martes, enero 31, 2012

las mujeres eran probables




Una elegía

En la época de mi madre
las mujeres eran probables.
Mi madre se sentaba junto a mi abuela
y las dos eran completamente de carne y hueso.

Yo soy apenas una secuela estable
de aquel exceso de realidad.

Y en la ansiedad del pasado indefinido,
en el aspecto durativo de elegir,
escribo ahora: una elegía.

En la época de mi madre
las mujeres eran perdurables,
completamente de hueso y carne.

Mi madre se ponía el collar
de plata y turquesas
que mi padre le había traído de Suecia
y se sentaba a la mesa como una especie exótica,
para que todo se volviera más grande que la vida
y cualquier ficción fuera posible.

En la época de mi madre, las mujeres
eran un quid: mi madre nos contó
a  mi hermano y a mí: "cuando salía de la escuela,
iba  a buscar a mi padre al trabajo,
en Santa Fe, y los compañeros le decían es un biscuit,
tu hija es un biscuit, y nunca supe qué querían decir,
qué era un biscuit", un bizcocho estando muy enferma,
una porcelana exquisita todavía para nosotros,
y mi hermano apurándola: "¿Y?"

No sé qué es un biscuit, ¿una especie exótica,
algo de todos modos, especial? Igual
andaba delicadamente por la casa, rozando los ochenta
como se roza una herida
con una gasa.

En la época de mi madre
las mujeres eran muy visibles.
Mi madre se miraba en los espejos
y yo no llegaba a  abarcar
su imagen con mis ojos. Me excedía,
la intuía a lo lejos como algo que se añora.

Como ahora,
una elegía.

A la criatura adorable
fijada en lo remoto de la foto,
que ya a los ocho años parecía
más grande que la vida: te extraño,
aunque no te conocía. Eso fue antes
que a mí me dieras la vida
en un tamaño apenas natural.

Igual,
una elegía.

Y la otra de la foto que espero
conservar, la mujer bella que sostiene
el libro ante la hija de un año
en el engaño de la lectura:
te quiero por lo que dura, y es suficiente
leer en el presente, aunque se haya apagado
tu estrella.

Por ella,
una elegía.

Ahora soy la fotografía
y vos el líquido revelador. Tu muerte
me convierte en yo: como una ciencia aplicada
soy la causa y el efecto,
el ensayo y el error,  este vacío
de la nada que golpea el corazón
como cáscara vacía.

Una elegía,
cada vez con más razón.

Mirta Rosenberg, Rosario, 1951
de El arte de perder, Bajo la luna, Buenos Aires, 1998
imagen de Dani Torrent©, Vacía, en Uno de los nuestros

lunes, enero 30, 2012

santiago sylvester. kandinsky como un pretexto



**
Kandisnky como un pretexto

Decimos el arte abstracto, por ejemplo,
y después hablamos de un color que crece,
de una línea en movimiento,
de un punto que toca fondo;
y sabemos que detrás de todo eso
existe una seguridad desesperada.

Sin embargo ya no se trata de significaciones
sino de saber qué haremos con la perfección
mientras la materia pierde peso,
el orden se contradice
y la armonía nos envuelve con una telaraña equilibrada
que tampoco escapa de la corrupción..

de Libro de viaje, 1982

**
El tiempo cobra peaje

El tiempo cobra peaje de todo lo que ha nacido para durar.
Peaje a la belleza, al porvenir, al odio;
peaje a ese montón de pelo atado en la nuca de la mujer,
a la mirada del hombre,
a las palabras que se dicen, al sentido:
                      peaje aún sin saberlo,                
                      como existen caminos aunque no vamos a ninguna parte.

Ellos se han sentado allí, mesa de por medio, con la 
                       intención de eternidad que aturde a todo lo transitorio;
                       solos y a la vez acompañados,
                       en estado de mudanza;
condenados a buscar cómo se sale de la contradicción.

