Dársenas
(hoja de bitácora con proa a los abismos)
POESÍA Y TRADUCCIÓN
Dársenas
(hoja de bitácora con proa a los abismos)
Que me tuvo no
En una sola ocasión soñé que yo no era
en una sola ocasión soñé que yo no era quien soy
que yo no era un animal fabuloso
un animal animado por la fábula
En una sola ocasión soñé careciendo
de mis tradicionales atributos
una sola vez me soñé intrascendente:
un sujeto cualquiera redactando
un simple texto referido
a un sueño que me tuvo no
como animal fabuloso.
Rolando Revagliatti, Buenos Aires, 1945
De Habría que abrir, Leviatán, Buenos Aires, 2023
El árbol de la vida ha caído
Secuela
Impulsados por el imán de la calamidad
merodean y miran como si la casa
quemada fuera de ellos, o como si pensaran
que en cualquier momento algún escándalo pudiera escurrirse
de un armario asfixiado por el humo;
ni muerte ni heridas prodigiosas
sacian a estos cazadores de vieja carnaza,
de rastro de sangre de tragedia austera.
Madre Medea con su túnica verde
se mueve humilde como cualquier ama de casa por
sus estancias en ruinas, haciendo el inventario
de zapatos calcinados, de tapicería empapada:
privada de la pira y la tortura,
la multitud le sorbe la última lágrima y le vuelve la espalda.
Silvia Plath, Boston, 1932- Londres, 1963
De The Colossus and other Poems, en Sylvia Plath, Mondadori, 1999
Traducción de Eli Tolaretxipi
Aftermath
Compelled by calamity's magnet
They loiter and stare as if the house
Burnt-out were theirs, or as if they thought
Some scandal might any minute ooze
From a smoke-choked closet into light;
No deaths, no prodigious injuries
Glut these hunters after an old meat,
Blood-spoor of the austere tragedies.
Mother Medea in a green smock
Moves humbly as any housewife through
Her ruined apartments, taking stock
Of charred shoes, the sodden upholstery:
Cheated of the pyre and the rack,
The crowd sucks her last tear and turns away.
He caído a tu lado
Te quedaste en silencio con los ojos cerrados.
Te besé la nuca
y casi no sabía.
Estoy triste, angustiado
no sé decirte nada más.
¡Oh me parece que no quieres más!
Es tan triste este momento.
Tengo miedo de que todo haya terminado.
No me dices nada más.
Estoy terriblemente solo
y abatido.
Al menos antes esperaba
y temblaba, ignorando.
Ahora no sé
pero estoy enfermo,
muy enfermo.
¡Oh cómo me dejó solo
tu beso!
Recuerdas, niña:
"Sin una mujer a quien guardar en mi corazón,
nunca la tuve y nunca la tendré. Solo; exhausti
de inmensos deseos..."
Siento que vuelvo a ese infierno,
cuando escribí esos versos.
Pero entonces ya estaba resignado.
Ahora tengo un terrible veneno en mi sangre
y el asco del cigarrillo
que fumé para soñar contigo
me revuelve la garganta.
¿Ya no sientes nada?
Oh tu ternura
de esta tarde maldita
me devolvería la vida.
Pero no me dijiste nada más
y me parece que será así para siempre.
¡Oh no podía creer
que fuese amado!
Tener una mujer,
un cuerpo vivo, un alma,
un corazón humano pobre y divino
que soñó conmigo.
Sin embargo,, eso esperaba.
Lo esperaba a tu lado,
en los dulces besos,
en las palabras tranquilas
que mueren de ternura.
Lo que pensé en mi corazón ardiente
temblando por tu sonrisa.
Oh, si fuera un espasmo,
si pudiera gritar
todo convulso
como lo he hecho muchas veces
antes de tus besos,
pero no, es un dolor cansado,
que envenena mi sangre
con las náuseas del tabaco
y el asco
y la incertidumbre.
Volver a vivir una vida oscura ahora
estéril, cansada,
después de ese paraíso
ya no puedo, no puedo.
Necesito tenerte a mi lado
y abrazarte
y verte sonreír
y llorar y soñar
y cerrar los ojos
a tantos besos
y volver a decir palabras
para mí solo.
¡Oh, qué náuseas, qué angustia tan horrible!
Sólo abrazado a ti
puedo seguir con vida.
Será egoísmo sin amor,
me avergonzaré,
pero te ruego que me dejes escuchar otra vez
tu hermoso amor,
hazme creer de nuevo,
con tu cabello desvastado
con tus bajos párpados oscuros
como violetas marchitas,
que no soy un mendigo en la vida
rechazado por todos.
Hazme olvidar eso
en tus besos divinos.
Oh niña si supieras lo mucho que sufrí
cuando no me dijiste nada esta noche.
