lunes, diciembre 28, 2015

john ashbery. nos interesa el lenguaje



[…]

Nos interesa el lenguaje, eso que ustedes llaman aliento,
si aliento es en lo que nos convertiremos, y creemos que así es, dijo el zurdo. Tirarle a ella
un hueso a veces, a veces expresándonos,  a veces expresando algo parecido a un leve
            interés, modo
tan usado por los viajeros que se ha vuelto sórdido. Lleva a la muerte.
Lo sabemos, y aun así por un tiempo limitado solo deseamos arrancar el girasol,
transportarlo de donde estaba, orgulloso y erecto, a un bungaló de cielo celeste, que
            busque el sol,
y llevarlo adentro, mientras el resto se hunde en el molde común.  El día
había comenzado poco propicio, pero mejoró a medida que avanzaba, hasta que a la hora de
la cama parecía que habíamos prosperado, yo y usted.
Nuestros frustrantes primeros intentos de comunicación en tal caso habían muerto hacía
             rato.
Aun así yo había rogado por algo de urbanidad en el aire antes de comenzar, tal como lo hicieron
            mis ancestros
y ninguno fue herido. Y  me abstuve adrede de consultarme,

siendo el culte du moi una cosa muerta, un desastre.  Fue eso lo que me guió.
Temprano en la mañana, corriendo a ver qué había cambiado durante la noche, uno se
            detiene para recuperar el aliento.
Cuanto más antigua la presencia, notamos ahora,  más se ha convertido en usted
con una vela al lado. Si fuera a proceder como lo hicieron mis ancestros
podríamos estar buscando todos un nuevo lugar a donde huir de la muerte,
porque él se ha hecho más viejo y más sabio. Pero si le complace a Dios que viva hasta mi
onomástico
pondré  guirnaldas en la cabeza de ella que se convierte en mi poesía, mostrando sus
dientes cuando sonríe, como puñaladas de sol a través de gotas de lluvia. Dibujando con un
            dedo en mi cama,
ella explica cómo todo era necesario, cómo era bueno que yo no me quebrara en el camino
a las lloviznas, y después de que muchos habían muerto
creyéndoselos vivos, el sol
salió solo por un rato, y acarició al girasol

en su cabeza veteada. Le gusta como soy, pensó el girasol.
Por lo tanto todos deberíamos concentrarnos en ser más ‘yoes’,
porque así como nadie puede estar sin el sol, el sol
podría caerse del cielo si miráramos hacia arriba, todavía absortos, y sin ver a la
muerte.
No importa qué día de la semana decidas emprender el viaje. El día
estará allí. Y cuando hayas salido y estés en camino, aun estará allí. El aliento
que decidas tomar llega al final, al caer del día, cuando su
imagen deja de ser clara. Le dices adiós de todos modos, porque el camino
brilla adelante. No necesitas el día para verlo. Y aunque millones ya han
muerto
lo que importa es que no abandonaron la lucha antes de que yo pudiera llegar a usted,
para advertirle sobre que le pasaría
a usted si más de uno fuera descubierto ocupando la misma cama.


John Ashbery, Rochester, 1927
de Flow Chart, [Sección V de VI], 1991, (selección de la editora)
en Notes from the Air, Selected Later Poems, Harper Collins Publishers, New York, 2007
versión  © Silvia Camerotto
imagen Collage de John Ashbery, Summer Dream



[…]
We’re interested in the language, that you call breath,
if breath is what we are to become, and we think it is, the southpaw said. Throwing her
a bone sometimes, sometimes expresssing, sometimes expressing something like mild
            concern, the way
has been so hollowed out by travelers it has become cavernous. It leads to death.
We know that, yet for a limited time only we wish to pluck the sunflower,
transport it from where it stood, proud, erect, under a bungalow-blue sky, grasping at the
            sun,
and bring it inside, as all others sink into the common mold. The day
had begun inauspiciously, yet improved as it went along, until at bed-
time it was seen that we had prospered, I and thee.
Our early frustrated attempts at communicating were in any event long since dead.
Yet I had prayed for some civility from the air before setting out, as indeed my ancestors
            had done
and it hadn’t hurt them any. And I purposely refrained from consulting me,

the culte du moi being a dead thing, a shambles. That’s what led to me. 
Early in the morning, rushing to see what has changed during the night, one stops to
catch one’s breath.
The older the presence, we now see, the more it has turned into thee
with a candle at thy side. Were I to proceed as my ancestors had done
we all might be looking around now for a place to escape from death,
for he has grown older and wiser. But if it please God to let me live until my name-day
I shall place bangles at the forehead of her who becomes my poetry, showing her
teeth as she smiles, like sun-stabs through raindrops. Drawing with a finger in my bed,
she explains how it was all necessary, how it was good I didn’t break down on my way
who were thought to be living, the sun
cameo ut for just a Little while, and patted the sunflower

on its grizzled head. It likes me the way I am, thought the sunflower.
Therefore we all ought to concéntrate on being more ‘me’,
for just as nobody could get along without the sun, the sun
would tumble from the heavens if we were to look up, still self-absorbed, and not see
                    death.
It doesn’t matter which day of the week you decide to set out on your journey. The day
will be there. And once you are off and running, it will be there still. The breath
you decide to catch comes at the far end of that day’s slope, when her
vision is not so clear anymore. You say goodbye to her anyway, for the way
gleams up ahead. You don’t need the day to see it by. And though millions are alreadey
                     dead
what matters is that they didn’t break yp the fight before I was able to get to thee,
to warn thee what would be done
to thee if more tan one were found occupying the same bed.




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