jueves, noviembre 14, 2013

para colmo aspira a ser alquimista



Mi anciano hijo

Mi hijo es viejo y tiene eso raro

de sentarse en un banco de la plaza
y estarse solitario hasta el amanecer.
No es por insomnio, me dijo, 
sino en cómo hacer para dejar de pensar
y entrar directamente en el saber.
Algunos dirán que es estúpido
eso de dejar que el tiempo transcurra lúcido
por fuera del pensamiento propio; 
pero allá él, mi hijo es así. 

Tiene un impulso que lo alienta a correr

detrás de lo difícil, 
pero como le falta agilidad en los pies
se siente en un banco de la plaza. 

Para colmo aspira a ser alquimista

y quiere fabricar oro con la mente.
Tampoco entiende por qué se le corren los mocos
sin estar refriado y le brotan lágrimas
sin estar triste.

Le aconsejo m´hijito acuestesé,

descanse ´n la cama, ya todo está hecho;
pero él no me escucha,
va a la plaza y se amanece.

***
Hubo
¿Hubo? Hubo
pero nadie ha visto nada.

Sin testigos hallables,
sin que nadie señale algún vestigio, hubo.
 Sin que siquiera yo tenga conciencia plena,
la caricia era, venía o paloma
que se extravío en el aire o pañuelo
perdido.

Quiere decir que un poco, algo de suerte tuve
desde que venía a asentarse en mí
aunque cayó en nunca.

Ayudo a mi memoria para que me comprenda
ese algo y edifique
esta sutilísima historia de amor.

Porque el tiempo me arruga y estruja
con necesarios olvidos,
pero no me aquella quita,
la que venía a mí
y cuando yo la mano a recibirla ¡oh!,
 vino la soledad muy comedida
y efusivamente me presentó sus saludos.

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920

En Poesía Completa, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011
imagen de Jaime Castro, El Alquimista, en Terminartors

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