jueves, abril 18, 2013

federico garcía lorca. ciudad sin sueño/ nocturno de brooklyn bridge




Ciudad sin sueño
Nocturno de Brooklyn Bridge

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Federico García Lorca,  Fuente Vaqueros, 1898- Alfacar, 1936
De ‘Calles y Sueños’, Poeta en Nueva York, Editorial Séneca, México, 1940
imagen de Federico García Lorca por Gregorio Prieto, en Pulso Digital

miércoles, abril 17, 2013

t.s. eliot. into which we cannot peer



¿Por qué de todo aquello que escuchamos, vimos, sentimos durante toda una vida, regresan a nosotros algunas imágenes cargadas de emoción más que otras? El canto de un pájaro, el salto de un pez, en un lugar o en un momento en particular, la fragancia de una flor, una mujer anciana en un sendero de montaña alemán, seis rufianes vistos a través de una ventana abierta a la noche jugando a las cartas en un empalme de vías francés donde hay un molino; tales recuerdos pueden tener un valor simbólico, pero no lo podemos decir porque ellos representan las profundidades de un sentimiento que no podemos igualar. 

T. S. Eliot, St. Louis, 1888- Londres, 1965
de The use of poetry and the use of criticism, 1955, ps. 78-79
versión © Silvia Camerotto

Why, for all of us, out of all that we have heard, seen, felt, in a lifetime, do certain images recur, charged with emotion, rather than others? The song of one bird, the leap of one fish, at a particular place and time, the scent of one flower, an old woman on a German mountain path, six ruffians seen through an open window playing cards at night at a small French railway junction where there was a water-mill; such memories may have symbolic value, but of what we cannot tell, for they come to represent the depths of feeling into which we cannot peer. 

martes, abril 16, 2013

hilda doolittle. el mal estaba activo




2.

El Mal estaba activo en la tierra,
el Bien empobrecido y triste;

el Mal prometía aventura,
el Bien era obeso y presumido;

el Diablo nos perseguía,
disfrazado de Jehová;

el Bien era una vaina sin sabor,
arrancado de semillas de maná, lentejas, legumbres:

ellos estaban furiosos mientras nosotros estábamos hambrientos
del alimento, Dios;

nos quitaron nuestros amuletos,
los talismanes no son, dijeron, la gracia;

pero los dioses siempre nos muestran dos caminos,
así que busquemos las viejas carreteras

hacia las runas verdaderas, el hechizo correcto,
recuperemos nuestros viejos valores;

no escuchemos si ellos gritan,
tu belleza Isis, Ast o Astarté,

es una ramera; eres retrógrada,
idólatra, deseas viejas ollas de carne;

tu corazón, además,
es una gangrena mortal,

ellos prosiguen, y
su ritmo es el himno del diablo,

tu pluma es sumergida en sublimado corrosivo,
¿cómo puedes borrar

tinta indeleble del palimpsesto
la pasada desventura?



H D, (Hilda Doolittle), Bethlehem, Pennsylvania, 1886 – Zurich, 1961

de The Walls Do Not Fall, en H D, Trilogy, Carcanet, Norman Holmes Pearson, 1997, Exeter, England

versión © Silvia Camerotto

imagen de Rosetti Dante Gabriel, en  Wikipedia

2.
Evil was active in the land,
Good was impoverished and sad;

Ill promised adventure,
Good was smug and fat;

Dev-ill was after us,
tricked up like Jehovah;

Good was the tasteless pod,
Stripped from the manna-beans, pulse, lentils:

they were angry when we were hungry
for the nourishment, God;

they snatched off our amulets,
charms are not, they said, grace;

but gods always face two-ways,
so let us search the old highways

for the true-rune, the right-spell,
recover old values;

nor listen if they shout out,
your beauty, Isis, Aset or Astarte,

is a harlot; you are retrogressive,
zealot, hankering after old flesh-pots;

your heart, moreover,
is a dead canker,

they continue, and
your rhythm is the devil’s hymn,

your stylus is dipped in corrosive sublimate,
how can you scratch out

indelible ink of the palimpsest
of past misadventure?

lunes, abril 15, 2013

elizabeth bishop. anáfora




Anáfora


A Marjorie Carr Stevens in memoriam


Cada día comienza con tanta

ceremonia, con pájaros, con campanas

con silbatos de una fábrica;

nuestros ojos se abren primero

a cielos de un oro tan blanco,

a paredes tan brillantes

que por un instante nos preguntamos

“¿De dónde viene la música, la energía?

