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pedazo tras pedazo



Agua

Era un pueblo langostero en Maine—
cada mañana una enorme cantidad de jorneleros
partían de la orilla hacia canteras
de granito en las islas,

y abandonaban docenas de lóbregas
casas blancas de madera
adheridas como conchas de ostra
a una colina de roca,

y debajo de nosotros, el mar lamía
los toscos, angostos y diminutos
laberintos de una esclusa,
donde eran atrapados los peces para cebo.

¿Recuerdas? Nos sentábamos sobre una roca.
Desde esta distancia en el tiempo
parece del color del lirio,
pudriéndose y tornándose más púrpura,

pero solo era
la misma roca gris
tornando al mismo color verde
del mar que la mojaba.

El mar empapaba la roca
a nuestros pies todo el día
y continuaba arrancándole
pedazo tras pedazo.

Una noche soñaste
que eras una sirena aferrada al pilote de un muelle,
e intentabas arrancar
los moluscos con las manos.

Deseábamos que nuestras dos almas
pudieran regresar como gaviotas
a la roca. Pero al final,
el agua fue demasiado fría para nosotros.


Robert Lowell, Boston, 1917- New York, 1977
versión © silvia camerotto
imagen: John William Waterhouse, A mermaid

Water

It was a Maine lobster town—
each morning boatloads of hands
pushed off for granite
quarries on the islands,

and left dozens of bleak
white frame houses stuck
like oyster shells
on a hill of rock,

and below us, the sea lapped
the raw little match-stick
mazes of a weir,
where the fish for bait were trapped.

Remember? We sat on a slab of rock.
From this distance in time
it seems the color
of iris, rotting and turning purpler,

but it was only
the usual gray rock
turning the usual green
when drenched by the sea.

The sea drenched the rock
at our feet all day,
and kept tearing away
flake after flake.

One night you dreamed
you were a mermaid clinging to a wharf-pile,
and trying to pull
off the barnacles with your hands.

We wished our two souls
might return like gulls
to the rock. In the end,
the water was too cold for us.

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