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jueves, febrero 21, 2013

héctor viel temperley. a mi cuerpo




A mi cuerpo

Señor, mira mi cuerpo.
Mira mi cuerpo antes que yo lo llame
y él me llame, gritándonos
de lejos.
Mira mi cuerpo, este animal antiguo
como el río más antiguo
y joven, todavía, como el agua
cuando aprendía a nadar,
sola entre cerros.

Señor, mira mi cuerpo.
Mira mi cuerpo, torre de mi infancia,
mira mi cuerpo, cueva a la que vuelvo
siempre 
a sentarme solo
ante tu fuego.

Señor, mira mi cuerpo
como yo lo veo.
Oh cazador del agua en los veranos,
oh cazador, de mi alma
prisionero.
Oh cazador sediento de su casa,
más antigua que mi alma,
más joven que su miedo.

Lo amamantaron entre pajonales
donde ya te perdía 
el viento, con tristeza.
Lo amamantaron entre pajonales,
oh cuerpo mío, antiguo cuerpo mío,
cueva para el amor,
torre para la guerra.

Señor, mira mi cuerpo. Es inocente.
Oh cueva de tu fuego,
oh torre joven.
Por los largos veranos que aún le esperan,
por estar junto a mí,
que me perdone.


Héctor Viel Temperley, Buenos Aires, 1933-1987
de El Nadador, 1967
en Héctor Viel Temperley, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006
imagen de Tommy Ingberg© – Hollow, en Uno de los nuestros

martes, noviembre 15, 2011

de ganas de llorar


**
5

Batalla de Jarama, rostro de marinero
que vi al nacer o vi al ser bautizado
o vi antes en un puerto que transmigra
en una caja azul de cigarrillos.
Misterio paralelo, qué sería
de mí sin su sonrisa!

Porque el misterio es más que el amor
estoy solo.
Oh Febreros con números que nunca
vi escarlatas en fundas de gamuza,
en casillas con lluvia y en halcones!
Piscina sumergida, insostenible,
bloque azul de castigo!

Su vacío me horada. Y allá atrás, sin embargo,
sólo de vez en cuando la pileta de los choferes:
el sol empapelando y derritiendo
(en torno al marinero)
la habitación central de mi memoria;
yo que esperaba a los acorazados
hasta que me envolvían las estrellas!

de Carta de marear, 1976

**
Un costado de rosas

Oh qué alegría el pan que halló está fresco
Oh qué alegría la de ella en el hotel con rosas
Ya se ha olvidado del gorila
Oh qué alegría que tremendo

Anoche hice salir de mi casa a un gorila
No hubiéramos permanecido con él en la casa a oscuras
Empuñaba un cuchillo miraba con tristeza
Se marchó y nos marchamos
Pero afuera amanece

En el amanecer pasaremos la noche
Parque de césped seco hasta el hotel con rosas
La galería abierta con rosas qué alegría
Como un vagón de tren con un costado solo
Un costado de tren y un costado de rosas
O un pan con un costado de pan y otro de rosas
Y en dónde habrá pasada el gorila la noche
Tal vez en cuatro patas amenazado por completo
Un costado de gorila y un costado de rosas
Yo con ella del brazo en el hotel con rosas
Y amanece amanece

Al hotel llega un hombre pero ya se conocen
Oh qué alegría qué tremendo
Hace tanto que la ama no se lo dijo nunca
En la pieza de al lado recuerdan suaves días
El club junto a las olas los almuerzos briosos
Cuando ella era de otro y ahora recién el adulterio
Porque esto -aunque tardío- es como el adulterio
Y el adulterio es suave porque el amor ella lo sabe
Tiene un lado de tren tiene un lado de rosas
Y tal vez los dos son igualmente sensibles
Qué tremendo

Salgo a un patio rosado encuentro a un compañero
Mientras pasan la noche ella y él conversando
A la hora del pan fresco cómo no dar su cuerpo limpio
Y recuerdan los días junto al mar compartidos
El aire fresco el vino a la hora del sol alto
Eran los tres tan jóvenes recuerdan
Detrás de las persianas en el hotel con rosas
Como viejos autógrafos desnudos y abrazados

En el patio rosado escucho al compañero
Ha encanecido un poco miramos las baldosas
Ya no es el de antes me explica suavemente
Halló otra religión en patios como éste
En un país de patios rosados en América

Su religión es dócil no hace falta
Mirar hacia lo alto explica sin mirarnos
Miramos las baldosas los pétalos caídos
También una manguera rosada todavía
Con su cabeza de culebra sobre un charco
Sobre su vómito de ayer a última hora

La religión el patio la manguera algunos pétalos
Todo es rosado y amanece amanecemos conversando
Mi viejo compañero podría preguntarle
Te acordás de las paralelas del colegio
De esos caminos de madera casi blanca
Curvándose debajo de los brazos?
Te acordás de la marcas color vino
Que nos hacían junto a las axilas?

