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lunes, agosto 18, 2025

María Teresa Andrueto. I. Hablamos de Ayer


 I

hablamos de Ayer,

                             de tu rincón

del Ubajay con sisiríes y garzas


(en el arrozal/una garza

una garza sola/ una garza)


tenías en otro tiempo un corderito,

y se lo llevó el río

             (¿o aquella casita blanca?


Ahora

                 ni el grito de los teros

                 ni sus pequeñas alas


estoy preparando la huida, decís,

y yo no sé hacia dónde iremos

con el cuerpo o la cabeza

esta mañana


Levantamos los vasos,

                  la jarra

                  entorna al agua

pero qué celebrar

por el televisor pasa el entierro

de Arafat

              Abu Ammar

                     Abu Ammar

pasa el entierro de Arafat


 (si la mecedora fuera un ala

          si el ala fuera una flor)


              si la mecedora fuera

un ala, prepararíamos la huida

para dos.


María Teresa Andruetto,

de Poesía Reunida, 'Hoy', Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019

domingo, octubre 20, 2019

maría teresa andruetto. réquiem/selección



***
Señor,
permíteme bajar
a los pozos
de mi pensamiento,
manantiales de sangre,
depósitos intactos
de locura,
con la frente alta,
sin miedo 
a los derrumbes.

***
He muerto otras veces.
Y resucité
buscándome en pedazos.

Pero esta vez
repito gestos celebro ritos
y no me encuentro.


***
Kodak

Yo
los miraba 
tras la lente de la Kodak
con la que padre
registró la guerra
antes 
que la muerte
disolviera sus pupilas
y delegara en mis ojos
el dolor de mirarmne
devastada
por la ausencia.


María Teresa Andruetto, Arroyo Cabral, Córdoba, 1954
de Réquiem
en María Teresa Andruetto, Poesía reunida, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019

martes, marzo 17, 2015

maría teresa andruetto. patricia lee y otros



Patricia Lee

Flota Patricia Lee sobre la vereda,
como un poema de Rimbaud. Es de oro la luz
y sin embargo ella sabe que puede no alumbrar.
Cuando era chica quería ser poeta. Tenía al niño
genio de la mano, pasaba con él su temporada
en el infierno. Saludaba al ojo bizco, camino
del templo a los vecinos, pensando que su palabra
no era para esa gente. Algún día volveré
y seré millones, se decía, cantaré en los estadios,
estudios, festivales, y aplaudirán los músicos
del mundo, no esta gentuza de pueblo. Cuando 
era chica quería ser famosa. Más tarde quiso ser
la monja de Calcuta. No la maldita, no la artista
consumida, no la puta, sino la que llora al hermano
muerto, al marido muerto, a los amigos. Ya no hay
distancia entre los sueños y la vida. Por eso canta
en la noche en los estadios, los estudios, los rincones
de su casa. Canta Patricia Lee y mientras canta
la maldicen los bizcos y los genios, gritan camino
del templo los poetas, Volvé a tu casa, Patti,
volvé a tu casa. Pero Patti lee,
Patti Lee...

de Sueño americano, 2009

***
Pavese

Entre mujeres solas hemos hablado de él
uno de estos días de marzo,
y de la tarde en que mi padre lo vio
pasando la caserma. Dos perros
lo arrastraban y esa tristeza
que no ha vencido nadie. Il diavolo 
sulle coline acecha. Es el 45 y la guerra
cansa. Están en Piazza Cavour
o en Superga. En Torino, no en Le Langhe.
Mi padre muerto parece que me dice
al oído "he pasado Stupinigi
hacia mi pueblo". El otro se llama Cesare
y escribe en plenitud acerca de esas cosas
pequeñas que nos suceden a todos
y de volver y no encontrar ya nada.
Mi padre es partisano, un partisano
de Ghío, y ha cumplido veintitrés. Antes
que cante el gallo me dará esas voces
que se oyen desde lejos, el eco
en la colina. Están cerca las tierras
fértiles, el cuerno de oro devastado,
y la ciudad que es gris, no tiene
cielo. Alguna vez dirá no escribo más,
el lápiz cruzado sobre el diario. No habrá
qué hacer en la ciudad vacía sino esperar
y esperarás que llegue. Por esta calle hasta
el hotel mañana, vendrá la muerte y tendrá
tus ojos.

de Pavese y otros poemas, 1998

María Teresa Andruetto, A° Cabral, 1954
imagen s/d

miércoles, julio 09, 2008

te ofrecí mis brazos




Desnuda en la tienda




No era coqueta
era fuerte

June Jordan

Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba Tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.

Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.

Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.