lunes, febrero 12, 2007

a qué se vuelve cuando se vuelve


entre ríos



¿a qué se vuelve cuando se vuelve? ¿olor
de los duraznos o la mesa
con amigos esperando tu salida
a las ocho del trabajo ¿a qué? cuando vientos
soplan atardeceres tibios y ésta
resulta una calle reconocida: cruce
para autos donde el taxi
aminora en el saber de la pick up
cruzando sobre el amarillo
ya rojo. a qué


mientras hacia entre ríos
bajás estados unidos perpendicular al retorno
a casa de la marcha: cada cara
una idea de país
enmarcada en la ventana
del micro escolar. idea de días
marcados en la rítmica
del hoy posible. espacio para parrillas
comunión y renuncias para señalar la vuelta
su auténtica
revuelta: mi cuerpo


cada cara reclama, derecho
¿a qué? banderín
bombo y paso
de la gente que regresa
de un sí a algo, claramente
no a ésta
desposesión de sí: mi cuerpo mi derecho
ciertas
jornadas felices y regresos
en la lasitud del trabajo
ya hecho. yo y mi perro


nietos
del anarquista que tuvo
su hijo peronista —ante el tribunal militar
mi padre dijo «no» y perdió
apenas sostenido por su idea
de país de días
signados por una
gracia cierta y sus muchas


formas de tristeza—. vuelve
esta gente que vuelve frente a vos


una flacucha ilustrada y vacaciones
para esa chica que también
cree en determinadas
formas de política o lo mismo
para vos sería
opciones del amor. mirás y te miran sobre igual
extrañeza igual
clara pertenencia: mi cuerpo


éste
mi único derecho. «se vuelve»
escribiste al amigo y mentiste varias
razones más allá de duraznos, olores
de puestos en invierno contra el cielo


recortado en paraísos, en micros
que traen a la plaza gente y dicen: hay cierta
idea de país, de días
a los que volver. a quiénes
entregar éste


mi cuerpo que me pertenece. ¿a dónde

vuelve quien vuelve? sobre las miradas del hambre
del afuera
más allá de un afuera
siquiera pensable. ¿a qué? que no sea una quimera
donde incluso ésta
nieta anarquista vea
en cada cara un sí, el no al afuera
a la clara
no posesión de mí. mis días


toda una materia, mínima
historia a contarte cuando veo mi cuerpo
el corto
tiempo al propio sueño: una
idea de qué. nada
sabe de olor a duraznos, regresos y el
por qué
se vuelve cuando una vuelve a esto


tan nada —la mano
de la señora con bolsa, el gesto
en la cajera del día cuando espera
frente a la máquina
la cuenta aparezca. a dónde


que no sea el propio cuerpo de una, relato
en palabras conocidas como
vos
que tomaste nesquik, respondiste un sábado
al chico y su auto: «yo
vuelvo a casa, tengo
un cactus que regar». entre ríos
la marcha anda y en el medio


esa mujer con perro, su idea de días,
políticas
del sí a las tardes, sus siestas
de paraísos emergiendo un cielo
abierto a nosotros y a qué. sólo regresos: vetas
firmes en la madera de una mesa, corrientes
anuncia en julio
ese verano sorpresa. se vuelve
igual a ellos que regresan: miradas bajas, ideas
más cerca del sueño la comarca ésta
llamada país. retorno
aunque mentiste al amigo
razones ciertas. se vuelve


entre corrientes con furia y a la vez
en éste
no saber adonde ir. o sí. el río


de la marcha hacia adelante, columna
sea redoble y festejo
para desposeídos de qué
más allá de sí. más allá de la historia


su propio relato el tuyo
a las puertas del eki la noche o
contra el altísimo
portero eléctrico esa
ancianita de negro: un plato
de pasta en la mano y servilleta
haciendo de techo. «la nona»
dice y se estira en medio de la marcha, su propia
vida cruzada: entre ríos


avanzamos hacia algo
—apenas sueño de días para mí
y para vos también
nuestro cuerpo—. no mentirías


a tu amigo al decir: «para abrir se vuelve
la historia hacia una y hacia uno que es más
que este cuerpo y el tuyo, la marcha toda


pidiendo un tiempo
al propio sueño y olor
de duraznos en pleno invierno y no


me fui para volver aunque fuera
volver la auténtica partida».

5 comentarios:

fer dijo...

Sino sabemos a que volvemos cuando volvemos, para que volvemos entonces?

Un beso grande!!

Ingrid Proietto dijo...

Uno vuelve a donde vuelve para saber que es capaz de volver a irse de donde ya se fue.

sibila dijo...

dígamelo a mí... la palabra era... patético, no es cierto?

Ingrid Proietto dijo...

Ja! Qué memoria tenés, chabona. Más patético es quedarse con la duda.Yo tengo una tan grande que no te das una idea de lo patético que puede llegar a ser todo.

sibila dijo...

ingrid: no dudes de que siempre dudo de la duda de mi memoria.
se viene el estallido!

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