jueves, octubre 24, 2013

fabián casas. hace algún tiempo y otros poemas



Hace algún tiempo

Hace algún tiempo
fuimos todas las películas de amor mundiales
todos los árboles del infierno.
Viajábamos en trenes que unían nuestros cuerpos
a la velocidad del deseo.

Como siempre, la lluvia caía en todas partes.

Hoy nos encontramos en la calle.
Ella estaba con su marido y su hijo;
éramos el gran anacronismo del amor,
la parte pendiente de un montaje absurdo.
Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano. 

Fabián Casas,  Buenos Aires, 1965

 imagen de  Mckay Jaffe, más conocido artísticamente como I Must Be Dead, en Uno de los nuestros

miércoles, octubre 23, 2013

macedonio fernández. elena bellamuerte


Elena bellamuerte

No eres, Muerte, quien por misterio
pueda mi mente hacer pálida
cual eres ¡si he visto
posar en ti sin sombra el mirar de una niña!
De aquélla que te llamó a su partida
y partiendo sin ti, contigo me dejó
sin temer por mí. Quiso decirme
la que por ahínco de amor se hizo engañosa:
«Mírala bien a la llamada y dejada
obra de ella no llevo en mí alguna
ni enojela,
su cetro en mí no ha usado
su paso no me sigue
ni llevo su palor ni de sus ropas hilos
sino luz de mi primer día,
y las alzadas vestes
que madre midió en primavera
y en estío ya son cortas;
ni asido a mí llevo dolor
pues ¡mírame! que antes es gozo de niña
que al seguro y ternura
de mirada de madre juega
y por extremar juego y de amor certeza
—ve que así hago contigo y lo digo a tus lágrimas—
a sus ojos se oculta.
Segura
de su susto curar con pronta vuelta».
Si he visto cómo echaste
la caída de tu vuelo ¡tan frío!
a posarse al corazón de la amorosa
y cual lo alzaste al pronto
de tanta dulzura en cortesía
porque amor defendía
de muerte allí.

¡Oh! Elena, oh niña
por haber más amor ida
mi primer conocerte fue tardío
y como sólo de todo amor se aman
quienes jugaron antes de amar
y antes de hora de amor se miraron, niños
—y esto sabías, este grave saber
tu ardiente alma guardaba;
grave pensar de amor todo conoce—
así en tiernísimo
invento de pasión quisiste esta partida
porque en tan honda hora
mi mente torpe de varón niña te viera.
Fue tu partir así suave triunfando
como se aquieta ola que vuelve
de la ribera al seno vasto
cual si fuera la fría frente amada un hondo de mar.
En tu frente un fin de ola se durmió
por caricia y como en fantasía
de serte compañía
y de mostrar que allí
ausencia o Sueño pero no muerte había;
que no busca un morir
almohada en otra muerte
pero sí sueño en sueño;
niño se aduerme en madre.

Y te dormiste en inocente victoria.
¿Te dormiste? Palabras no lo dicen.
Fue sólo un dulce querer dormir
fue sólo un dulce querer partir
pero un ardiente querer atarse
pero un ardiente querer atarme.
¿Dónde te busco, alma afanosa,
alga ganosa, buscadora alma?
Por donde vaya mi seguimiento
—alma sin cansancio seguidora—
mi palabra ate alcance.
La que fue entendida
entendida en su irse
en ardiente intriga a un esperante.

Y si así no es ¡no cortes Hombre mi palabra!
Y si así no es, es porque es mucho más.

Criatura de porfía de amor
que al tiempo destejió
que llamó así su primer día,
se hizo obedecida a su porfía;
y se envolvió la frente
y embebió su cabeza
y prendió a sus cabellos
la luz de su primer sagrado día
dócil al sagrado capricho
de hora última de mujer
en el terrenal ejercicio.

