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jueves, agosto 07, 2025

Eduardo Aibineder. Nada es suave



 NADA ES SUAVE

para el que cae

ni el idílico poema

del principio

ni la arena, ni el agua

o la mullida piel del conejo.

Nada es suave:

El poema del principio puja

contra el poema del fin;

todos los días un duelo.

A su vez,

el mundo dividido

entre los que acompañan

al poema del fin

hasta sus últimas consecuencias

y los que no

(en esto, como en todo,

hay volátiles propósitos opuestos).

Quien interminablemente cae

día a día manipula

los resultados

en favor del poema del fin.

Nada es suave para el que cae:

el poema del fin

exige ser leído

con un desplome óptico.


Eduardo Aibinder, Buenos Aires, 1968

de Quién es quién, en 'La orden que vino de arriba', Bajo la Luna, Buenos Aires, 2025

 

viernes, agosto 19, 2016

eduardo aibinder. selección de ¡párense derecho!




















Primero:

Llegará el día en que podré exclamar
a mis seres queridos, personal doméstico, proveedores en general:
Vengo de renunciar y estoy en éxtasis.
Segundo: en la construcción de la Gran Obra
apenas soy un insignificante operario;
en cuanto mis superiores se distraen
aprovecho para no hacer nada,
cuando intensifican los controles
le soy infiel al trabajo con la mente.
Tercero: si fuera mi tarea bajarles el pulgar uno por uno
a objetos que se ofrecen a la contemplación estética,
no le ofrecería el mismo brazo a una anciana decrépita
para pasearla por las calles,
además, a qué moverse de casa si no sólo el metal
también lo blandengue se amoneda y circula.
Cosas que respondí, cuando me preguntaron
si mi experiencia fue significativa.


***
¡Pobre mí!

¡Pobre Richard!
Henry James

por no saber cómo seguir, 
renuncia a moverse de su casa,
rompe su única tarjeta de visita,
se le pasa la hora de la cita,
el carruaje se le vuelve calabaza.
¡Pobre E! Por no saber qué hacer
hace secretas visitas de media hora
por las cuales no recibe
agradecimientos ni besos,
lo reciben focas recostadas
sobre amplios sillones,
o algunas veces un paisaje
con mortandad de peces.
¡Pobre H! Por no saber qué esperar,
espera que arañas, cucarachas y otras
indeseables compañías domésticas
den paso a esculturales señoras.
Y cuanto más pasan las horas
más vira a un tenebroso gris
la alfombra roja, menos da la bienvenida.


Eduardo Aibinder, Buenos Aires,  1968
de ¡Párense derecho!, Gog & Magog, Buenos Aires, 2015

domingo, diciembre 27, 2015

eduardo aibinder. ¡Párense derecho!



Si no le gusta

que golpeen a su puerta
se transforma en un pariente pobre
en un recién llegado, inoportuno siempre.
Si no le gusta lo sucio
se viste como un deshollinador.
Si no le gusta salir de su casa, oficia de cicerone;
de noche, parado en ciertas esquinas,
señala a las niñas que hermosean el paisaje
tomadas del brazo con quienes lo decepcionan.
Si no le gustan las plantas
se las encuentra a cada momento.
Con una cara le ocurre, que si la desagrada
se transforma en esa cara.
Cuando se lo mira de lejos
se ve venir el fantasma de un pelele,
cuando se lo observa de cerca
se ven irse uno a uno los sueños en retirada
de quien se convierte en todo lo que abomina.


Eduardo Aibinder, Buenos Aires, 1968
de ¡Párense derecho!, Gog y Magog, Buenos Aires, 2015
imagen de 

viernes, febrero 11, 2011

eduardo aibinder. el hombre bala del circo



















Bastard Son Los Que Lo Cuidamos

Salvarse del terror paterno y
salvarse de cuidar al padre
enfermo. Que nunca tuvo enemigos:
pero sentados al borde de la
cama; para los que lo cuidamos
es imposible una redención cuando
lo que queda es aire de tormenta.

**

Borde de la cama

Lo real no se parece a nada:
un padre no es el hombre bala
del circo, alguna vez tuvo esa fuerza
en el cuerpo, ahora le dice al médico:
"terminaron mis hazañas" mientras
se sienta al borde de la cama:
para dar o no su salto mortal.

**

Mundo exterior

Un camillero corriendo
bajo la lluvia, piensa:
que ahora la tormenta ha dado una tregua
y "el mundo se ha vuelto hospitalario"
no cordial, hospitalario:
rodeado de enfermos.

**

Si mi padre fuese el hombre bala del circo

Si mi padre fuese
el hombre bala del circo podría
despegar de la camilla en la que está
montado y circula por los pasillos
del hospital. Si fuera el enfermero
que lleva esa camilla
le diría a mi padre: "Te llevo
como un botín, prendido a un
enemigo arrepentido y sin fuerzas
ahora a la merced de todos".

**

El hijo de G.T. apunta contra nosotros

La fruta de sobrepique caída,
remite a un tiempo
accidentado: a la fruta
pasada de época. La época pasa
se posa sobre el padre caído
sobre el hombre bala
del circo y los traspasa.

**

Si fuese el enfermero que lleva a mi padre

Si fuese el enfermero que lleva
a mi padre por los pasillos del hospital
pensaría que ese acto es una
peregrinación sin fe. El hombre
bala del circo piensa que en su
salto no va a morir
y es una fe arrojada al vacío.

**

Pasillo de hospital hacia afuera

La camilla hizo
un giro brusco en la oscuridad:
ha muerto mi padre y
nadie sabe dónde anda,
ni quién le perdonará los abandonos
a esta camilla que ha tomado
definitivamente autonomía.

**

Convertido ocasionalmente en ambulancia

No son catástrofe unas
mariposas estrellándose contra el
motor de un auto, convertido
ocasionalmente en ambulancia,
si las comparáramos con mi mamá
que pasó gran parte de su vida
contemplando
su herida madre,
delineando la cicatriz curvada en
su pierna como esos automovilistas
que en una curva
han perdido todo, incluso sus vidas.

Eduardo Ainbinder, Banfield, 1968
en Poesía en la fisura, Ediciones del Dock, Selección y prólogo Daniel Freidemberg, Buenos Aires, 1995
imagen obtenida de Dónde está Houdini del Sr. Werty