El tiempo cobrando peaje es infalible;
y yo mismo, a mi pesar, sin ser el tiempo cobro peaje:
    no soy el tiempo, pero soy el que mira.

de Café Bretaña, 1994

**
(Charcas y Paraná)

En esta esquina se habla solo: solo
y a gritos como 
si hablar fuera otra cosa: y lo es.
                                           Lo difícil
es darle sentido a todo esto: aquí
no se habla de otra cosa.

                                  Un chico
todavía pulcro, con acento del norte, me pregunta si el barrio
            está cerca: simplemente el barrio, sin saber a dónde va
            con su helado en la mano: recién llegado
a esta esquina en la que se habla solo: y
es fácil adivinarle el futuro: el futuro no existe, pero
lo va exhibiendo su cara indefensa, su pregunta abstracta.
                                   No existe
pero es fácil: lo difícil
es saber dónde está el barrio
y que tenga sentido hablar en esta esquina.

de Calles, 2004

Santiago Sylvester, Salta, 1942
imagen de Wassily Kandinsky, Yellow, Red and Blue

domingo, enero 29, 2012

un pensamiento huérfano




**
Cutral Có

I
Tuvo río sólo por un día. Arrastró 
casas, perros y 
gente por 
kilómetros,
durante un marzo hecho 
enteramente
de agua.

II
Un desierto lo rodea.
Por las noches, a un tiempo,
los pequeños animales que
lo pueblan, 
abren sus ojos,
y otra luz se hace.

III
La leche por la mañana, las tizas 
de colores, las rodillas dolientes, los 
árboles sacudidos violentamente
en una tarde marrón de arena
y cardos rusos. 
Ben Hur en la tele.
Mi temor al ridículo, sobre
el mantel de una mesa rodeada
de sonrojadas amigas calladas.

IV
Suena fuerte buena música
del terreno vecino. Ellos han sacado
sus sillas al fresco y charlan,
y ríen. Otros días, algo más malos,
se recriminan duramente
las horas opresivas, los hijos
inesperados.

V
Mis padres se amaron 
un tiempo razonable. Luego, 
se dedicaron a criar a sus hijos, 
a trabajar, a pasar los años.
Ahora, teme uno la falta del otro.
Como suelen decir:
lo sobrenatural es
lo más natural.


de Infierno, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999

**
Monet

La mosca sobrevuela, interesada,
la gota de sangre
que brilla sobre el piso mugroso.

Zumba, se posa,
huele
el infierno de la carne.

El verano muy pronto
llegará a importunarnos,
como quien se empeña en devolver
algo que hemos arrojado lejos
y adrede.

Las mariposas no harán
más que dejarse caer detrás
del horizonte;
los hombres jadearán
en sus ejercicios vespertinos,

y vendrán con sus piernas de lodo
e irán con sus piernas de lodo:
gruesos ídolos, henchidos
en sus ropas deportivas.

Habrá dos cuerpos encimados en la siesta,
a quienes hastiará menos el sudor
que la práctica casi diaria.

de La pasajera de arena, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1992

**
Hubo un sueño del que quise 
despertar. Lo demás fue día 
solar, día eterno, día 
laboral.
Volver a lo que era, otra 
ahora 
queda este pensamiento único, 
huérfano de piedad y de virtud, 
obsesionado de pupila quieta.
Todo lo fijo es de temer.

de Como mil flores, Hipólita Ediciones, Rosario, 2007

Macky Corbalán, Cutral Có, Neuquén, 1963
imagen de Elena Baca© – Life is a long song, en Uno de los nuestros

martes, enero 24, 2012

como un hombre es capaz



Las necesidades de un hombre

I
Ámame, cariño, con todo lo que eres,
sentir, pensamiento, percepción;
ámame en mi parte más banal,
ámame tal como soy.

II
Ámame con tu osada juventud
en su franca sumisión;
con la promesa de tu boca,
con su tierno silencio.

III
Ámame con tus ojos azules,
hechos para una entrega devota;
¿puede la verdad celestial ser defectuosa
si lleva los colores del cielo?

