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no siempre están ahí para ofendernos

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Permanecer en el océano
Las diez mil cosas inofensivas no siempre
están ahí para ofendernos si no fuera
corta la mirada y sumergida en dolo
privado o temor que rige nuestro imperio
de los sentidos tan cercado por el miedo
de perder y no tener o en la mira siempre

el ojo clarísimo de la muerte atento
como una madre al tiempo de decir ya está
bien, ha vivido lo bastante por ahora
y visto las diez mil cosas extraordinarias
que florecen vuelan y corren y se aparean
o sin remedio nada ha visto desatento

del milagro este ciego que en la rueda tiene
pan pero ha creído no tiene dientes y de hambre
muere hasta que el delicado ojo de la muerte
cierra los ojos ciegos para así la próxima
vez lo intente de nuevo entre las diez mil cosas
que expresan al mundo y lo mantienen en él,

no siempre están ahí para ofendernos, las vivas
cosas y el monje negro de ojo clarísimo
en reverbero donde brilla la creación.

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