¿Para qué inefable criatura que pasamos por alto

fue hecho el día?” Oh, él aparece de inmediato

y asume su naturaleza terrena

   de inmediato, de inmediato cae

   víctima de prolongadas intrigas,

   asumiendo memoria y mortal

   fatiga mortal.


Cayendo de a poco a la vista

y bañándose de caras salpicadas,

oscureciéndose, condensado toda su luz;

a pesar de todos los sueños

malgastados en él con esa mirada,

que sufre nuestros usos y abusos,

se hunde a través de los cambios de los cuerpos,

se hunde a través de los cambios de clases

a la noche al mendigo en el parque

que, cansado, sin una lámpara o un libro

   prepara estudios estupendos;

   el ardiente evento

   de cada día en interminable

   interminable acuerdo.


Elizabeth Bishop, Worcester, 1911- Boston, 1979

De North & South, 1946

En Elizabeth Bishop, Complete Poems, Chatto&Windus, London, 2004

Version © Silvia Camerotto

imagen de Gustav Klimt, Water Serpents, en Art.Com

Anaphora


In memory of Marjorie Carr Stevens


Each day with so much ceremony
begins, with birds, with bells,
with whistles from a factory;
such white-gold skies our eyes
first open on, such brilliant walls
that for a moment we wonder
"Where is the music coming from, the energy?
The day was meant for what ineffable creature
we must have missed?" Oh promptly he
appears and takes his earthly nature
   instantly, instantly falls
   victim of long intrigue,
   assuming memory and mortal
   mortal fatigue.

More slowly falling into sight
and showering into stippled faces,
darkening, condensing all his light;
in spite of all the dreaming
squandered upon him with that look,
suffers our uses and abuses,
sinks through the drift of bodies,
sinks through the drift of vlasses
to evening to the beggar in the park
who, weary, without lamp or book
   prepares stupendous studies:
   the fiery event
   of every day in endless
   endless assent. 

sábado, abril 13, 2013

horacio castillo, anquises sobre los hombros




**
Anquises sobre los hombros

Todos llevamos, como Eneas, a nuestro padre sobre los hombros.
Débiles aún, su peso nos impide la marcha,
Pero luego se vuelve cada vez más liviano,
Hasta que un día deja de sentirse
y advertimos que ha muerto.
Entonces lo abandonamos para siempre
En un recodo del camino
y trepamos a los hombros de nuestro hijo.


**
Para ser recitado en la barca de Caronte

El paisaje es más hermoso de lo que habíamos imaginado:
estas murallas que caen a pico sobre nosotros,
aquel sol negro descendiendo sobre la laguna,
allá, a estribor, un arco iris que refracta la niebla.
Pero esta moneda de hierro entre los dientes,
este óbolo que debemos morder hasta el término del viaje,
cierra la boca que desea cantar.
Cantar para estas almas tristes sentadas en el banco,
mientras el cómitre marca con el látigo el compás,
mientras ordena remar sin interrupción,
cada vez más fuerte, cada vez más rápido, más lejos de la luz.

Horacio Castillo, Ensenada, 1934- La Plata, 2010
imagen de Gustave Doré, en Moedas para Caronte

viernes, abril 12, 2013

emily dickinson. el misterio del dolor




El misterio del dolor

El dolor tiene un elemento en blanco;
no puede recordar
cuándo empezó, o si hubo
algún día que no estuviera.

No tiene futuro sino el propio,
sus reinos infinitos contienen
su pasado, iluminados para percibir
nuevos períodos de dolor.