IV
Ámame con tus párpados cayendo
como la nieve al encontrarse por primera vez;
ámame con tu corazón, que todos
los vecinos así oyen latir.

V
Ámame con tu mano extendida
libremente —desprejuiciada:
ámame con tu pie vagabundo,—
oyendo uno rezagado.

VI
Ámame con tu voz, convirtiéndose
en débil sonido sobre mí;
ámame con el rubor que arde
cuando susurro: ¡Ámame!

VII
Ámame con tu alma pensante,
rómpela para suspirar por amor;
ámame con tus pensamientos siguiendo
el curso de la vida— la muerte.

VIII
Ámame con tus bellas maneras;
cuando el mundo te haya coronado;
ámame, arrodillada cuando rezas,
con los ángeles a  tu alrededor.

IX
Ámame pura, como lo hacen los que reflexionan,
a la sombra de los bosques:
ámame con alegría, espontánea  y sincera
como una dama encantadora.

X
A través de todas las esperanzas que nos mantienen valientes,
lejos o cerca,
ámame por la casa y la tumba,
y por algo más elevado.

XI
Así, me demostrarías, Amada,
que el amor de una mujer no es un cuento.
Yo te amaré —medio año—
como un hombre es capaz.


Elizabeth Barrett Browning, Kelloe, Durham, 1806- Florencia, 1861
en The love poems of Elizabeth and Robert Browning, Barnes and Noble Books, New York, 1994
Versión  © Silvia Camerotto
imagen de Vladimir Clavijo – Telepnev© – Russian Serie, en Uno de los nuestros

A Man's Requirements

I
Love me, Sweet, with all thou art,
   Feeling, thinking, seeing;
Love me in the lightest part,
   Love me in full being.

II
Love me with thine open youth
   In its frank surrender;
With the vowing of thy mouth,
   With its silence tender.

III
Love me with thine azure eyes,
   Made for earnest granting;
Taking colour from the skies,
   Can Heaven’s truth be wanting?

IV
Love me with their lids, that fall
   Snow-like at first meeting;
Love me with thine heart, that all
   Neighbours then see beating.

V
Love me with thine hand stretched out
   Freely—open-minded:
Love me with thy loitering foot,—
   Hearing one behind it.

VI
Love me with thy voice, that turns
   Sudden faint above me;
Love me with thy blush that burns
   When I murmur Love me!

VII
Love me with thy thinking soul,
   Break it to love-sighing;
Love me with thy thoughts roll
   On through living—dying.

VIII
Love me when in thy gorgeous airs,
   When the world has crowned thee;
Love me, kneeling at thy prayers,
   With the angels round thee.

IX
Love me pure, as musers do,
   Up the woodlands shady:
Love me gaily, fast and true
   As a winsome lady.

X
Through all hopes that keep us brave,
   Farther off or nigher,
Love me for the house and grave,
   And for something higher.

XI
Thus, if thou wilt prove me, Dear,
   Woman’s love no fable.
I will love thee—half a year—
   As a man is able.

miércoles, enero 18, 2012

explorar la tensión superficial



**

erguirse es una forma de volver



un hilo de seda separa
la curva de la recta
trabaja el aire
con el filo del regreso

la reverencia
toma del cielo las nubes de los ojos
y engorda la tierra


la visita se nubla en la meseta


la tierra alcanza su punto de hervor


la madre sopla
y entibia el viaje
de la cuchara a la boca


es prudente
quedarse en la burbuja
explorar
la tensión superficial


no dejar
que la comida se enfríe


ni que el tiempo 
nos vuelva inflamables


Silvia Castro, Río Negro, s/d
de Ciigüeñas, en La selva fría, Ediciones en Danza, 2006
imagen de Laura Wächter©, Amo el barroco

lunes, enero 16, 2012

irene gruss. selección



**
Fue una fiesta

Es difícil escribir un paraíso cuando todas las indicaciones superficiales
 hacen pensar que debe escribirse el Apocalipsis. Ezra Pound

Ya no.
Despreocuparse
en medio de plena guerra, cuando
todo era diversión, y pasión,
y era guerra.
Entretenidas anécdotas entre Picasso y 
sus mujeres: Gertrude Stein
manejando una camioneta de la 
Cruz Roja Internacional, en el paisaje
del frente.
Éluard haciendo el amor en medio de
la guerra: "¿Qué íbamos a hacer?"
Ya no. El amor ahora apenas
sostiene,
apenas descubre,
salva,
corrobora conclusiones, situaciones
tontas.