Y me decía
su sonreír en hora tanta:
«Déjame jugar, sonreír. Es un instante
en que tu ser se azore.
Llévome de partida
tu comprenderme. Voyme entendida,
torpeza de amor de hombre ya no será de ti».

Niña y maestra de muerte
fingida en santo juego de un único, ardiente destino.
Fingimiento enloquecedor
que por palabra tuvo
lágrimas brotando.

Cual cae en seriedad y grave pulsa
pecho de doncella turbado
por cercanía de amor
y pónese en valentía y pensamiento
de la prueba fortísima
quedó aquél para sólo quien
fue entendida, oculta, y mostrárase de nuevo
la Amorosa.

Yo sabía muerte pero aquel partir no.
Muerte es beldad y me quedó aprendida
por juego de niña que a sonreída muerte
echó la cabeza inventora
por ingenios de amor mucho luchada.

¡Oh, qué juego de niña quisiste!
Niña del fingido morir
con más lágrimas visto que el más cierto.
Tanta lucha sudorosa hizo la abrumada cabeza
cuando la caíste a dormir tu «muerte»
en la almohada
—del Despertar Mañana—.
Ojos y alma tan dueños del mañana
que sin amargarse en lágrimas
todo lloro movieron.
Tanta certeza florecida en el ser de una niña
secos tuvo sus ojos. todo en torno lloraba.
Oh niña del Despertar Mañana
que en luz de su primer día se hizo oculta
con sumisión de Luz, Tiempo y Muerte
en enamorada diligencia
de servir al sacro fingimiento
del más hondo capricho en levísimo juego,
de último humano querer de la ya hoy no humana.

Muerte es Beldad.
Mas muerte entusiasta
partir sin muerte en luz de un primer día
es Divinidad.

Grave y gracioso artificio
de muerte sonreída.
¡Oh, cual juego de niña
lograste, Elena, niña vencedora!
a alturas de Dios fingidora
en hora última de mujer.

Mi ser perdido en cortesía
de gallardía tanta,
de alma a todo amor alzada.
¡Cuándo será que a todo amor alzado
servido su vivir, a su boca chocada y rota última copa
pruebe otra vez, la eterna Vez del alma
el mirar de quien hoy sólo el ser de Esperada tiene
cual sólo de Esperado tengo el ser!

Macedonio Fernández, Buenos Aires, 1874- 1952

martes, octubre 22, 2013

raúl gonzález tuñón. eche veinte centavos en la ranura



Eche veinte centavos en la ranura

I

A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosa
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata, amigo, la vida es dura,
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.

II

Lamparillas de la Kermesse,
títeres y titiriteros,
volver a ser niño otra vez
y andar entre los marineros
de Liverpool o de Suez.


III

Teatrillos de utilería.
Detrás de esos turbios cristales
hay una sala sombría.
Paraísos artificiales.


IV

Cien lucecitas. Maravilla
de reflejos funambulescos.
¡Aquí hay mujer y manzanilla!
Aquí hay olvido, aquí hay refrescos.
Pero sobre todo mujeres
para hombres de los puertos
que prenden como alfileres
sus ojos en los ojos muertos.

No debe tener esqueleto
el enano de Sarrasani,
que bien parece un amuleto
de la joyería Escasany.
Salta la cuerda, sáltala,
ojos de rata, cara de clown

y el trala-trala-trálala
ritma en tu viejo corazón.

Estampas, luces, musiquillas,
misterios de los reservados
donde entrarán a hurtadillas
los marinos alucinados.
Y fiesta, fiesta casi idiota
y tragicómica y grotesca.
Pero otra esperanza remota
De vida miliunanochesca…


V

¡Qué lindo es ir a ver
la mujer
la mujer más gorda del mundo!
Entrar con un miedo profundo
pensando en la giganta de Baudelaire…
Nos engañaremos, no hay duda,
si desnuda nunca muy desnuda,
si barbuda nunca muy barbuda
será la mujer.
Pero ese momento de miedo profundo…
¡Qué lindo es ir a ver
la mujer
la mujer más gorda del mundo!


