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lunes, octubre 26, 2015

tiffany atkinson. havisham




Havisham

Para entonces había usado tan poco a mí misma
que mi voz estaba cascada, mis músculos
se arrastraban, mis pechos habían reptado

adentro de mi pecho. Dejé al teléfono
marchitándose en su vid y anduve a la deriva
en mi miriñaque apestoso de habitación

en habitación. Era de hecho una época
caprichosamente tranquila, casi Victoriana podría
decirse, si fueras estadounidense;

de hecho por poco me había ahorcado
con un borbotón para enganchar mi ataúd de cristal
a su propio carruaje con caballos cuando conocí

a la chica por la que clamabas. No señor,
mi pequeña madre no me pujó
de la oscuridad para eso. Mi padre

no se deslomó cada día por cincuenta años
para eso. Y tú, tú eras un destello
al costado de la ruta, entrevisto a toda velocidad,

camino dios mío a alguna pequeña ciudad que se jactaba
de una ópera, bailes de gala y los cinco supermercados
más importantes, casinos en ruinas y su propio zoológico.


Tiffany Atkinson, Berlín, 1972
de Tiffany Atkinson, La Rabdomante, traducción de Inés Garland y Silvia Camerotto, Cooperativa La Joplin, México, 2015
versión © Inés Garland
imagen en Deviant Art


Havisham

By then I’d used so little of myself
my voice was cracked, my muscles
dragged, my breasts had crawled

inside my chest. I left the phone
to wither on its vine and drifted
in my crinoline of stink from room

to room. It was in fact a quaintly
restful time, almost Victorian you
might have said, being American;

indeed I’d nearly looped my throat
with jet and hooked my crystal coffin
to its coach and horses when I met

the girl you clamoured at. No sir,
my tiny mother did not push me
from the dark for that. My father

did not graft all day of fifty years
for that. And you, you were a glitter
by the roadside, glimpsed at speed,

en route by god to some town boasting
opera, balls and all five major supermarkets,
ruinous casinos and its own zoo.


jueves, agosto 22, 2013

tiffany atkinson. pensamiento adulto



Pensamiento adulto

Tomemos, por ejemplo, esta playa: más bien una lonja de cuero de chancho
empapada de moscas, y difícilmente el lugar para comerse un helado
o papas fritas, mucho menos para enredarse con un amante, menos aún
para traer a los niños; el mar mismo un disco de lata magullada
con olor a cadáver y un filo oxidado y letal; pero la verdad
es que es tarde, te duele la base de la espalda,
y sin nadie para aconsejarte, casi no te importa
que las moscas no te distingan de la carroña, si la roca ésta
tiene justo la forma de tu columna y boca arriba
ves una panorámica de cielo abierto, y si el sol apareciera,
bueno, estarías acá para tomarlo; así que se te ocurre
tras prender uno de los cigarrillos que dejaste la semana pasada
que en estos días te estás conformando con menos, que, al mismo tiempo,
hay cosas peores, no, cosas infinitamente peores.

Tiffany Atkinson, Berlin, 1972
Versión de © Inés  Garland
De El Hombre cuya mano izquierda pensaba que era un pollo, Antología, Traducción de Inés Garland y Silvia Camerotto, Gog y Magog Ediciones, Buenos Aires, 2013
imagen de Van Tho, en Vietnam Art

Adult thinking

Take, for example, this beach: more a stretch of pigskin
swabbed with flies, and scarcely the place to savour your
[ice-cream
or chips, much less knuckle down with a lover, less still
to bring your kids; the sea itself a disc of hammered tin
with a corpsy tang and rusting, lethal edge; but the truth
is it’s late, there’s an ache in the pan of your back,
and with no one to tell you better, you barely care
that the flies don’t know you from carrion, not when this rock here
has just the curve of your spine so your upturned face
gets a widescreen gape of sky, and if the sun were to come round,
well, you’d be here for the taking; so it strikes you
as you spark up one of the cigarettes you quit last week
that you’re settling for less these days, that, at the same time,
there are worse, no, infinitely worse things.