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lunes, enero 08, 2018

margaret atwood. historias verdaderas



Historias verdaderas

i

No preguntes por la historia verdadera,
¿Para qué la querés?

No es por donde yo empiezo
ni lo que llevo conmigo.

Ni con lo que navego,
un cuchillo, un fuego azul,

suerte, dos o tres palabras buenas
que todavía funcionan, y la marea.

ii

La historia verdadera se perdió
en el camino a la playa, es algo

que nunca tuve, esa maraña negra
de ramas bajo una luz cambiante,
mis pisadas borrosas
llenándose de agua

salada, este manojo
de huesos diminutos, esta cacería de lechuzas;
una luna, papeles abollados, una moneda,
el resplandor de un picnic viejo,
los huecos que los amantes 
dejaron en la arena hace

cien años: ni idea.


iii

La historia verdadera está
entre las otras historias,
un lío de colores, como la ropa revuelta,
tirada o desparramada,

como los corazones sobre el mármol, como las sílabas
como las sobras del carnicero.

La historia verdadera es mezquina
y múltiple y falsa
después de todo. ¿Para qué 
la querés? Nunca preguntes

por la historia verdadera.

Margaret Atwood, Otawa, Canadá, 1939
de True Stories, Oxford University Press, 1981
Versión de Sandra Toro


True Stories

I

Don't ask for the true story;
why do you need it?

It's not what I set out with,
or what I carry.

What I'm sailing with,
a knife, blue fire,
luck, a few good words 
that still work, and the tide.

ii

The true story was lost
on the way down to the beach; it's something 

I never had, that black tangle 

of branches in a shifting light,

my blurred footprints 

filling with salt 

water, this handful 

of tiny bones, this owl's kill.
a moon, crumpled papers, a coin,
the glint of an old picnic,
the hollows made by lovers 
in the sand a hundred 

years ago: no clue.


iii


The true story lies 

among the other stories,
a mess of colors, like jumbled clothing,
thrown off or away,

like hearts on marble, like syllables, like 
butchers' discards.

The true story is vicious
and multiple and untrue

after all. Why do you 
need it? Don't ever 

ask for the true story.

sábado, diciembre 31, 2016

margaret atwood. muerte de un hijo joven por ahogamiento



Muerte de un hijo joven por ahogamiento

Él, que navegó con éxito
por el río hostil de su alumbramiento
zarpó una vez más

hacia un viaje de hallazgos
en la tierra donde una vez floté
pero no pude tocar para reclamarla.

Sus pies resbalaron por la orilla,
la corriente lo arrastró
en un remolino de árboles y hielo en la creciente

y fue a dar a una región lejana,
su cabeza una escafandra;
por las burbujas de fino vidrio de sus ojos

observó, aventurero temerario,
un paisaje más raro que Urano
que todos hemos pisado y algunos recuerdan.

Hubo un accidente; se bloqueó el aire,
él colgaba en el río como un corazón,
recuperaron el cuerpo anegado,

túmulo de mis planes y futuros mapas,
con varas y ganchos
de entre los troncos amontonados.

Era primavera, el sol seguía brillando, el pasto nuevo
se hizo firme;
mis manos destellaban detalles.

Después de un largo viaje me cansé de las olas.
Mis pies tocaron fondo.
Las velas de los sueños se desplomaron,
Se desgarraron.
Yo lo planté en este país
como una bandera.

Margaret Atwood, Ottawa, Canadá, 1939
Versión de Sergio Eduardo Cuevas Rodríguez
en Periódico de Poesía



Death of a Young Son by Drowning


He, who navigated with success
the dangerous river of his own birth
once more set forth

on a voyage of discovery
into the land I floated on
but could not touch to claim.

His feet slid on the bank,
the currents took him;
he swirled with ice and trees in the swollen water

and plunged into distant regions,
his head a bathysphere;
through his eyes' thin glass bubbles

he looked out, reckless adventurer
on a landscape stranger than Uranus
we have all been to and some remember.

There was an accident; the air locked,
he was hung in the river like a heart.
They retrieved the swamped body,

cairn of my plans and future charts,
with poles and hooks
from among the nudging logs.

It was spring, the sun kept shining, the new grass
leapt to solidity;
my hands glistened with details.

After the long trip I was tired of waves.
My foot hit rock. The dreamed sails
collapsed, ragged.
I planted him in this country
like a flag.

domingo, febrero 08, 2015

elizabeth smart. una yapa



Una yapa

Ese día terminé
un insignificante artículo
para una revista desconocida
lo metí en el buzón

y  un júbilo radiante
se apoderó de mí
que por primera vez en mucho tiempo
me silbaron en la calle.

