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pasan los rostros y los días

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se llega allí por el preciso instante

No es posible saber si fue la sangre
la que quedó adherida a los caminos
o fue la espina, el clavo y el lanzazo
los que enmarcaron esta extensa historia
de las palabras y los hechos.
Ni siquiera es posible saber
por qué esta vida que quedó a la vuelta
estuvo tan descuidada con nosotros,
tan sin saber qué hacer,
tan en el borde de la nada.
Sólo después,
después que pasan los rostros y los días,
las manos en la arena,
los ojos en el arco de la lágrima,
las manos en los largos adioses,
la anulación del alma,
la prestación del cuerpo;
sólo después, después se llega allí.
a los misterios y la dulce perduración
del cuerpo en otro cuerpo,
del sexo en otro sexo,
de la existencia en dos aparecidos,
después,
por el preciso instante.

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