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jueves, julio 14, 2016

juan josé saer. selección

The Wasteland

***
A los pecados capitales

Por nuestra fantasía, nos liberan
de la materia pura, pero caemos en la red
de la esperanza. Pecados, vicios, y hasta
las débiles virtudes, nos separan
del cuerpo único del caos,
nos arrancan
de la madera y de los mares.
Guardianes en el umbral de la nada.

***
El Graal

El mar destila incertidumbre,
la montaña perplejidad; y el propio
cuerpo no abandona, por nada
del mundo, su secreto. El viaje
se volvió errabundo, y el aura
solitaria, retirándose,
nos transformó en manada.
En la llanura inmóvil
el cansancio nos visita:
todo esto podía haber sido
de esta manera o de alguna otra,
el tiempo hubiese preferido
correr para adelante o para atrás
y abstenerse de salir, indiferente,
la luna. Nos creeríamos perdidos,
si fuésemos capaces, todavía,
de distinguir un lugar.
La mirada rebota, espesa;
ni reconoce ni interroga.
Astillas turbias flotan
entre la sombra que amenaza.
Confusos, vacilamos:
salimos a buscar no sabemos qué
ya no nos acordamos bien cuándo.

***
El arte de narrar

Cada uno crea
de las astillas que recibe
la lengua a su manera
con las reglas de su pasión
-y de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.

Juan José Saer, Serodino, 1937- París, 2005
Selección
Imagen de Bertrand Cohen, en Art UK (créditos UCL Art Museum)



sábado, septiembre 05, 2015

juan josé saer. el golpe de gracia



El golpe de gracia

Los huesos enterrados, al cambio
de la tierra se mueven, cambian; el largo
sueño se estremece, los estratos suceden
a los estratos en el pasaje
hacia el profundo corazón; en él 
están presentes todos los días,
yacen los días danzados durmiendo,
los cuerpos atravesados durmiendo; hay algo
vivo todavía, entretanto, todavía
y al cambio de la tierra
tocada o convocada, o herida
el corazón de oscuro mineral
restalla y restituye los cielos
o los países caídos, las ramas, los relojes, los huesos
enterrados, en los viejos acordes,
la piedra viva y la manchada región 
constante, la planicie perpetua
volcada en los atentos llamados
de la sangrante semejanza,
la primavera fugitiva

1961

Juan José Saer, Serodino, 1937- París, 2005
de 'Poemas' (1968-1975)
en Juan José Saer, Poemas, Borradores inéditos 3, Seix Barral, Buenos Aires, 2014

imagen de © Ilija Pinuliski, Homage to Lasker, en Chess News

domingo, mayo 17, 2015

juan josé saer. traduttore tra



***

Traduttore Tra

A Alberto Girri

Pulió su Masters y, con él,
sus años. Y de esa doble traición
gentil, a su manera, y denodada,
las tumbas, imaginariamente,
se hundían, enmudecidas,
borrados, por la mención, los epitafios.
Así su objeto come la palabra.
El gusano
prolifera en la voz
y la vuelve
gargarismos, ruidos extraños.
Da de sí todo, cantando,
por la voz del otro, o la suya incluso,
todo, sus años,
la mano seca, como un terrón,
noticias y temblores,
las yemas de los dedos.

1974

***
In My Craft or Sullen Art

Ponerse a esperar, sentado, que algo,
un poco menos negro, desprendiéndose,
dé, como quien dice, el primer paso,
y venga, si todos, confusamente, lo entrevieron,
a estamparse, ilegible o inmortal,
en la hoja blanca.

1975


Juan José Saer, Serodino, 1937- París, 2005
de 'Poemas' (1968-1975)
en Juan José Saer, Poemas, Borradores inéditos 3, Seix Barral, Buenos Aires, 2014
imagen s.c


lunes, marzo 26, 2012

como desde un principio, lo oscuro


***
Leche de la Underwood

Por delicadas que sean, las mañanas
envilecen; lo destructible vacila
y lo que pareciera, frente a nosotros, perdurar,
no nos acoge, menos cruel que indiferente. Animal
anónimo, por más que grites, nadie escucha,
y ni por lejos la lengua es la que conviene.
Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma,
nadie niega, pero habría que desandar,
salir, si fuese posible, del centro de la noche,
y empezar de nuevo con otra clase de balbuceo.
Tantas tardes que resbalan:
ya no se sabe
en qué mundo se está, y sobre todo si se está
en un mundo. Se muerde
un fantasma de manzana, mientras sigue merodeando,
como desde un principio, lo oscuro. Destellos
de un sol de invierno en la ciudad
transparente; brillos, rápidos o lentos,
que algunos blanden como pruebas
abandonándose, soñadores, su tibieza. Entre tantas
estrellas, esperanzas: relentes
de un reino animal.

