domingo, enero 15, 2012

y ahora dime que me amas




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Y ahora dime que me amas

Te dejaré sola en casa
Fregarás por mí los platos
Amaré por ti a otras
Te arrancaré una costilla
Construiré el mundo en seis días
Te sacaré de paseo los domingos
Tendrás derecho a votar
Alquilarás vídeos
Dormirás sola
Te preguntarás por mí
Sabrás llorar cuando te perdone
Y también cuando te olvide
…y ahora
dime que me amas.

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Los Impostores

El olvido es la madrugada donde el miedo les hace fuertes
son como amantes inexpertos despidiéndose una y otra vez
sin terminar de pronunciar nunca el definitivo adiós.
Los impostores conocen todas las entradas y salidas de los sueños
todos los rodeos que hay que dar para llegar antes a ninguna parte.
Los impostores se suceden uno tras otro
confundidos entre la niebla y el amor ciego
son el ir y venir de una misma cosa
el plazo de una deuda que no se paga.
Ellos trazan las fronteras de países imaginarios
y juegan a conquistarlos desafiando al miedo.
Son audaces ante la adversidad
y pálidos bajo el fuego.
Ellos siempre andan pisándose los talones
en su loca carrera por no ser advertidos.
Frente a la verdad son invisibles
mudos frente al silencio.
Los impostores nunca tienen el mismo rostro
ni usan palabras que los delaten,
emboscados en sus viejas gabardinas
los impostores pasean al acecho bajo la lluvia.
Dicen venir de lejos
pero son siempre del mismo lugar
sus huellas no perduran
sus manos frías cambian de color
cuando alguien las estrecha.
Los impostores habitan el amor
como se habita una casa vacía,
mienten para sobrevivir
y viven con la incertidumbre atada al cuello.
Los impostores nos engañan con su certeza transparente
nos conducen sin tregua ni descanso
al lugar de siempre.
Los impostores somos nosotros
cuando cerramos los ojos
frente al amor que duele.

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No requería el paraíso

No requería el paraíso
jardines sostenidos
ni hélices para soñar.

Poseían nuestros actos
la sencilla consistencia de la rosa
y heridas justas para la espina.

Alimentamos el hambre de Dios
con el pecado de nuestra carnes
como alimenta la loba
su voraz camada en el guarida.

Ahora residimos cautivos del miedo
en la morada prohibida del deseo,
envejecidos por el hambre
bajo la mirada del ángel caído.

Sin palabras
nos entendemos,
y hemos aprendido a conocer
las cosas por su ausencia.


 Uberto Stabile, Valencia, 1959
imagen de Larissa Morais, en Uno de los nuestros

1 comentario:

carmensabes dijo...

Impresionantes poemas, gracias por este regalo.

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