[noche del 30 de agosto de 1927]
Cesare Pavese, Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950
De Poesía completa, traducción de Jorge Aulicino, Barnacle, Buenos Aires, 2025
Ti son caduto accanto
Tu stavi muta colle ciglia chiuse. Ti baciavo la nuca e quasi non sapevo. Sono triste, angosciato, più nulla ti so dire. Oh mi pare che tu non voglia più! E’ tanto triste adesso quell’istante. Ho paura che tutto sia finito. Non mi dici più nulla. Sono solo terribilmente solo e avvilito. Prima almeno speravo e trepidavo ignaro. Ora non so, ma sto male tanto male. Oh come mi ha lasciato solo il tuo bacio! Tu ricordi, bambina: «Senza una donna da serrarmi al cuore mai l'ebbi e mai l'avrò. Solo; stremato da desideri immensi...» Mi par di ritornare in quell’inferno quando scrivevo quei versi. Ma allora ero già tanto rassegnato. Ora ho nel sangue un veleno terribile e il disgusto del fumo che ho respirato per sognare di te mi rivolta la gola. Tu non senti più nulla? Oh una tua tenerezza in questa sera maledetta mi ridarebbe la vita. Ma tu non mi hai detto più nulla e mi pare vorrai così per sempre. Oh non potevo crederlo di essere amato! Di avere una donna, un corpo vivo, un’anima, un povero e divino cuore umano che sognasse di me. Eppure l’ho sperato, accanto a te l’ho sperato, nei baci dolci, nelle parole sommesse moribonde di tenerezza. L’ho ripensato nel cuore ardente trepidante di un tuo sorriso. Oh se fosse uno spasimo, se potessi urlare tutto sconvolto come ho fatto tante volte prima dei tuoi baci, ma no, è una sofferenza atroce ma stanca, che mi avvelena il sangue con la nausea del fumo e il ribrezzo e l’incertezza. Tornare adesso a far la vita buia sterile, stanca, dopo tutto quel paradiso non posso più non posso. Ho bisogno di averti d’accanto e di stringerti a me e vederti sorridere e piangere e sognare e socchiudere gli occhi a tanti baci e ridirmi parole per me solo per me solo. Oh che nausea che angoscia orribile! Solo più stretto a te posso reggere in vita. Sarà egoismo senz’amore, me ne vergognerò anche, ma ti supplico fammi ancora sentire il tuo amore bello, fammi credere ancora coi tuoi capelli devastati, colle tue palpebre scure abbassate come viole appassite, che io nella vita non sono un mendicante rifiutato da tutti. Fammi dimenticare questo nei tuoi baci divini. Oh bambina se tu sapessi quanto ho sofferto quando stasera non mi hai detto nulla.
llamaría distinto al pasado
no desde la tiranía de la mañana.
Sin vacilar ante los labios
oscuros de la muerte
te daría un nombre
del más áspero sentido
hocico erizado
de ansia y de pasión
astro infinito
que siempre recomienza.
Jonio González, Buenos Aires, 1954, reside en Barcelona
de Muro de máscaras, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1987
I
Le hablo a la pared.
Hay quien escribe poemas
en un muro y luego se despide, tira
la carbonilla a un lado.
Lo mío es hablarle siempre a la pared,
antes de que la derrumbe un fuego
o el tiempo simple.
Ah, ilusa,
empecinada en atender lo que calla,
lo que dice.
Irene Gruss, Buenos Aires, 1950-2018
De La pared, Editorial Nudista, Cosquín, 2012
La novelita rosa
Extrañamente, te extrañaba,
en la ciudad indiferente,
en el frío y la lluvia que antes eran
pretextos fabulosos.
Había mucha gente, pero nadie
con quien hablar, que comprendiera nada.
Había mucha gente en la calle desierta
y yo qué sé: silbaba,
te daba besos, te seguía,
incapaz de vivir sin la novela,
la novelista rosa de mi amor
que yo me escribo y yo me vendo.
1979
Raúl Gustavo Aguirre, Buenos Aires 1927- Olivos 1983
De La estrella fugaz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984
I
hablamos de Ayer,
de tu rincón
del Ubajay con sisiríes y garzas
(en el arrozal/una garza
una garza sola/ una garza)
tenías en otro tiempo un corderito,
y se lo llevó el río
(¿o aquella casita blanca?
Ahora
ni el grito de los teros
ni sus pequeñas alas
estoy preparando la huida, decís,
y yo no sé hacia dónde iremos
con el cuerpo o la cabeza
esta mañana
Levantamos los vasos,
la jarra
entorna al agua
pero qué celebrar
por el televisor pasa el entierro
de Arafat
Abu Ammar
Abu Ammar
pasa el entierro de Arafat
(si la mecedora fuera un ala
si el ala fuera una flor)
si la mecedora fuera
un ala, prepararíamos la huida
para dos.
María Teresa Andruetto,
de Poesía Reunida, 'Hoy', Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019