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domingo, septiembre 09, 2012

octavio paz. más allá del amor



Más allá del amor

Todo nos amenaza: 
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide 
al que fui 
del que seré, 
como el machete a la culebra; 
la conciencia, la transparencia traspasada, 
la mirada ciega de mirarse mirar; 
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba, 
el agua, la piel; 
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan, 
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba. 

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas, 
ni el delirio y su espuma profética, 
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan. 
Más allá de nosotros, 
en las fronteras del ser y el estar, 
una vida más vida nos reclama. 

Afuera la noche respira, se extiende, 
llena de grandes hojas calientes, 
de espejos que combaten: 
frutos, garras, ojos, follajes, 
espaldas que relucen, 
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos. 

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma, 
de tanta vida que se ignora y se entrega: 
tú también perteneces a la noche. 
Extiéndete, blancura que respira, 
late, oh estrella repartida, 
copa, 
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora, 
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.


Octavio Paz, México, 1914- 1998
en Libertad bajo palabra, FCE, México, 1970
imagen de Chris Anthony©, en Uno de los nuestros

lunes, junio 04, 2012

octavio paz. la vida sencilla


La vida sencilla

Llamar al pan y que aparezca 
sobre el mantel el pan de cada día; 
darle al sudor lo suyo y darle al sueño 
y al breve paraíso y al infierno 
y al cuerpo y al minuto lo que piden; 
reír como el mar ríe, el viento ríe, 
sin que la risa suene a vidrios rotos; 
beber y en la embriaguez asir la vida, 
bailar el baile sin perder el paso, 
tocar la mano de un desconocido 
en un día de piedra y agonía 
y que esa mano tenga la firmeza 
que no tuvo la mano del amigo; 
probar la soledad sin que el vinagre 
haga torcer mi boca, ni repita 
mis muecas el espejo, ni el silencio 
se erice con los dientes que rechinan: 
estas cuatro paredes ?papel, yeso, 
alfombra rala y foco amarillento? 
no son aún el prometido infierno; 
que no me duela más aquel deseo, 
helado por el miedo, llaga fría, 
quemadura de labios no besados: 
el agua clara nunca se detiene 
y hay frutas que se caen de maduras; 
saber partir el pan y repartirlo, 
el pan de una verdad común a todos, 
verdad de pan que a todos nos sustenta, 
por cuya levadura soy un hombre, 
un semejante entre mis semejantes; 
pelear por la vida de los vivos, 
dar la vida a los vivos, a la vida, 
y enterrar a los muertos y olvidarlos 
como la tierra los olvida: en frutos... 
Y que a la hora de mi muerte logre 
morir como los hombres y me alcance 
el perdón y la vida perdurable 
del polvo, de los frutos y del polvo.


Octavio Paz, Ciudad de México, 1914-1988
Imagen: Salvador Dalí, La cesta de pan, 1945

jueves, enero 12, 2012

olas como rencor





***
Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría, 
tu persistente cólera, 
para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
oh mundo desangrado, 
para acabar con todo. 

Arde, sombrío, arde sin llamas, 
apagado y ardiente, 
ceniza y piedra viva, 
desierto sin orillas. 

Arde en el vasto cielo, laja y nube, 
bajo la ciega luz que se desploma 
entre estériles peñas. 

Arde en la soledad que nos deshace, 
tierra de piedra ardiente, 
de raíces heladas y sedientas. 

Arde, furor oculto, 
ceniza que enloquece, 
arde invisible, arde 
como el mar impotente engendra nubes, 
olas como el rencor y espumas pétreas. 
Entre mis huesos delirantes, arde; 
arde dentro del aire hueco, 
horno invisible y puro; 
arde como arde el tiempo, 
como camina el tiempo entre la muerte, 
con sus mismas pisadas y su aliento; 
arde como la soledad que te devora, 
arde en ti mismo, ardor sin llama, 
soledad sin imagen, sed sin labios. 
Para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
para acabar con todo.

Octavio Paz, Ciudad de México, 1914 - 1998
imagen de Anne Arden McDonald, Untitled Self Portrait 10, Rhode Island, 1987 en Anne Arden McDonald, con la autorización de la autora