jueves, octubre 02, 2008

no salpiques con complicidad



1.

Tenue andadura de la muerte
Cuando te den a luz, no la verás.
el esplendor cósmico siempre
te postergará; pero no te desampara,
te abrirá la vida del juego de los
misteriosos objetos, en principio,
(y a veces, perennemente) lúdicos.
Mas eso, en un momento no previsible,
terminará. Tal vez hayas avanzado
de solaz sol y los conocimientos
de algún camino y en la equivocidad
del placer: lo creerás infinito.
Pero, solo en algún último instante,
sabrás, como en la emergencia primigenia.
Solo ese saber te dirá la verdad:
borrado el andar, borrado el sendero
del andar. Pleno el absoluto del vacío.

2.
Tornado
Cuando el tornado, al borde del camino,
derrumbe la temblorosa hilera de los eucaliptos,
reventando el vientre de alguna liebre inadvertida;
tajando, del ganado, reses mutiladas, no
diferentes a la chatarra de los rastrojeros
incrustados en los frentes de las viejas casas;
cuando el rayo de la tinta
hienda tu frente:
eleva un himno, entonces,
a la verdad de la existencia y ármate de
levantado fuego para trocar lo aparente-
mente real. No salpiques con complicidad
la apariencia de lo inevitable. Corrompe la
furia del acecho que nos improntó; irrumpe y
diluye en la densidad de lo que se finge ser.
Trama el hilaje de tu
nueva túnica. Desvístete de las añejas raigambres
que se ensañaron en tu piel.
Pide perdón de haber sido sólo hombre
y verás el canto de la forma que vendrá.

de Aldo Oliva, Poesía Completa, Poemas 1998/2000, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

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