sábado, septiembre 19, 2009

pero la casa emerge


donde quiera que estés

Tengo mi casa allá lejos donde nacen los lobos
Excelente para dormir a la intemperie para hacer fuego en el desierto.
El lecho es esa tierra dorada donde germinan las plantas ardientes del amor
Con sus raíces flotando entre las espumas de la memoria
Cada día ruedan sobre el techo las enormes piedras desprendidas del cielo
Con un ruido atronador que es sólo el murmullo imperceptible de los besos
La casa se hunde lentamente en viejas razas desaparecidas
En músicas monótonas de tambores
En espejismos salvajes con mujeres que cantan en la noche
Bruscamente sus ojos cambian de color y crean con una sonrisa la mecánica de lo imprevisto
Bruscamente sus vestidos se abren y muestran esos paisajes arrebatadores de borde de abismo
O se cierran de golpe formando la erosión de las lágrimas en las llanuras melancólicas donde viven los muertos
Pero la casa emerge de nuevo a flor de tierra
Enroscándose su larga cabellera a la garganta con una dulzura cada vez más feroz
A riesgo de estrangularme
Los salones reocrridos por la línea del horizonte abren sus espejos inmensos
cubiertos de dársenas y filtros de tormenta los muros son una montaña
el mugido lejano de un buey el océano dormido en jirones
Las escaleras se precipitan como fieras detrás de mis pasos
Se hunden en la eternidad y se prolongan hacia lo alto
A veces los trenes silban en las habitaciones y corren esos sirvientes
misteriosos que pululan por los corredores conduciendo antorchas y haces de leña
Detrás de las cortinas las viejas momias de plata labradas por las costumbres errantes
Destellan con una claridad lunar
Las tapicerías transparentes de las caricias
Las nostalgias desesperadas la violencia de las despedidas
El fulgor de los países perdidos y de las cabezas a la deriva flotando en otros años
Yo te espero eternamente en mi casa junto al mar
Para siempre bajo el presagio de las más bellas aventuras.

[XIII/XIV,12.]

Enrique Molina, Buenos Aires, 1910-1997
De El Movimiento Poesía Buenos Aires (1950-1960), Selección, prólogo y notas de Raúl Gustavo Aguirre, Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1979
Imagen: Valentine Hugo, 1890-1968

2 comentarios:

Marcelo dijo...

Buenísimo. Funciona a pleno aquí el romanticismo de buena cepa del gran Molina. Gracias, Sibila!!!

Jorge Aulicino dijo...

Sí, es impresionante

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