martes, julio 21, 2015

decía el mundo




3.
Había nevado. Recuerdo
música desde una ventana abierta.

Ven a mí, decía el mundo.
Esto no significa
que hablara con oraciones precisas
sino que yo percibía así la belleza.

Amanecer. Una capa de humedad
en cada ser vivo. Estanques de luz helada
formándose en las alcantarillas.

Permanecí
en el umbral,
por ridículo que parezca.

Lo que otros encontraban en el arte,
yo lo encontraba en la naturaleza. Lo que otros encontraban
en el amor humano, yo lo encontraba en la naturaleza.
Muy sencillo. Pero no había ninguna voz allí.

El invierno había terminado. De la mugre derretida
asomaba algo de verde.

Ven a mí, decía el mundo. Estaba parada
con mi abrigo de lana bajo una especie de portal luminoso
al fin puedo decir
hace tiempo; me produce un enorme placer. La belleza,
la sanadora, la maestra

la muerte no puede lastimarme
más de lo que tú me has lastimado,
mi amada vida.


De ‘October’
Louise Glück, Nueva York, 1943
En Averno, Farrar, Straus and Giroux, New York, 2007
Versión  © Silvia Camerotto
imagen de © Jan Nesbitt en Jan Nesbitt Artwork


3.
Snow had fallen. I remember
music from an open window.
Come to me, said the world.
This is not to say
it spoke in exact sentences
but that I perceived beauty in this manner.
Sunrise. A film of moisture
on each living thing. Pools of cold light
formed in the gutters.
I stood
at the doorway,
ridiculous as it now seems.
What others found in art,
I found in nature. What others found
in human love, I found in nature.
Very simple. But there was no voice there.
Winter was over. In the thawed dirt,
bits of green were showing.
Come to me, said the world. I was standing
in my wool coat at a kind of bright portal —
I can finally say
long ago; it gives me considerable pleasure. Beauty
the healer, the teacher —
death cannot harm me
more than you have harmed me,
my beloved life.

.

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