Emily Dickinson, Amherst, Massachusetts, 1830-1886
en The Poems of Emily Dickinson, editado por R. W. Franklin, Harvard University Press, 1999
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Anka Zhuravleva ©, Breathe in Breath out, en Uno de los nuestros

The Mystery of Pain

Pain has an element of blank;
It cannot recollect
When it began, or if there were
A day when it was not.

It has no future but itself,
Its infinite realms contain
Its past, enlightened to perceive
New periods of pain.

jueves, abril 11, 2013

hilda doolittle. un incidente aquí y allá




1.

Un incidente aquí y allá,
y rieles desaparecidos (por armas)
de la vieja plaza de tu ciudad (y la mía):

neblina y gris niebla, ningún color,
todavía  la abeja de Luxor, pollo y libre
persiguen inalterables un propósito

en verde, rojo rosado, lapislázuli;
continúan profetizando
de papiros de piedra:

allá, como aquí, la ruina abre
la tumba, el templo; entra,
allá como aquí, no hay puertas:

el santuario abierto al cielo,
la lluvia cae, aquí, allá
la arena se amontona; la eternidad perdura:

ruina en todas partes, así como el techo caído
deja la habitación sellada
al aire libre,

entonces, por medio de nuestra desolación,
los pensamientos se agitan, la inspiración nos
acecha a través de la penumbra:

ignorante, el Espíritu anuncia la Presencia;
nos sobreviene un escalofrío,
como antaño, Samuel:

temblando en una esquina familiar,
no sabemos ni somos sabidos;
la Pitia se pronuncia —pasamos

a otra bóveda, a otro muro hecho pedazos
donde los utensilios se ven
como raros objetos en un museo;

Pompeya no tiene nada que enseñarnos,
sabemos de la grieta de la fisura volcánica,
el flujo lento de la lava,

presión en corazón, pulmones, el cerebro
a punto de reventar su frágil caja
(¡cuánto soporta el cráneo!):

sobre nosotros, Apócrifo fuego,
debajo de nosotros, la oscilación terrestre, hundimiento del suelo,
inclinación del pavimento

donde los hombres oscilan, ebrios
con un desconcierto nuevo,
brujería, tormento:

la armadura de hueso no fue hecha para
semejante shock tejido por el terror,
y aún así el esqueleto le hace frente:

¿la carne? derretida,
el corazón quemado, brasa muerta,
tendones, músculos destrozados, caparazón exterior desmembrada

y sin embargo la estructura resistió:
sobrevivimos al  fuego: nos preguntamos
¿qué nos salvó? ¿para qué?

H D, (Hilda Doolittle), Bethlehem, Pennsylvania, 1886 – Zurich, 1961
de The Walls Do Not Fall, en H D, Trilogy, Carcanet, Norman Holmes Pearson, 1997, Exeter, England
versión © Silvia Camerotto
imagen de Wikipedia


I
An incident here and there,
and rails gone (for guns)
from your (and my) old town square:

mist and mist-grey, no colour,
still the Luxor bee, chick and hare
pursue unalterable purpose

in green, rose-red, lapis;
they continue to prophesy
from the stone papyrus:

there, as here, ruin opens
the tomb, the temple; enter,
there as here, there are no doors:

the shrine lies open to the sky,
the rain falls, here, there
sand drifts; eternity endures:

ruin everywhere, yet as the fallen roof
leaves the sealed room
open to the air,

so, through our desolation,
thoughts stir, inspiration stalks us
through gloom:

unaware, Spirit announces the Presence;
shivering overtakes us,
as of old, Samuel:

trembling at a known street-corner,
we know not nor are known;
the Pythian pronounces —we pass on

to another cellar, to another sliced wall
where poor utensils show
like rare objects in a museum;