Estaba sucia y mal vestida
y tenía mis ojeras
y muy lejos del coqueteo
pero completamente realizada
por un hecho debidamente terminado
un acto de consumación
que la libertad y la fuerza que generaba
brilló y se desprendió
de mi viejo impermeable.

Debí parecer amor
o como unas fabulosas vacaciones gratuitas
para los hombres jóvenes que paseaban
por la calle Berwick.
Sigo pensando que esto es de lo más misterioso
porque mientras lo escribía
era dura se sentía como auto-abuso
constipación, desesperadamente antisocial.
Pero concluido concluido concluido
todo en el mundo
fluyó otra vez
como una yapa monumental.

Elizabeth Smart, Ottawa, 1913- London, 1986
de A Bonus, 1977
versión ©Silvia Camerotto
imagen del Diario de Elizabeth Smart en Library and Archives Canada


A Bonus


That day I finished
A small piece
For an obscure magazine
I popped it in the box

And such a starry elation
Came over me
That I got whistled at in the street
For the first time in a long time.

I was dirty and roughly dressed
And had circles under my eyes
And far far from flirtation

But so full of completion
Of a deed duly done
An act of consummation
That the freedom and force it engendered
Shone and spun
Out of my old raincoat.


It must have looked like love
Or a fabulous free holiday
To the young men sauntering
Down Berwick Street.
I still think this is most mysterious
For while I was writing it
It was gritty it felt like self-abuse
Constipation, desperately unsocial.
But done done done
Everything in the world
Flowed back
Like a huge bonus. 

domingo, noviembre 09, 2014

margaret atwood. vivienda



Vivienda

El matrimonio no es
una casa o siquiera una tienda de campaña

es antes que eso, y más frío:

el borde de un bosque, el borde
del desierto
las escaleras sin pintar
en la parte de atrás, afuera, donde
nos acurrucamos, comemos pochoclo

el borde del glaciar que se aleja

donde con dolor y asombro
de haber sobrevivido hasta
aquí

aprendemos  a hacer fuego.

Margaret Atwood, Ottawa, 1939
versión Silvia Camerotto
imagen s/d

Habitation
Marriage is not 
a house or even a tent 

it is before that, and colder: 


the edge of the forest, the edge 
of the desert 
the unpainted stairs 
at the back where we squat 
outside, eating popcorn 

the edge of the receding glacier 

where painfully and with wonder 
at having survived even 
this far 

we are learning to make fire.

martes, marzo 04, 2014

anne carson. el viejo cardigan azul de papá



El viejo cardigan azul de papá

Ahora está colgado del respaldo de la silla de la cocina
donde me siento siempre, como antes
en el respaldo de la silla de la cocina donde él siempre se sentaba.

Me lo pongo cada vez que entro
—como él,  mientras sacudía
la nieve de sus botas.

Me lo pongo y me siento en la penumbra.
Él no habría hecho esto.
El frío —reducido al mínimollega desde  la médula de la luna en el cielo.

Sus leyes eran secretas
pero recuerdo el momento en que supe
que ellas lo estaban volviendo loco.

Estaba parado en la entrada del garaje cuando llegué.
Tenía puesto el cardigan azul con los botones abrochados hasta arriba.
No solo porque era una calurosa tarde de julio

sino por la mirada en su rostro—
como un niño pequeño vestido por alguna tía, temprano a la mañana
para un largo viaje

en fríos trenes y plataformas ventosas
que se sentará en el borde de su asiento
mientras las sombras como largos dedos

sobre los pajonales que pasan
aun  lo conmueven
porque está yendo hacia atrás.

Anne Carson, Toronto, Canadá, 1950
Versión © Silvia Camerotto
imagen s/d
El texto original se publica incompleto por razones de copyright

Father's Old Blue Cardigan

Now it hangs on the back of the kitchen chair
where I always sit, as it did
on the back of the kitchen chair where he always sat.

I put it on whenever I come in,
as he did, stamping
the snow from his boots.

[...]

He was standing at the turn of the driveway when I arrived.
He had on the blue cardigan with the buttons done up all the way to the top.
Not only because it was a hot July afternoon

but the look on his face —
as a small child who has been dressed by some aunt early in the morning
for a long trip

[...]

over the haystacks that sweep past
keep shocking him
because he is riding backwards.