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lunes, agosto 11, 2025

Ignacio Di Tullio, Él también trabaja a golpe de sol

 


Él también trabaja a golpe de sol.

Boca arriba, en un rincón del patio

traza un ángulo con las medianeras

y a ojo corta un vértice del cuadro.

Le gustaría poder enmarcar todo el cielo

pero sus  herramientas  le permiten recortar

solo una escuadra, un fragmento.

Miren al inmigrante

recostado en el banco de cemento

como esos animales que se camuflan

para escapar de sus predadores

pasa el resto del día preguntándose

cómo hacer para formar parte del paisaje.

 

Ignacio Di Tullio, Villa Adelina, Buenos Aires,1982, 

De Famiglia,  Fragmento ‘Del cielo’, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2024, Segunda edición

sábado, agosto 19, 2017

ignacio di tullio. el sudor de mi padre y otro

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***
El sudor de mi padre

Cuando yo tenía cuatro años
todas las mañanas después del ejercicio
mi padre dejaba a secar su ropa en un perchero.
Mientras se duchaba yo entraba en su habitación
y olfateaba con curiosidad biológica.
A distintas hora, volvía a comprobar
cómo variaba su olor.

Las mismas ropas vueltas a sudar
cada día, durante semanas.

Cuando yo tenía siete años, después del trabajo
mi padre dejaba el maletín en el psio
para recibir mi abrazo.
En sus camisas, la intemperie
las calles donde había estado.
No era la violencia uniforme de los desconocidos.
Tenía olor a mi padre
la ropa de mi padre.

***
Como si pertenecieran a diferentes cuerpos

De vuelta de trabajo
se está lavando las manos.
Desde la mesa lo reciben gritos domésticos.
Mi padre saluda, dice ya voy
mientras se saca la mugr
de debajo de las uñas.
Se toma su tiempo
rasca, frota
como si pertenecieran a diferentes cuerpos 
sus manos se saludan.

El agua se lleva
espuma
calle
mugre.

Lava todo lo que este hombre
se trae entre manos.


Ignacio Di Tullio, Buenos Aires, 1982
de Famiglia, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015


jueves, noviembre 10, 2016

ignacio de tullio. las hienas




















Las hienas

Desde tu contestador automático
la voz de mi madre pronuncia tu nombre
como si fuese lo único que sabe decir.
Al nacer, dos palabras nos son dadas
como único patrimonio.
Una pequeña parcela donde crecer, criar hijos
servir de abono a la tierra.
Pues bien, mi madre ocupó tu terruño
y con las palabras de tu nombre 
hizo una hoguera de leña húmeda
para espantar las hienas.
También ella será la encargada
de barrer las cenizas, de mezclarlas
con lo que quede de tierra.

Ignacio Di Tullio, Buenos Aires, 1982
de Famiglia, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015

jueves, junio 23, 2016

ignacio di tullio, repubblica italiana



REPUBBLICA ITALIANA
Passaporto per l´ estero
7 Genn. 1950

El padre de mi padre me mira fijo desde la fotografía
Manovale, cruzó el océano
capaz de arrancar orejas con los dientes.
Quiso desgarrar, fornicar, comer tierra

nunca aprendió a hablar.

Sé de las trompadas en las orejas
y ahora a mi padre le falta oído
para algunas preguntas.

¿Cómo será vivir en la fotografía, descargando golpes en la cabeza?
Yo debería poder decir nonno
Mi padre, hablar de vos.

Tiene tu nombre empozado en una mano
Cada vez que lográs escapar de las fotos
la cierra.


Ignacio Di Tullio, Villa Adelina, 1982
en Famiglia, Ediciones del Dock, Colección "La verdad se mueve", 2016

domingo, marzo 06, 2016

ignacio di tullio. la nuez



La nuez

Casi al ras del suelo
todos los hombres que yo no era
miraban tu nuez subir y bajar
a cada trago.
Cuando me alzabas en brazos
estudiaba el recorrido del hueso irregular
que sobresalía de tu garganta
como de la piel de un reptil.
Atrapaba la nuez con el índice y el pulgar
y me entretenía obstruyendo su trayecto
hasta que te atragantaras de risa.

Creía que el hueso
cabía en el hueco de una mano.

Soñaba que un golpe podía partir ese fruto
y en su interior, la lágrima seca que duerme
en el corazón de los duraznos.



***

Recuerda siempre al hombre

Recuerda siempre al hombre que
cada sábado te despertaba
para que lo ayudaras con la casa.
Decía para qué llamar a alguien
si el único problema que no tiene solución
es la muerte.
Recuerda su cara crecida de sombra
y los ojos achinados por el humo del cigarrillo.
Subía a altillos y tejados
y vos lo esperabas al pie de la escalera
con la caja de herramientas.
Odiaste a ese cavernícola.
Decía dejame a mí, pedía
que le alumbraras con la linterna.
Recuerda
su catequesis.

Ignacio Di Tullio, Villa Adelina, 1982
en Famiglia, próximamente en Ediciones del Dock, Colección "La verdad se mueve"
imagen de Bahram Gonche