VI

Y no se inmute, amigo, la vida es dura,
con la filosofía poco se goza.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.

Raúl González Tuñón, Buenos Aires, 1905-1974

De Violín del Diablo, 1926

lunes, octubre 21, 2013

francisco 'paco' urondo. del otro lado



Del otro lado

Cuando estuvimos desesperados, alguien
contó la historia.
No se la puede escuchar serenamente, tiemblan
las manos, el corazón se encoge de dolor;
da un poco de miedo mirar a la gente, detenerse.
Ocurre lo de siempre.
Estábamos perdidos y la historia era confusa. Nada
tenía que ver con la certeza, ni
con el muslo de la bataclana. No
intervinieron traiciones; no es
una vulgar historia de fervores o de mantenidas.
Tu mano es necesaria para sobrellevarla. También
aquella vez (siempre aquella vez) apagaron
las luces y fue necesaria la presencia de tu mano.
Nos apretamos las manos en la sala impenetrable, temblamos
ante la cólera que aún no se había manifestado, que nunca
llegaría a marcarnos como sospechábamos, sino
de otra manera. Nuestras manos
procuraban ordenar el temblor, dominar el doloroso pánico;
y todo porque Humphrey Bogart había resucitado.
Estábamos perdidos en aquel
cine y él no era como el redentor; su cruz
no era un mandato, era
la inteligencia del hombre, era la resurrección
de la ciencia y de nuestros queridos finados. 

Francisco Paco Urondo, Santa Fe 1930- Buenos Aires 1976
de Historia antigua, Paco Urondo, 1956. © Herederos de Francisco Urondo

domingo, octubre 20, 2013

jorge leónidas escudero. lo que sobra zozobra


Lo que sobra zozobra

Los que odian dar migas a las palomas, esos

que cierran la mano para no desprenderse
de lo que sobra.
Los habrás visto.
Y si les pide algo un hambriento
levantan los hombros como a mí qué me importa.

Mientras más tienen más ni pizca aflojan y es de ver

cómo se les pone la cara ambiciosa.
Escondidos nocturnamente
cuentan su ganancia moneda a moneda y lloran
cuando se les merma un pedacito.

No se dan cuenta de en la vecindad

viven mancos rengos y tuertos
ya zafados de lengua los cuales van a hacer
que zozobren los que a las palomas
no dan lo que les sobra. 

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920
De Endeveras, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2004

Imagen de Antonio Azorín©, en Uno de los nuestros

jueves, octubre 17, 2013

leonardo martínez. el árbol


El árbol

Hacían falta cuatro de nosotros
para abrazar el tronco
de aquel algarrobo erguido
en medio del potrero
Mama Encarnación aseguraba que sus abuelos
alabaron la sombra tupida
el placentero estar bajo su brisa
Tata Manuel ya lo contempló irse pausado
por el aire
Después cada uno de ellos emprendió su viaje manso
Los tataviejos y las mamaviejas hicieron lo propio
El árbol tenía su tiempo
lento en morir parecía
Parsimonia de anciano me digo
Mientras
padre y madre anochecieron
Ahora el follaje del árbol
es un abanico alto y ralo
incorpóreo en mi mente
Vida en la imaginación
le dicen
Vivero de una futura arboleda
aseguro

Leonardo Martínez, Córdoba, 1937
de El barro que sofoca, ediciones El Surí Porfiado, Buenos Aires, 2013
imagen de Paul Klee, Paisaje

miércoles, octubre 16, 2013

claudia masin. la helada




La helada

Quien fue dañado lleva consigo ese daño,
como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar
sobre aquel que se acerque demasiado. Somos
inocentes ante esto, como es inocente una helada
cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío,
su necesidad de caer, había esperado
-formándose lentamente en el cielo,
en el centro de un silencio que no podemos concebir-
su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías
vivir con semejante peso sin ansiar la descarga,
aunque en ese rapto destroces la tierra,
las casas, las vidas que se sostienen, apacibles,
en el trabajo de mantener el mundo a salvo,
durante largas estaciones en las que el tiempo se divide
entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza
que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces
que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse,
porque lo que nos damos los unos a los otros,
aún el terror o la tristeza,
viene del mismo deseo: curar y ser curados.