***
Dánae

Manda a su hijo Perseo Dánae, para gozar,
sin testigos, de la lujuria,
a extraviarse
en los ojos sin fondo de la medusa,
del mismo modo que toda madre,
desde una cama pantanosa,
nos abandona,
por tres minutos de no ser,
a los dientes de este mundo.


***
Plougastel Saint-Germain

Noches solitarias: por dentro
y por fuera, la misma, pareja, oscuridad.
De tanto en tanto una estrella verde, como un centro
o un grumo, más bien, no de luz, sino de alteridad.

Juan José Saer, Serodino, Argentina, 1937 – París, 2005
imagen de © Mirko Barone, Homenaje a Chirico, 1998 en Fine Art of Mirko Barone, con expresa autorización del autor

miércoles, marzo 02, 2011

juan josé saer. recuerdos del dr. watson



Recuerdos del Dr. Watson

a José C. Chiaramonte

Vimos en Holmes la lluvia desde el carruaje
en la hermosa avenitda Brixton, yendo hacia Andley's Court.
"Esta tarde en el Concert Hall oiremos cantar a Noman Neruda".
Ráfagas mudas de agua lenta golpeaban contra los vidrios,férrea
realidad nos rodeaba y nos movíamos en ella, nítidos. Puedo,
si quiero, evocar el preciso rumor de las ruedas sobre las piedras mojadas
y el resoplar de los caballos atravesando la ciudad familiar.
Ladrillos rojos chorreando agua, hombres borrosos en la lluvia;
la luz de gas manchaba la oscuridad matinal. Siento otra vez, con noble
fruición, el peso cálido y el vaho de nuestros abrigos,
la mirada de un muerto en honda persecución
golpeando contra el revés de mi mente. Hombres del porvenir, plagados
de irrealidad, para ustedes no habrá nunca este collar
de sólidos minutos, este edificio de horas de piedra. La niebla
carcomerá las paredes de Londres y el corazón de nuestra descendencia
yacerá débil o muerto, ciego de humo amarillo Honda
es nuestra pobre vida en comparación, y benditos
nuestro violín, nuestra fiebre de Afghanistán, nuestra deliberada morfina.

de El arte de narrar

Bottom's dream

Algo nos puso en esta noche profunda para que, continuamente soñara
sombras que vienen y se van y las leyes que las rigen
y sacara, más tarde, de ese arte tenue, una canción
llamada, intencionadamente, el sueño de Bottom
porque ese sueño no tiene fin.

de El arte de narrar

Juan José Saer, Serodino, 1937- París, 2005
en Antología de la poesía argentina, Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo 3, Edición Librerías Fausto, Buenos Aires,1979 
imagen: F. Wentworth

miércoles, marzo 10, 2010

por tres minutos de no ser


el número de lectores de poesía no ha disminuído; ha aumentado el de semianalfabetos. saer

Dánae

Manda a su hijo Perseo Dánae, para gozar,
sin testigos, de la lujuria,
a extraviarse
en los ojos sin fondo de la medusa,
del mismo modo que toda madre,
desde una cama pantanosa,
nos abandona,
por tres minutos de no ser,
a los dientes de este mundo.

A los pecados capitales

Por nuestra fantasía, nos liberan
de la materia pura, pero caemos en la red
de la esperanza. Pecados, vicios, y hasta
las débiles virtudes, nos separan
del cuerpo único del caos,
nos arrancan
de la madera y de los mares.
Guardianes en el umbral de la nada.

Leche de la Underwood

Por delicadas que sean, las mañanas
envilecen; lo destructible vacila
y lo que nos pareciera, frente a nosotros, perdurar,
no nos acoge, menos cruel que indiferente. Animal
anónimo, por más que grites, nadie escucha,
y ni por lejos la lengua es la que conviene.
Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma,
nadie niega, pero habría que desandar,
salir, si fuese posible, del centro de la noche,
y empezar de nuevo con otra clase de balbuceo.
Tantas tardes que resbalan:
ya no se sabe
en qué mundo se está, y sobre todo si se está
en un mundo. Se muerde
un fantasma de manzana, mientras sigue merodeando,
como desde un principio, lo oscuro. Destellos
de un sol de invierno en la ciudad
transparente; brillos, rápidos o lentos,
que algunos blanden como pruebas
abandonándose, soñadores, su tibieza. Entre tantas
estrellas, esperanzas: relentes
de un reino animal.

Juan José Saer, Serodino, 1937 - París, 2005
en Diario de Poesía N° 2, Verano de 1986
imagen: Gustav Klimt, Dánae