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martes, marzo 10, 2015

elizabeth azcona cranwell. la nostalgia



La nostalgia

Hay un día en que las cosas son un hondo precipicio
conozco el rostro húmedo y las manos que nunca me abandonan
la noche que se abre
como un pueblo de alondras disperso en la tormenta.

Yo he escuchado a mi amor desde lejos en una lengua extraña
mientras la nostalgia murmuraba sus frases de curiosa hechicera
ella alargaba sus caricias en las ventanas del insomnio
como una huésped cuya mano asolaba el relámpago.

Porque ella no era el día
y tampoco era el ángel sediento de palabras
mi propia voz la nombra como a una desterrada
desabrigada madre, de pechos dulcemente vacíos.

Más allá de la noche donde se enciende la ternura
más allá de la calle donde el viento deshace la forma de los pasos
sé que hay un país nuevo, cansado de las sombras.

Una música fija
un tiempo de colores intensos como dioses desnudos.

Pero mi corazón sigue clavado para siempre en los sitios imposibles.

Elizabeth Azcona Cranwell, Buenos Aires, 1933-2004
en Los mejores poemas de la Argentina, Corregidor, Buenos Aires, 1977
imagen de Jessica Todd Harper, fuente desconocida


jueves, abril 03, 2014

elizabeth azcona cranwell. de los opuestos


De los opuestos

No es el amor a veces dos seres que se aman
sino un modo del mundo
de conmover un equilibrio triste.

Expiamos el mito que nos sube a la cara
hasta volvernos ebrios de una inocencia vieja
certera desnudez de la palabra.

Porque si atravesamos el espacio
como un error que crece en el único tiempo conocido
llegaremos muy pronto al final del amor
perderemos de golpe la región dominable
llameante de existencia.

Era nuestra fanática voluntad de acercarnos
de conocerlo todo antes de amar
y merodear entonces por las grandes caídas
las bellas ceremonias
y las noches sinuosas de inventar tanto encuentro.
Hay algo de este mundo
que ha quedado en nosotros para siempre
hemos hablado un nombre tantas veces que ya no tiene peso
y mirado la mirada demente que vuelve sabio el cuerpo.

Despertar a la sed bajo unos ojos
cuando cada sentido es capaz de la lluvia
la piel podía ver las manos escuchar
la paciencia del ojo era infinita
para tocar la tierra hasta romperla.

Qué dulce aplicación, qué terquedad de ola
de nudo irreverente que no corre el gran riesgo de saberse.

Si nadie piensa nunca en domar a las flores
por qué limarlo todo someterse a la ley que no se entiende
ansiar que algunos gestos anticipen el reino
como siempre en tinieblas.

Es inútil cavar en el silencio.

Del amor concluido
sólo el lenguaje sobrevivirá.

Elizabeth Azcona Cranwell, Buenos Aires, 1933-2004
en Los mejores poemas de la poesía argentina, Corregidor, Buenos Aires, 1977
imagen de Gina Higgins, Cold like stars, en Uno de los nuestros

martes, marzo 01, 2011

elizabeth azcona cranwell. única duración


Única duración

Tiempo hubo ya para reconocer los signos de las vidas remotas
donde nos hemos recorrido
entre la gracia, el júbilo, el dolor y la muerte
tiempo para aceptar las vidas que vendrán
insinuadas en espejos y hogueras, en lámparas y sueños.

Sombras de extinguidos jardines que rozan suavemente el olvido
narran su realidad en un vaivén de hojas, en múltiples regresos
y la memoria enciende lentamente sus formas
como juegos del agua, como notas que caen al espacio

(la voluntad y el verbo
estallido mutable de la luz)

Es la ilusión del nombre
el cuerpo y las palabras.
Somos los herederos del amor y la fiebre
de la desolación, el goce, sangre y mito
entre generaciones que se encuentran y crecen
se desgastan y mueren.

Todo sonido se disuelve en silencio
y el silencio es la sombra del poema.

¿Por qué ese canto de tristeza que atenúa la vida
que hace la sed en Dios
y alza su voz estéril en el empecinado grito de los días?

La tristeza es el honor de los muertos
y la muerte es un modo más hondo de la ausencia.

Pero el verano es fiel a sus designios
las estaciones giran destellos y tinieblas
y hasta la ausencia anuda sus contornos
y se disuelve en luz estalla de presencia colmadora.
Y el sol sacerdote del cuerpo
custodio de la ilusión de ser
vuelve una emoción clara la presencia del día.

Con este sol y mi sed de infinito
hago mi sitio en las edades
creo un lugar permanente y efímero
única tierra donde la memoria resplandece.

de Anunciación del mal y la inocencia
Elizabeth Azcona Cranwell, Buenos Aires 1933-2004
en Antología de la poesía argentina, Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo 3, Edición Librerías Fausto, Buenos Aires,1979
imagen: s/d

martes, abril 14, 2009

elizabeth azcona cranwell. permanencia



permanencia

El cielo es curvo y cierto de humedad
cielo de confesiones incumplidas.

Es en vano llenar de gestos nuevos los huecos de la
tarde, adorar cada día un reflejo distinto, andar
cazando vida muy lejos de la orilla del corazón.

El amor envejece
y es tu voz que precipita el desasosiego del atardecer.

Esto eres tú todavía, todavía tu intento insostenible,
todavía tu rostro, la gran dulzura desesperada.

Mi soledad saqueda por amigos sonrientes, ahoga por
momentos su eterno descubrir.

Y de mí triunfa siempre la nostalgia, esa ardiente
insegura.

En el colmo del tiempo volveré a dedicarme a tu mirada.
El amor rozará muchas veces el borde de mi noche.
No te destruirá.

de De los opuestos, 1966.

se revela y alumbra

Quisimos que el amor dijera el porvenir, el oculto
mecanismo del tiempo, el ruido de la vida.

Le supimos la voz, su propia música oscura en las ventanas.

Y no ha quedado nada, ni un leve resplandor desdeñando
su forma por las cosas del mundo.

Sin embargo, en la rosa tantas veces mirada se ha encendido
una luz que transforma el sentido de la noche.

de De los opuestos, Editorial Sudamericana, 1966.

esa venganza estéril

Esta carga de luz que a veces duele,
condena o gozo,es un destino necesario.
¿Cuál es el reino del poeta, su privilegio,
el poderío de sus ojos?

Nuestro albergue es pequeño.
Como el canto del gallo nos lastima tres veces
la medida del tiempo.
Y hacemos una frase con el Réquiem de Mozart
y el resabio de una tarde de sol.
Un personaje con harapos se nos antoja bello
en el andén de la mañana,
las palabras se cargan como un rito
y es el mandato que nos urge la vida.
toda salmodia se comenta en rezo, vibra y cae
y es la palabra un fuego que consume las cosas
cuando las cambia con lo intangible de la voz
y las convierte en tiempo por una enunciación que roba
su gravedad y su cuerpo.

¿Es privilegio esa venganza estéril
sobre la tiranía de las cosas?
Yo te pregunto por la tierra,
qué formas nuevas rescatamos en este hablado amanecer.
Yo te pregunto por los árboles,
por su sereno resplandor en la lluvia
y por las calles y los diarios y los objetos cotidianos
por las tareas, los saludos y los enseres de la vida.

Nuestro desorden, esa región que nos hermana
en la lengua feroz, la rebeldía,
la intención de domar el equilibrio de las cosas
no alcanza para un reino
donde un gesto crispado nos convenza
de que esta insurrección es el amor.


de El Escriba de mirada fija, Editorial Fraterna, 1990.

elizabeth azcona cranwell, Buenos Aires, 1933-2004.