**
La risa

Sabe reír. En medio
del dolor se ríe
y juega.
En medio del dolor
habla claro,
cuanta que todo es simple y claro:
un cuerpo, un mueble, las personas
que miran, hacen,
juegan;
asusta
su buen humor
para todo, su fastidio
por la ambigüedad.
Sabe reír:
"Nunca hubo ninguna cosa buena (el
sol, la gente) que 
no estuviese compensada
con el dolor,
y al revés,
por qué no al revés, dice.

Para Hebe Uhart

**
Mutatis Mutandis

Por favor no sufran más,
me cansa, 
dejen de respirar así
como si no hubiera aire
dejen el lodo, el impermeable,
y el vocabulario,
me cansa,
la mujer 
deje de tener pérdida    ese chorro sufriente,
los padres dejen el oficio de morir,
el daiquiri o el arpón
en el anca, y aquel perfume matinal,
la Malasia,
y al Cristo
solo como un perro,
y al amor como
un fuego fatuo,
y a la muerte,
déjenla en paz,
me cansa
(¿algo ha muerto en mí?;
tanto mejor).
Así que,
valerosos,
amantes,
antiguos, 
huérfanos maternales que acurrucaron
al mundo
después
de la guerra,
dejen el rictus,
oigan
y despídanse, por una vez,
sin grandeza.

Irene Gruss, Buenos Aires, 1950
de El Mundo Incompleto, en Mitad de la Verdad, Obra Poética reunida 1982-2007, Bajo la Luna Poesía, Buenos Aires, 2008
imagen de Annik Bouvattier

domingo, enero 15, 2012

y ahora dime que me amas




**
Y ahora dime que me amas

Te dejaré sola en casa
Fregarás por mí los platos
Amaré por ti a otras
Te arrancaré una costilla
Construiré el mundo en seis días
Te sacaré de paseo los domingos
Tendrás derecho a votar
Alquilarás vídeos
Dormirás sola
Te preguntarás por mí
Sabrás llorar cuando te perdone
Y también cuando te olvide
…y ahora
dime que me amas.

**
Los Impostores

El olvido es la madrugada donde el miedo les hace fuertes
son como amantes inexpertos despidiéndose una y otra vez
sin terminar de pronunciar nunca el definitivo adiós.
Los impostores conocen todas las entradas y salidas de los sueños
todos los rodeos que hay que dar para llegar antes a ninguna parte.
Los impostores se suceden uno tras otro
confundidos entre la niebla y el amor ciego
son el ir y venir de una misma cosa
el plazo de una deuda que no se paga.
Ellos trazan las fronteras de países imaginarios
y juegan a conquistarlos desafiando al miedo.
Son audaces ante la adversidad
y pálidos bajo el fuego.
Ellos siempre andan pisándose los talones
en su loca carrera por no ser advertidos.
Frente a la verdad son invisibles
mudos frente al silencio.
Los impostores nunca tienen el mismo rostro
ni usan palabras que los delaten,
emboscados en sus viejas gabardinas
los impostores pasean al acecho bajo la lluvia.
Dicen venir de lejos
pero son siempre del mismo lugar
sus huellas no perduran
sus manos frías cambian de color
cuando alguien las estrecha.
Los impostores habitan el amor
como se habita una casa vacía,
mienten para sobrevivir
y viven con la incertidumbre atada al cuello.
Los impostores nos engañan con su certeza transparente
nos conducen sin tregua ni descanso
al lugar de siempre.
Los impostores somos nosotros
cuando cerramos los ojos
frente al amor que duele.

