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jueves, febrero 11, 2016

jorge leónidas escudero. amigo íntimo


***
 Amigo íntimo

Era noche de viento anoche cuando
desvelado oí al gato amigo, el perdido,
llamándome.
Su quejumbre apagada oí e el impulso
tuve de abrir todas las puertas a recibirlo.

Veinte días ya,
y si no lo mató un perro viene ahí.
Salte de la cama y corrí a la ventana
ver si lo veía y hacerlo entrar
acariciarlo darle comida. Sucio, flaco
estaría después e tanta ausencia.

Entonces otra vez oí el llamado;
pero mi di cuenta no era el gato,
era una persiana que con el viento hacía
tal quejumbre.

Cerré la ventana.
Fui a mirarme al espejo ver qué cara
le queda a uno después de desilusionarse.
Y en esas vecindades de viento engañador
y ladridos nocturnos
volví a la cama a no poder dormir. Acaso
¿esto es mucho decir sobre la ausencia de un gato?

 ***
Del amor

Mas quisiera un final algo florido
ya que el amor es poesía.
Para esto adhiero a una sabiduría antiquísima
Y suspiro:
Las abejas no saben por qué van a las flores
y las flores no saben por qué atraen a las abejas.
La palabra única (del libro "Tras la llave"):
¿Estoy quizá hablando de la nada
o del todo que es lo mismo?
¿Será eso el
silencio total ah? Me asustó:
¿buscar la palabra única será
instinto de muerte?


***
Lo inescrutable

Si usted toma la punta de un conocimiento
y empieza a tirar el hilo
va a sacar una sombra.

Es tremendo y espanta,
porque si todo está unido a todo
uno piensa extraer un pez gordo
y termina vencido con la boca gusto a nada.

Mi caso es el de siempre, siempre el mismo.
Ya no puedo callar y más tranquilo
vivir sino que indago e inmerecidamente
caigo en la oscuridad.

Tras el fuego sagrado a si pellizco
me levanto alta noche y sigiloso
pongo la caña de pescar en vano.

Sin embargo insisto.

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920-2016
De Poesía Completa, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

sábado, septiembre 19, 2015

jorge leónidas escudero. reto a la nostalgia



Reto a la nostalgia

Ahora la nostalgia viene a mí
para que la escriba, y me digo:
¿para qué voy a recordar cosas tristes?
Tal vez sea mejor no manosear
lo que quedó fuera del tiempo.

Un amigo me dijo no seai zonzo
ponerte a escribir sobre la mortandá de cosas.
Y así es nomás porque está de más
sacar trapos de recuerdos deshilachados
que sólo sirven para enjugar lágrimas,
si es que me quedaran.

Es como si cuando el tiempo ya se fue
apareciera yo en un andén
mirando a lo lejos y hablando solo.

Sí, tiene razón aquel amigo,
pero la nostalgia es hermosa.

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920
De Aún ir a unir, Ediciones En Danza, Buenos Aires, 2010
Imagen s/d



jueves, noviembre 14, 2013

jorge leónidas escudero. mi anciano hijo



Mi anciano hijo

Mi hijo es viejo y tiene eso raro

de sentarse en un banco de la plaza
y estarse solitario hasta el amanecer.
No es por insomnio, me dijo, 
sino en cómo hacer para dejar de pensar
y entrar directamente en el saber.
Algunos dirán que es estúpido
eso de dejar que el tiempo transcurra lúcido
por fuera del pensamiento propio; 
pero allá él, mi hijo es así. 

Tiene un impulso que lo alienta a correr

detrás de lo difícil, 
pero como le falta agilidad en los pies
se siente en un banco de la plaza. 

Para colmo aspira a ser alquimista

y quiere fabricar oro con la mente.
Tampoco entiende por qué se le corren los mocos
sin estar refriado y le brotan lágrimas
sin estar triste.

Le aconsejo m´hijito acuestesé,

descanse ´n la cama, ya todo está hecho;
pero él no me escucha,
va a la plaza y se amanece.

***
Hubo
¿Hubo? Hubo
pero nadie ha visto nada.

Sin testigos hallables,
sin que nadie señale algún vestigio, hubo.
 Sin que siquiera yo tenga conciencia plena,
la caricia era, venía o paloma
que se extravío en el aire o pañuelo
perdido.

Quiere decir que un poco, algo de suerte tuve
desde que venía a asentarse en mí
aunque cayó en nunca.

Ayudo a mi memoria para que me comprenda
ese algo y edifique
esta sutilísima historia de amor.

Porque el tiempo me arruga y estruja
con necesarios olvidos,
pero no me aquella quita,
la que venía a mí
y cuando yo la mano a recibirla ¡oh!,
 vino la soledad muy comedida
y efusivamente me presentó sus saludos.

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920

En Poesía Completa, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011
imagen de Jaime Castro, El Alquimista, en Terminartors

domingo, octubre 20, 2013

jorge leónidas escudero. lo que sobra zozobra


Lo que sobra zozobra

Los que odian dar migas a las palomas, esos

que cierran la mano para no desprenderse
de lo que sobra.
Los habrás visto.
Y si les pide algo un hambriento
levantan los hombros como a mí qué me importa.

Mientras más tienen más ni pizca aflojan y es de ver

cómo se les pone la cara ambiciosa.
Escondidos nocturnamente
cuentan su ganancia moneda a moneda y lloran
cuando se les merma un pedacito.

No se dan cuenta de en la vecindad

viven mancos rengos y tuertos
ya zafados de lengua los cuales van a hacer
que zozobren los que a las palomas
no dan lo que les sobra. 

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920
De Endeveras, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2004

Imagen de Antonio Azorín©, en Uno de los nuestros

miércoles, marzo 23, 2011

jorge leónidas escudero. a otro hablar


A otro hablar

¿Y qué puedo decir con la lengua trabada?:
esto, y la sombra piso,
palabras huecas alzo, tomo
de la cola un ratón y lo suelto,
no es lo que busco.

Ando a ver en qué ando, qué saber,
hallar mi centro fijo, un rastro, el carozo;
me respiro y no.

Una mujer ayer su cabellera puso,
venda en mis ojos;
pero no dejé de buscar lejanías.

Quiero decir hermosas, no razones,
palabras como hombres pétalos y estrellas,
seudópodos de mí hacia lo inaprensible.

Ando andando estas averiguaciones
a ver si se me desata la lengua.

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920
en 200 años de poesía argentina, selección y prólogo de Jorge Monteleone, Alfaguara, Buenos Aires, 2010
imagen: s/d