viernes, octubre 23, 2015

ni siquiera nos coinciden los horarios



Crenovich, Del Prete (línea 57)

Al contrario de lo que quiere la gente, 
yo ruego que el colectivo 
venga lleno cada vez que viajamos juntos.

Nosotros no tenemos nada en común. 

Jamás nos hubiésemos conocido viajando. 
Él vive hacia el norte; yo más al centro. 
Ni siquiera nos coinciden los horarios. Damos 
dos pasos atrás. Se agarra del pasamano. Yo 
me agarro de él –no puedo hacer más: con suerte 
le llego al pecho-. Nos presionan de todos lados: 
entregar un libro en dos días; sus clases 
de los viernes, y veinte albañiles que intentan 
llegar temprano a casa. ¡Un pasito más!, grita el chofer.
Lo miran con mala cara, en cambio, su cara 
es inconfundible: no está enojado, no está triste. 
Quiere pedirme lo que no podría darle. Vení, 
me dice con esa voz grave que usa a veces, y yo 
me interno como una adolescente en el hueco 
que hay entre su abrigo y la camisa verde musgo. 
Lo abrazo. Él y yo no tenemos nada en común, 
pero su corazón está en la punta de mi boca –lo
siento latir-, el colectivo va lleno, un bebé 
llora adelante y nos quedan quince minutos 
de algo demasiado parecido al amor.

Cecilia Romana, Buenos Aires, 1995

De Poemas Concretos,  Cabiria, Buenos Aires, 2015
imagen de Sandro del Prete, Between Illusion and Reality, 1995, en Ilusionario

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