De ganas de llorar oh qué alegría qué tremendo
Y amanece amanece amanece amanece

de Legión Extranjera, 1978

**
Dormido sobre sus labios

Pequeño legionario, ¡cuánto viento! Pedacito de plomo, peda-
cito de Sahara: Vendrán veranos no obsesivos; pasarán
los hijos de mis hijos. (1978)

Yo puedo hachar todo el día pero no puedo cavar todo el
día. No puedo cavar en ningún lado sin estar esperando
que aparezca de pronto un soldado de plomo entre mis
pies desnudos. (1978)

de Hospital Británico, 1986

Héctor Viel Temperley, Buenos Aires, 1933-1987
en Héctor Viel Temperley, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006
imagen obtenida de El gran Capitán

lunes, noviembre 14, 2011

alguien nos encerró


**
Prendo la radio del coche

Prendo la radio del coche,
cierro las puertas y ventanas
y me alejo.

Que los ruidos
se gasten solos
mientras camino entre los árboles.

A veces siento
que alguien nos encerró
con llave
en este mundo.
Lo mismo que hice yo,
pero a lo grande.

de Humane vitae mia, 1969

**
No morir en cama

He decidido no morir en cama
por muchas cosas importantes,
porque tengo malos recuerdos de cama,
por el asma en la cama
y porque existe el mar, por ejemplo,
el mar que tiene un cinturón de espuma
de cien metros o más
de ancho algunos días,
uno, dos, tres, cuatro,
cinco rompientes
para caerse y levantarse,
tan seguidas que ni hombre ni mar
hallan instante
de arrojar la herradura
de espuma de sus hombros,
celda de espuma, sello
que al fin salta en pedazos.

He decidido no morir en cama
ni aun como mar abierto
en una cama.
Aunque termine el tiempo
de jugar al león sobre la arena,
junto a los hijos o a la hembra
sobre la seca arena,
he decidido no morir en cama
porque no sé para qué sirve
ese morir en cama,
no sé para qué sirve
ese morir de cara al techo.

(Yo no sé, por ejemplo,
por qué hay sacerdote
a la hora de morir
y no hay sacerdote
a la hora de nacer.
Por qué, si no se nace
jamás
para quedar
de cara a un techo.
Lo sé yo que he nacido
de verdad una vez,
una vez y otra vez,
un cinturón de veces,
de celdas y de sellos
de espuma hechos pedazos).
Aunque termine el tiempo
de la tierra firme,
ay, muy a mi pesar, porque en la tierra
firme
hay sombras muy profundas
que perfuman las violetas,
he decidido no morir en cama.
Total, para dormir
después de haber llorado
no hace falta una cama;
basta un tronco de árbol
para apoyar la espalda
y dormir, después de haber llorado.

Uno, dos, tres, cuatro,
cinco veces o siempre
yo jugaré al león
junto a las olas,
haré reír a la hembra o a las hembras
o a los muchos cachorros,
que podrían ser más, que podrían ser más...
Pero morir en una cama, no.
Por cosas como el asma,
por cosas como el techo,
por cosas como el alma,
que no muere.

de Plaza Batallón 40, 1971

**
Batman

Yo soy el que hace guardia
a medianoche
junto a la pileta.
Llanura helada,
alas,
luna nueva.

Yo soy el que no pudo
quedarse haciendo guardia
-sin inviernos, sin alas-
junto a otras piletas
más altas, más azules.

Yo soy el que algún día
va a hacer guardia mil años
junto al mar.
Voy a buscar de nuevo
mil años
a mis hijos.

de Febrero 72/73, 1973

Héctor Viel Temperley, Buenos Aires, 1933-1987
en Héctor Viel Temperley, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006
imagen Hombre entre el reloj y la cama de Edvard Munch