sábado, octubre 09, 2010

pero una palabra tuya



Miércoles de ceniza (Primera entrega)

I
Porque no espero volver otra vez
Porque no espero
Porque no espero volver
A desear el don de este hombre y el alcance de aquél
Ya no me esfuerzo por esforzarme en alcanzar cosas como esas
(¿Por qué extiende sus alas el águila vieja?)
¿Por qué debo lamentar
El esfumado poder del reino cotidiano?

Porque no espero saber
Acerca de la débil gloria de la hora feliz
Porque no creo
Porque sé que no sabré
del único verdadero poder transitorio
Porque no puedo beber
Allí, donde los árboles florecen, y los manantiales fluyen, porque
No hay nada otra vez

Porque sé que el tiempo es siempre tiempo
Y el lugar es siempre y solo lugar
Y lo que es real es real solo por un tiempo
Y solo en un lugar
Me alegro de que las cosas sean como son y
Renuncio al rostro bendito
Y renuncio a la voz
Porque no puedo esperar volver otra vez
En consecuencia me alegro de tener que construir algo
Por lo que alegrarme

Y ruego a Dios que tenga piedad de nosotros
Y ruego que pueda olvidar
Estas cuestiones que tanto discuto conmigo
Que tanto explico
Porque no espero volver otra vez
Y dejar que estas palabras respondan
Por lo hecho, que no se haga otra vez
Que el juicio no nos sea demasiado duro

Porque estas alas ya no son alas para volar
Sino élitros que agitan el aire
El aire ahora es completamente escaso y seco
Más escaso y seco que la voluntad
Enséñanos a estar concernidos y a no estarlo
Enséñanos a permanecer tranquilos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.


II
Señora, tres leopardos blancos se sentaron bajo un enebro
A la fresca del día, habiéndose alimentado hasta saciarse
De mis piernas mi corazón mi hígado y de aquello que habían
Contenido
En la hueca esfera de mi cráneo. Y Dios dijo
¿Han de vivir estos huesos? ¿Han de vivir
Estos huesos? Y aquello que habían contenido
En los huesos (que ya estaban secos) dijo gorjeando:
Por la bondad de esta Señora
Y por su belleza, y porque
Ella honra a la Virgen en meditación,
Brillamos relucientes. Y yo que estoy aquí disfrazado
Ofrezco mis actos al olvido, y mi amor
A la posteridad del desierto y al fruto de la calabaza.
Esto es lo que reestablece
Mi coraje los nervios de mis ojos y las indigeribles porciones
Que los leopardos rechazan. La Señora se retira
En un traje blanco, a la contemplación, en un traje blanco.
Deja que la blancura de los huesos a tono con el olvido.
No hay vida en ellos. Como estoy olvidado
Y seré olvidado, los olvidaré a ustedes
Devotos, concentrados en el propósito. Y Dios dijo
Profetiza al viento, solo al viento porque solo
El viento escuchará. Y los huesos cantaban gorjeando
Con el peso del saltamontes, diciendo

Señora de los silencios
Tranquila y angustiada
Desgarrada e íntegra
Rosa de la memoria
Rosa del olvido
Exhausta y dadora de vida
Tensa y relajada
La única Rosa
Es ahora el Jardín
Donde todo amor termina
Termina el tormento
Del amor insatisfecho
El tormento mayor
Del amor satisfecho
El final del viaje sin fin
A ningún destino
Conclusión de todo lo
Que no concluye
Lengua sin palabra y
Palabra sin lengua
Gracia a la Madre
Por el Jardín
Donde todo amor termina.
Los huesos cantaban bajo el enebro, dispersos y brillando
Estamos felices de estar dispersos, fue poco el bien que nos hicimos
Uno al otro,
Bajo el árbol a la fresca del día, con la bendición de la arena,
Olvidándose a sí mismos y uno al otro, unidos
En el silencio del desierto. Esta es la tierra que
Dividirás en parcelas. Y ni la división ni la unión
Importan. Esta es la tierra. Tenemos nuestra herencia.


III
En el primer rellano de la segunda escalera
Me di vuelta y abajo vi
La misma forma retorcida sobre la baranda
Bajo el vapor del aire fétido
Luchando con el demonio de las escaleras que lleva
El engañoso rostro de esperanza y desesperación.

En el segundo rellano de la segunda escalera
Los deje retorciéndose, enroscándose debajo;
No había más rostros y la escalera estaba oscura,
Húmeda y dentada como la boca de un viejo babeándose, sin remedio,
O las fauces dentadas de un tiburón viejo.