**
No requería el paraíso

No requería el paraíso
jardines sostenidos
ni hélices para soñar.

Poseían nuestros actos
la sencilla consistencia de la rosa
y heridas justas para la espina.

Alimentamos el hambre de Dios
con el pecado de nuestra carnes
como alimenta la loba
su voraz camada en el guarida.

Ahora residimos cautivos del miedo
en la morada prohibida del deseo,
envejecidos por el hambre
bajo la mirada del ángel caído.

Sin palabras
nos entendemos,
y hemos aprendido a conocer
las cosas por su ausencia.


 Uberto Stabile, Valencia, 1959
imagen de Larissa Morais, en Uno de los nuestros

jueves, enero 12, 2012

olas como rencor





***
Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría, 
tu persistente cólera, 
para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
oh mundo desangrado, 
para acabar con todo. 

Arde, sombrío, arde sin llamas, 
apagado y ardiente, 
ceniza y piedra viva, 
desierto sin orillas. 

Arde en el vasto cielo, laja y nube, 
bajo la ciega luz que se desploma 
entre estériles peñas. 

Arde en la soledad que nos deshace, 
tierra de piedra ardiente, 
de raíces heladas y sedientas. 

Arde, furor oculto, 
ceniza que enloquece, 
arde invisible, arde 
como el mar impotente engendra nubes, 
olas como el rencor y espumas pétreas. 
Entre mis huesos delirantes, arde; 
arde dentro del aire hueco, 
horno invisible y puro; 
arde como arde el tiempo, 
como camina el tiempo entre la muerte, 
con sus mismas pisadas y su aliento; 
arde como la soledad que te devora, 
arde en ti mismo, ardor sin llama, 
soledad sin imagen, sed sin labios. 
Para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
para acabar con todo.

Octavio Paz, Ciudad de México, 1914 - 1998
imagen de Anne Arden McDonald, Untitled Self Portrait 10, Rhode Island, 1987 en Anne Arden McDonald, con la autorización de la autora

domingo, enero 08, 2012

geoffrey hill. tenebrae




Tenebrae

Estaba tan cansado que apenas si podía escuchar una nota de las canciones: se sentía atrapado en una región fría donde su cerebro estaba entumecido y su espíritu aislado.

1
Recompensa a  este ángel cuya
cara sonrojada y sedienta
se inclina ante el sacrificio
de donde surgió.
Este es el señor Eros
del dolor que no compadece
a nadie; es
Lázaro con sus llagas.

2
Y tú, quien con tu suave pero penetrante voz
me sacaste del sueño donde me hallaba perdido,
quien me mantuvo cerca de su corazón para que descansara
confiado en la oscuridad que habías elegido:
poseído por ti, elegí no tener opción,
satisfecho en ti, no busqué otra misión.
Me retienes ahora en el temor que sofoca la confianza,
en la desolación en donde mis pecados se regocijan.
Soy apasionado, entonces tú transformas mi deseo
con dolor; pareces desapasionado
entonces retrocedo ante todo lo que ganaría,
lastimándome a mí mismo con el olvido,
éxtasis falsos, que tu sostienes en la verdad
así como sostienes cada elemento de tu cruz.

3
Ven Redentor, pero no en nuestro tiempo.
Cristo Resurgido, completamente fuera de este mundo.
Ave María, gritamos; los ecos regresan.
El amor carnal es nuestra morada.

4
Oh luz de luz, deleite supremo;
gracia en nuestros labios para nuestra desgracia.
El tiempo se posa en todas esas muñecas de oro;
nuestra mezquindad es nuestro lujo.
Nuestro amor es lo que ambicionamos tener;
nuestra fe está en nuestras celebraciones.

