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viernes, octubre 07, 2016

jorge garcía sabal. soledades















Soledades

Es confuso lo que uno podría ser
para otro cuando uno no conoce
aquello que oscuramente quiere,
pero sabe que lo perderá; como algo
que no está sino en uno, que hace daño,
pero como uno se hace daño a sí mismo;
que humilla y da miedo. Un miedo
que parece una pregunta de inicio
y despedida; mejor: un permanente adiós.
Es confuso; después uno vive la vida
lleno de miedo ante su piel, un miedo
de murciélago solo encerrado en una casa
de luces, un miedo como una mancha oscura,
otro.
Y pasa el tiempo y de a poco uno
va cambiando palabras intrascendentes
o palabras de búsqueda cada día, y
de a poco quita los espejos, descuelga
los cuadros, vende los muebles de la casa.

Con las puertas arrancadas, las ventana
abiertas, agachado en un rincón lleno de frío,
uno termina preguntando a uno ¿qué vio? ¿qué?
¿quién?

Jorge García Sabal,Balcarce, 1946- Buenos Aires, 1996
de Tabla Rasa, Ediciones del Dock, Poesía Pez Náufrago, Buenos Aires, 2016
imagen de Oleg Konin

jueves, mayo 14, 2015

jorge garcía sabal. maniobras



Maniobras

Ahora esa mujer habla del mar.
Sorpresiva, casi sin voz, dice y mezcla
unas palabras incomprensibles, ajenas.
Dice y tartamudea que el mar, que la noche
que un día, que pájaros, que el amor
y el silencio del silencio, que la muerte.
Dice y se va, como si nada.

Que sea así. Prefiero que no esté
con sus anuncios inconsolables y emigrada,
sin respuesta -mientras la vida avanza
a grandes pasos, lejos de uno- vuelva
y mire, lúcida, un objeto material
hecho de un grupo de palabras abstractas,
de nombres propios y voces:

sólo una escritura en voz baja, hecha
de arrepentimientos, agregados, decepciones.

Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996
imagen de Pinheiro de Santamaria en Absolute Arts


domingo, marzo 08, 2015

jorge garcía sabal. pasante



Pasante   

Que parezca que se ha plantado. Que parezca
que hay árboles en el jardín y flores y también
mala hierba. Que parezca que se plantó y creció
un árbol y flores, hierba. Que parezca, siempre,
porque es verdad, que hicimos lo necesario para
alcanzar, ahora, a esta hora, lo que somos:
un desvío, algún remordimiento.

Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996
imagen detalle de El Jardín de las Delicias, Hieronymus Bosch

viernes, mayo 16, 2014

jorge garcía sabal. charla de viejo



**
Charla del viejo
Habla de aquello que no hizo,
lo que estuvo al alcance de la mano
y no pudo tocar.
Es confuso ese parloteo que sólo él entiende,
es áspero cuando dice "eso sí valía la pena".

Habla de aquello que no hizo,
como esas tortugas al revés,
expuestas al sol, la panza blanca,
las uñas arañando el aire.

**
Sola
Hace que se arrastra, que camina, que vuela.
Que está ciega y sorda y muda. Que no está.
Que es otra.

Hace de encerrada en un jardín, como sombra,
voz sin nadie entre el olor malsano de las flores
y los silbidos del viento; pero llama, se muerde,
parte la lengua.

Hace, rota, partida, nuestros días y noches:
como novia, muerte, niña.

**
Insomnio
Sálvate de tu madre y del padre de tu madre y de la madre del padre. Sálvate de tus hijos y de los hijos de tus hijos. Sálvate, de la traición de la escoria. Sálvate por el hallazgo, por la ambición de entrar solo por una puerta que da a un lugar solo.
Sálvate y queda mirando ese desierto: ciénagas de hambre
Ciénagas de sombra: sé un sueño solo sin voces ni gritos: tu huésped.

Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996
Imagen de Kevin Corrado, Fragmented, en Uno de los nuestros


sábado, julio 23, 2011

jorge garcía sabal. mitad de la vida


Mitad de la vida

I
En medio del camino
como si nada hubiera pasado
o la vida fuera
el temblor y la sangre de otras batallas
que el corazón no nombró
o el eco
de aquello que hubiéramos sido
sin nosotros.

II
Escondida, susurrada en los sueños
-sonámbula de todo deseo-
acompaña mis pasos, empuja,
sustrae con flores de duelo.

Sembradora invisible del día
y de la noche -llagada de culpa
y extranjera- qué busca,
qué intenso decir reclama.

III
Ni relámpago ni piedra
ni luz tan leve
ni cielo sin rocío

o llamarada

ni espejo ni cárcel
ni tormento

sólo esta ahí

entre sangre que brilla
labios que se rinden.

IV
¿Y más allá la victoria?
¿Detrás de qué puerta, en qué otro mundo?

Cuando el cuerpo espera
y sobre tantos ojos el ojo
quiere alumbrar
y otra voz que no es la suya
busca el límite
y acepta
las dádivas del corazón
sólo tu piel
seguro puerto del abrazo
huye y reclama.

V
Las manos fueron puño, piedra, espada,
y el corazón resistió y los pies cumplieron
aquello que ordenaron los labios. La vida
reencontrada en el peso de la propia vida,
sujeta a la corrupción y al deseo
como el fiel de una balanza de aquí hacia allá,
de allá a ninguna parte
y para algo que nunca sucede.

VI
No vuelve aquel ardor, el pie diminuto
que pisaba hojas secas, que daba sed.

Se supone que ahora todo es más real;
ha habido tiempo para elegir, -excusas
no faltaron- y el corazón reposa
en la tranquilidad de sus logros.

¿Pero aquél pie, el ojo primitivo
que danzaba en el oscuridad, aquella fe
inmortal?

VII
Ahí están los pasos del día y de la noche,
corredores de humo, cambiante fervor,
transparencias secretas.
Nada acostumbrado, cómodo ni fácil
pobló este corazón; sólo sangre, banderas
de agua viva, espejos rotos, quejas
del mundo.


Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996
en Mitad de la vida, Municipalidad de Comodoro Rivadavia, Dirección de Cultura, Certamen de Poesía 'Miguel Hernández', Primer Premio, 1983
imagen: Circular 2 de Dolores Ocampo de Morón, en Gelaría Nigredo

miércoles, septiembre 24, 2008

jorge garcía sabal. sitio


Sitio

Hice bien.
Esta noche tapé la jaula de los pájaros,
dejé sin luz a los peces que dormían
cautivos de un solo ojo, eché
por la escalera, justo en su última vida,
al gato.
Hice todo bien.
Ahora estoy solo y Billie Holliday me dice,
hamacándome, la voz llena de pasto y agria,
un cuento para dormir, un sueño. Ella
dice y cuenta cosas que conozco, hamacándome
suave, solos.

Ahora amanece, es el día para siempre.
Me hamaco. Estoy solo. Hice bien, todo bien.

Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996