Pompei has nothing to teach us,
we know crack of volcanic fissure,
slow flow of terrible lava,

pressure on heart, lungs, the brain
about to burst its brittle case
(what the skull can endure!):

over us, Apocryphal fire,
under us, the earth sway, dip of a floor,
slope of a pavement

where men roll, drunk
with a new bewilderment,
sorcery, bedevilment:

the bone-frame was made for
no such shock knit within terror,
yet the skeleton stood up to it:

the flesh? it was melted away,
the heart burnt out, dead ember,
tendons, muscles shattered, outer husk dismembered

yet the frame held:
we passed the flame: we wonder
what saved us? what for?

domingo, abril 07, 2013

laura wittner. luna de plástico



Luna de plástico

Estamos en un living oscuro

donde quiero todo menos lo que tengo.
Sin zapatos, en el piso, tomando vino
en vasos de cristal, ponen música fuerte
y me pregunto: ¿por qué nosotros nunca 
ponemos esta música?
La posibilidad del placer me está haciendo levitar
y la imposibilidad del placer me marea.
Voy a asomarme a la ventana a tomar aire,
pero no hay más, aquí, que la estrecha confluencia
de patios traseros y escaleras para incendio,
la ausencia de sonido mordazmente agitada
por la música mágica, una oscuridad de afueras de ciudad
apenas conocida. Así que necesito ir a la calle.
Me pongo los zapatos, salgo,
bajo la luz marrón que el piso a cuadros se chupa como esponja,
y mientras tanto pienso, pienso.
¿Por qué nosotros nunca ponemos esta música?
Me paro en la vereda congelada. No hay olores.
No puedo distinguir la ventana
de donde vengo. Un grupo de hombres en las sombras
me vuelven al temor. Ay, pero, gracias.

Laura Wittner, Buenos Aires, 1967

de La tomadora de café, Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2005
imagen de Annick Bouvattier, en A Passion for Art

sábado, abril 06, 2013

irene gruss. en la ruta


En la ruta

Lo único que podría curarme
o que al fin me sacara de este hospicio 
es subir a un auto de línea sport
no muy confortable
pero amplio
que lo manejara 
un hombre pudiente
potente
y valeroso
o sea temeroso de sí.
Si él aceptara conducir hasta la ruta
(odio el límite de la ciudad,
ese bochorno de la pobreza salpicado por uno que otro cardo o girasol),
donde comienza la fila larga y azul del lino
o los maizales, amarillos,
si la antena de la radio funcionara
yo podría quitarme este peso de encima
podría mirar las cosas de forma diferente.

Sin que intervenga, sin presión de ningún tipo
este hombre serio o
sonriente
me acariciaría suavemente la nuca
de manera tal
que mi pelo pajizo se convertiría en lacio
mi nudo nervioso pasaría a 
relajarse,
y podría mirarlo de frente, sonreírme yo también
o al menos
dibujar un nombre en la ventanilla
sin problema, como si él no existiera.
Entonces yo tomaría el volante
y mientras él descansara
(mirando fijamente la mano contraria)
me pondría a cantar esas canciones de 
preguerra
que tanto enloquecieron a la generación
anterior.
Sólo así podría dominar mi ira
solamente así.
Cuando el auto se haya alejado bastante
y el calor sólo sea
esa curiosidad
por las mariposas estrellándose
contra el motor,
y el hombre a mi lado no se inmute
ni se inmiscuya
cuando la
alegría
sea lo único que me plazca.

Irene Gruss, Buenos Aires, 1950
de La calma, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1991
imagen de Annick Bouvattier, en Artodyssey

viernes, abril 05, 2013

sergio raimondi. sileno en la estación de ferrocarril



Sileno en la Estación de Ferrocarril

Acostado de lado, con un codo incómodo
apoyado en el cemento y la cabeza
tirada hacia atrás, duerme. Rodillas dobladas,
pies contra el culo, al aire la panza enorme,
boca abierto al cielo, chata nariz.
Esto es obra de dos o tres tetra-brik.
Si fuera mármol estaría expuesto
en un museo de Roma, Londres o París
como ejemplo de arte helenístico.
Y no le molestarían las moscas.


Sergio Raimondi, Bahía Blanca, 1968
de Poesía Civil, Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2001
imagen de Sileno, detalle de cabeza, en  Wikimedia Commons