro:
"Ah, dime: ¿cuánto tesoro quiso

"Nuestro Señor antes que a San Pedro
le pusiese las llaves en dominio?
Por cierto, no dijo más que: ‘Sígueme’.

"Ni Pedro ni los otros de Matías tomaron
oro o plata, cuando en suerte les tocó
el lugar que perdió el alma del traidor.

"Quédate ahí, que estás bien castigado;
y guarda bien la moneda mal ganada
que contra Carlos te hizo descarado.

"Y si no fuera porque aún me lo veda
la reverencia por las sumas llaves
que tuviste en la alegre vida,

"yo usaría palabras aún más graves;
porque tu avaricia a todo el mundo apena,
pisando a los buenos y alzando a los malvados,

"De ustedes, pastores, se acordó el Evangelista,
cuando a aquella que se sienta sobre el agua
se la vio putañear entre monarcas;

aquella que con siete testas fue nacida
y de sus diez cuernos tuvo el argumento,
en tanto la virtud al marido complacía.

"Hicieron Dios de la plata y del oro:
¿qué distingue de los idólatras a ustedes,
sino que ellos adoran uno, y ustedes ciento?

"¡Ah Constantino, de cuánto mal fue madre,
no tu conversión, sino aquella dote
que de ti recibió el primer rico padre!"

Y mientras yo cantaba notas tales,
lo mordiera la ira o la conciencia,
agitaba fuerte sus dos pies.

Yo creo que al duca le gustaba,
con tan dichoso rostro tan atento,
el sonido de las verdades expresadas.

Pero me tomó con ambos brazos:
y luego que me apretó contra su pecho,
por la senda antes bajada remontó.

No se cansó de tenerme a sí apretado,
hasta que me llevó al colmo del arco
que del cuarto al quinto borde hace trayecto.

Allí suavemente depuso el peso,
suave sobre el escollo sucio y yerto
que sería para las cabras duro paso.
Y quedó otro valle descubierto.

Dante Alighieri, Florencia, 1265-Rávena, 1321
en Dante Alighieri,  El Infierno,  traducción de Jorge Aulicino, ilustraciones de Carlos Alonso, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2011
imagen de Carlos Alonso, sin título, 1968

* El baptisterio de San Juan, en Florencia, en el que aún se bautizaba sumergiendo el cuerpo, como los hacía el Bautista, es "sello" (signo) de un episodio que confirma el propio Dante: en ocasión de un bautismo, un chico resbaló de las manos del sacerdote y, ante el peligro de que se ahogara, el poeta rompió la pila con un hacha. Que se sepa, no mereció de parte de la Iglesia ninguna represalia, excepto una amonestación por "irreverencia".

** Los asesinos eran enterrados vivos cabeza abajo, y el sacerdote, en espera de la confesión, se asomaba al foso.
Algunos reos demoraban la ejecución con insistentes súplicas.

*** Quien habla es Giovanni Gaetano Orsini, es decir, Nicolás III, Papa entre 1277 y 1280. Confunde a Dante con Bonifacio VIII, quien, según lo que las almas leen en el Infierno, debía morir a continuación. Hay una diferencia de años respecto de la profecía: Benedetto Gaetani (Bonifacio VIII) murió en 1303; si Dante estaba en "el medio del camino de nuestra vida", y dado que el propio Dante se refirió a ese "medio" como los 35 años de edad, en su Convivio, el tiempo de la acción de la Comedia debe situarse alrededor de 1300. Por lo que Orsini dice: "El escrito me mintió unos cuantos años". Es probable, por no decir seguro, que Nicolás III fuera culpable de simonía. En tanto miembro de la poderosa famila de los Orsini, la favoreció: a esto alude más abajo cuando dice que, como hijo de "la osa" (los descendientes de un Ursus) ayudó a los "oseznos". Los Orsini eran güelfos, y Nicolás III fortaleció la posición de la Iglesia frente al imperio, aun en medio de la corrupción

**** La "bella dama" es la Iglesia. Nicolás III acusa a Bonifacio VIII de haberla saqueado como él mismo hizo, sólo que al otro le reprocha haberla dejado exhausta


***** El que será "sin ley" es Clemente V, nacido Bertand de Got, en Gasconia. Fue Papa entre 1305 y 1314 y fue apoyado por el rey de Francia, Felipe el Hermoso. Más abajo, Orsini lo compara con Jasón, el Macabeo, quien compró el sumo sacerdocio de los hebreos al rey de Siria (Libro II de Macabeos, 4:7 y siguientes). La larga amonestación de Dante a Nicolás III, que sobreviene, es un manifiesto político de plena actualidad para su tiempo, incrustado en el Infierno no sin naturalidad y cierta gracia, casi neorrealista, si se piensa en el Papa oyéndolo patas para arriba. La diatriba de Dante hace referencia a la política y a La Biblia; por ejemplo, al episodio en el que los Apóstoles echan a la suerte quién debía sustituir al traidor Judas entre los Doce (Apóstoles, 1:21); a Carlos I ante quien Orsini se envalentonó y pidió la mano de una de sus hijas para un sobrino suyo; a San Juan (mencionado como "el Evangelista") cuando refiere a Roma como la Babilonia sentada sobre las aguas y las siete colinas,  y como la que putañea con los reyes (Apocalipsis, 17:1; 2; 3); finalmente, al primer emperador cristiano, Constantino, que al otorgar al papa Silvestre I los estados pontificios, lo convirtió en el primer "padre rico" (el comprobado fraude sobre la escritura de Constantino hace dudosa la voluntad del emperador, pero no el poder que la Iglesia tuvo sobre Roma).

  


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