En el primer rellano de la tercera escalera
Una ventana con ranuras panzona como el fruto de un higo
Y debajo del brote de espino y una escena pastoril
La figura de espalda ancha vestida en azul y verde
Encantaba el mes de mayo con una flauta antigua.
El cabello que se agita es dulce, el cabello castaño que se agita sobre la boca,
Lila y cabello castaño;
Distracción, música de flauta, se detiene y transporta la mente
A la tercera escalera,
Apagándose, apagándose; la fuerza más allá de la esperanza y la desesperación
Subiendo la tercera escalera.

Señor, yo no soy digno
Señor, yo no soy digno

Pero una palabra tuya bastará.


T.S. Eliot, St. Louis, Missouri, 1888 - Londres, 1965
Versión © Silvia Camerotto, in memorian Vicente, un oculista de barrio, un hombre común.

Ash Wednesday

I
Because I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn
Desiring this man's gift and that man's scope
I no longer strive to strive towards such things
(Why should the agèd eagle stretch its wings?)
Why should I mourn
The vanished power of the usual reign?

Because I do not hope to know
The infirm glory of the positive hour
Because I do not think
Because I know I shall not know
The one veritable transitory power
Because I cannot drink
There, where trees flower, and springs flow, for there is
nothing again

Because I know that time is always time
And place is always and only place
And what is actual is actual only for one time
And only for one place
I rejoice that things are as they are and
I renounce the blessèd face
And renounce the voice
Because I cannot hope to turn again
Consequently I rejoice, having to construct something
Upon which to rejoice

And pray to God to have mercy upon us
And pray that I may forget
These matters that with myself I too much discuss
Too much explain
Because I do not hope to turn again
Let these words answer
For what is done, not to be done again
May the judgement not be too heavy upon us

Because these wings are no longer wings to fly
But merely vans to beat the air
The air which is now thoroughly small and dry
Smaller and dryer than the will
Teach us to care and not to care
Teach us to sit still.

Pray for us sinners now and at the hour of our death
Pray for us now and at the hour of our death.

II
Lady, three white leopards sat under a juniper-tree
In the cool of the day, having fed to sateity
On my legs my heart my liver and that which had been
contained
In the hollow round of my skull. And God said
Shall these bones live? shall these
Bones live? And that which had been contained
In the bones (which were already dry) said chirping:
Because of the goodness of this Lady
And because of her loveliness, and because
She honours the Virgin in meditation,
We shine with brightness. And I who am here dissembled
Proffer my deeds to oblivion, and my love
To the posterity of the desert and the fruit of the gourd.
It is this which recovers
My guts the strings of my eyes and the indigestible portions
Which the leopards reject. The Lady is withdrawn
In a white gown, to contemplation, in a white gown.
Let the whiteness of bones atone to forgetfulness.
There is no life in them. As I am forgotten
And would be forgotten, so I would forget
Thus devoted, concentrated in purpose. And God said
Prophesy to the wind, to the wind only for only
The wind will listen. And the bones sang chirping
With the burden of the grasshopper, saying

Lady of silences
Calm and distressed
Torn and most whole
Rose of memory
Rose of forgetfulness
Exhausted and life-giving
Worried reposeful
The single Rose
Is now the Garden
Where all loves end
Terminate torment
Of love unsatisfied
The greater torment
Of love satisfied
End of the endless
Journey to no end
Conclusion of all that
Is inconclusible
Speech without word and
Word of no speech
Grace to the Mother
For the Garden
Where all love ends.

Under a juniper-tree the bones sang, scattered and shining
We are glad to be scattered, we did little good to each
other,
Under a tree in the cool of day, with the blessing of sand,
Forgetting themselves and each other, united
In the quiet of the desert. This is the land which ye
Shall divide by lot. And neither division nor unity
Matters. This is the land. We have our inheritance.

III
At the first turning of the second stair
I turned and saw below
The same shape twisted on the banister
Under the vapour in the fetid air
Struggling with the devil of the stairs who wears
The deceitul face of hope and of despair.

At the second turning of the second stair
I left them twisting, turning below;
There were no more faces and the stair was dark,
Damp, jaggèd, like an old man's mouth drivelling, beyond
repair,
Or the toothed gullet of an agèd shark.

At the first turning of the third stair
Was a slotted window bellied like the figs's fruit
And beyond the hawthorn blossom and a pasture scene
The broadbacked figure drest in blue and green
Enchanted the maytime with an antique flute.
Blown hair is sweet, brown hair over the mouth blown,
Lilac and brown hair;
Distraction, music of the flute, stops and steps of the mind
over the third stair,
Fading, fading; strength beyond hope and despair
Climbing the third stair.

Lord, I am not worthy
Lord, I am not worthy

but speak the word only.

1 comentario:

Bibiana Poveda dijo...

gracias, Silvia. entrar aquí es fantástico.
un abrazo

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