Claudia Masin, Resistencia, Chaco, 1972
de La plenitud, Hilos, Buenos Aires, 2010
imagen de Arthur Rackham


martes, octubre 15, 2013

ramón gómez de la serna. la tragedia de la gota


La tragedia de la gota de agua cayendo en el cubo del lavabo toda la noche es una tragedia de asunto lacónico, pero espeluznante, que conocen las pobres criaturas humanas, en las que no todo ¡ni mucho menos!, es heroico…


Ramón Gómez de la Serna, Madrid, 1888- Buenos Aires, 1963

de Flor de Greguerías, Buenos Aires, Losada, 1958
imagen s/d

lunes, octubre 14, 2013

wislawa szymborska. impresiones del teatro



Impresiones del teatro

Para mí el acto más importante de la tragedia es el sexto:
la resurrección de los campos de batalla de la escena,
el ajustarse las pelucas, las ropas;
el arrancarse el cuchillo del pecho,
el quitarse la soga del cuello,
el colocarse en la fila entre los vivos
con el rostro hacia el público.

Reverencias individuales y conjuntas:
la blanca mano sobre la herida del corazón,
la reverencia del suicida, 
las inclinaciones de la cabeza cortada.

Reverencias en pareja:
la cólera tiende la mano a la dulzura,
la víctima mira dichosa a los ojos del verdugo,
el rebelde camina sin rencor junto al tirano.

Pisoteo de la eternidad con la punta de la zapatilla dorada.
Dispersión de moralejas con el ala del sombrero.
Incorregible disposición a empezar de nuevo mañana.

Entrada en fila india de los muertos mucho antes,
ya en el tercer acto, en el cuarto, y entre actos.
Milagroso regreso de los desaparecidos sin huella.
El pensamiento en la paciente espera por entre bastidores,
sin quitarse las ropas,
con todo el maquillaje,
me emociona más que los soliloquios de la tragedia.

Pero lo realmente solemne es la caída del telón
y lo que se ve todavía por debajo de él:
una mano que rápida corre hacia una flor por aquí,
otra que agarra la espada caída, por allá.
Sólo entonces una tercera, invisible,
cumple con su deber,
y siento como un nudo en la garganta.


Wislawa Szymborska, Kórnik, 1923- Cracovia, 2012
de Si acaso, 1972
en Wislawa Symborska, Poesía no completa, Texto introductorio de Elena Poniatowska, Edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia,  FCE, México, 2011 
imagen s/d

domingo, octubre 13, 2013

alfonsina storni. haz de tus pies


Haz de tus pies 

Haz de tus pies al fin la raíz fuerte
que para el paso; de tu lengua nudo;
de tus dos ojos lápida y escudo;
migaja el cuerpo, que alzará la muerte.

Prensa tu boca sobre el labio triste
que pozos tiene de plumones blandos;
quítale el filo a los porqués y cuándos
y entrega, romo, cuanto aquí trajiste:

Romo tu verso, suéltalo, menguada;
tu amor romado entrégalo, romada;
y para aquél tu dar que era mendigo.

Que todo a medias se  te dio en la vida
menos este dormir que te convida: 
ronca y el Padre roncará contigo.


Alfonsina Storni, Sala Capriasca 1892- Mar del Plata 1938.
De Alfonsina Storni, Poesía, Ensayo, Periodismo, Teatro, Tomo I, ‘Mundo de Siete Pozos. 1935’, Losada, Buenos Aires, 1999

imagen de Alfonsina Storni