5
Imágenes desconcertantes del dolor en el sueño,
súcubas para el natural dolor de mi corazón,
aférrense a mí, entonces; tu que no abandonarás
tu amor ni lo perderás en algún vacío temporal. 
Vienes con el permiso de su nombre todo
a decirme que eres mía. Pero no lo eres
y tampoco ella. ¿Puede mi propio aliento ser herido
por sombras jadeantes que gimen en su juego?
Sí, puede. Las mejores sociedades del infierno
lo confirman, surgidas de lo que saben:
la ira consumada reconquistada allí en su totalidad
tal como la fidelidad lo exige, golpe a golpe,
y la rectitud que imita su propia caída
revolcándose en abstinencia sensual y aflicción.

6
Este es el depósito de cenizas de la fogata de azucenas,
este es el cuestionamiento de las grandes mesas,
este es el matrimonio verdadero del ser con el ser,
esta es la furiosa soledad del deseo,
este es el coro del consentimiento obsceno,
esta es una única voz de la más pura alabanza.

7
Él hiere con éxtasis. Todas
las heridas le pertenecen.
Lleva la corona del martirio.
Él es el señor de la Anarquía.
El es el amo de los Trepadores,
las facciones heterogéneas.
Regocijándose en augurios
es el Llorón de las separaciones.

8
La música sobrevive, componiendo su propia esfera,
Ángel de tonos, Medusa, Reina del aire,
y cuando nos acercamos a ella con gritos reales
plata sobre plata, tiembla hasta congelarse.

Geoffrey Hill, Bromsgrove, 1932
en New and Collected Poems, 1952-1992. Copyright © 1994 de Geoffrey Hill. Con autorización de Houghton Mifflin Company. Todos los derechos reservados.
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Fredrik Ödman©, The Creation Serie, en Uno de los nuestros


Tenebrae

He was so tired that he was scarcely able to hear a note of the songs: he felt imprisoned in a cold region where his brain was numb and his spirit was isolated.

1
Requite this angel whose   
flushed and thirsting face   
stoops to the sacrifice   
out of which it arose.   
This is the lord Eros
of grief who pities
no one; it is
Lazarus with his sores.

2
And you, who with your soft but searching voice   
drew me out of the sleep where I was lost,   
who held me near your heart that I might rest   
confiding in the darkness of your choice:   
possessed by you I chose to have no choice,   
fulfilled in you I sought no further quest.   
You keep me, now, in dread that quenches trust,   
in desolation where my sins rejoice.   
As I am passionate so you with pain   
turn my desire; as you seem passionless   
so I recoil from all that I would gain,   
wounding myself upon forgetfulness,   
false ecstasies, which you in truth sustain   
as you sustain each item of your cross.

3
Veni Redemptor, but not in our time.   
Christus Resurgens, quite out of this world.   
‘Ave’ we cry; the echoes are returned.   
Amor Carnalis is our dwelling-place.


O light of light, supreme delight;   
grace on our lips to our disgrace.   
Time roosts on all such golden wrists;   
our leanness is our luxury.
Our love is what we love to have;   
our faith is in our festivals.

5
Stupefying images of grief-in-dream,   
succubae to my natural grief of heart,   
cling to me, then; you who will not desert   
your love nor lose him in some blank of time.   
You come with all the licence of her name   
to tell me you are mine. But you are not   
and she is not. Can my own breath be hurt
by breathless shadows groaning in their game?   
 It can. The best societies of hell
acknowledge this, aroused by what they know:   
consummate rage recaptured there in full   
as faithfulness demands it, blow for blow,   
and rectitude that mimics its own fall   
reeling with sensual abstinence and woe.

6
This is the ash-pit of the lily-fire,
this is the questioning at the long tables,   
this is true marriage of the self-in-self,   
this is a raging solitude of desire,   
this is the chorus of obscene consent,   
this is a single voice of purest praise.

7
He wounds with ecstasy. All
the wounds are his own.
He wears the martyr’s crown.
He is the Lord of Misrule.
He is the Master of the Leaping Figures,   
the motley factions.
Revelling in auguries
he is the Weeper of the Valedictions.


Music survives, composing her own sphere,   
Angel of Tones, Medusa, Queen of the Air,   
and when we would accost her with real cries   
silver on silver thrills itself to ice.