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con su cuerpo de entonces



La vieja borracha

Le gusta realmente a la vieja tenderse al sol
y estirar los brazos. La llama pesada
raja el pequeño rostro como raja la tierra.

De las cosas que arden no queda más que el sol.
El hombre y el vino traicionaron y consumieron esos huesos
oscuros estirados bajo el vestido, pero la tierra rajada
zumba como una llama. No hace falta palabra,
no hace falta lamento. Vuelve el día vibrante
en que aún era joven el cuerpo, más incandescente que el sol.

En el recuerdo aparecen las grandes colinas,
vivas y jóvenes como el cuerpo; y la mirada del hombre
y la aspereza del vino regresan en ansioso
deseo: una llama se deslizaba en la sangre,
como el verde en la hierba. Por viñas y senderos
se hace carne el recuerdo. La vieja, ojos cerrados,
goza inmóvil el cielo con su cuerpo de entonces.

En la tierra quebrada bate un corazón más sano,
como el pecho robusto de un padre o de un hombre:
contra él se aprieta la mejilla rugosa. También el padre,
también el hombre, murieron traicionados. La carne
se consumió también en ellos. Ni el calor de las caderas
ni la aspereza del vino los despiertan jamás.
Por las viñas extendidas, la voz del sol
áspera y dulce susurra en el diáfano incendio,
como si el aire temblase. Tiembla alrededor la hierba.
La hierba es joven como la llama del sol.
Son jóvenes lo muertos en el vívido recuerdo.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Cuneo, 1908-Turín, 1950), Poesie. Mondadori, Milán,1969
Versión y gentiliza de Jorge Aulicino
imagen: Mirone di Tebe, La vecchia ubriaca

La vecchia ubriaca

Piace pure alla vecchia distendersi al sole
e allargare le braccia. La vampa pesante
schiaccia il picolo volto como schiaccia la terra.

Delle cose che bruciano non rimane che il sole.
L'uomo e il vino han tradito e consunto quelle ossa
stese brune nell'abito, ma la terra spaccata
ronza come una fiamma. Non occorre parola
non occorre rimpianto. Torna il giorno vibrante
che anche il corpo era giovane, piú rovente del sole.

Nel ricordo compaiono le grande colline
vive e giovani come quel corpo, e lo sguardo dell'uomo
e l'asprezza del vino ritornano ansioso
desiderio: una vampa guizzava nel sangue
como il verde nell'erba. Per vigne e sentieri
si fa carne il ricordo. La vecchia, occhi chiusi,
gode immobile il cielo col suo corpo d'allora.

Nella terra spaccata batte un cuore piú sano
como il petto robusto di un padre o di un uomo:
vi si stringe la guancia aggrinzita. Anche il padre,
anche l'uomo, son morti traditi. La carne
si è consunta anche in quelli. Né il calore dei fianchi
né l'asprezza del vino non li sveglia mai piú.
Per le vigne distese la voce del sole
aspra e dolce susurra nel diafano incendio,
come l'aria tremasse. Trema l'erba d'intorno.
L'erba è giovane come la vampa del sole.
Sono giovani i morti nel vivace ricordo.

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Genial Pavese de la mano de Auli.

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