jueves, agosto 30, 2012

louis untermeyer. extraños



Extraños

Dos hombres contaban las calles
uno al lado del otro en un tren atestado;
los coches se arrastraban lentos a través de la lluvia
y la neblina se hacía densa en el vidrio nublado.
Dos hombres contaban las calles
uno al lado del otro en un tren atestado.

Uno pensaba: ‘O Dios, ¿tiene que terminar en conflicto;
y en respiración amarga y egoísta?’
El otro pensaba en la vida recién nacida
en los brazos de su mujer ese día.
Y uno le daría la bienvenida a la Vida,
el otro presenciaría la Muerte.

Louis Untermayer, New York, 1885- New Town, 1977
De Youth Moralizes, en These Times, Henry Holt and Company, 1917
Versión ©Silvia Camerotto

Strangers
Side by side in the crowded train
Two men were counting the streets;
The cars crept slowly through the rain
And the mist grew thick on the blurring pane.
Side by side in the crowded train
Two men were counting the streets.

One thought, “Oh God, must it end in strife;
And bitter and grasping breath?”
The other thought of the new-born life
That lay that day in the arms of his wife.
And the one was going to welcome Life,

the other to witness Death.

miércoles, agosto 29, 2012

richard aldington. choricos



Choricos

Los antiguos cantos
Van con tristeza hacia la muerte.

Fríos labios que ya no cantan, y coronas marchitas,
ojos pesarosos, y pechos y alas caídas—
símbolos de cantos antiguos
que tristemente descienden
hasta las blancas olas,
por nadie observadas
excepto las frágiles aves marinas
y  las ágiles y pálidas chicas,
hijas de Ōkeanós.

Y los cantos van
desde  el prado
que se extiende sobre las olas como una hoja
en las flores del jacinto;
y  pasan sobre las aguas,
los múltiples vientos y la débil luna,
y llegan,
silenciosos volando a través del delicado atardecer cimerio,
hasta las calmas planicies

que ella guarda para que nosotros suframos,
que ella labró para que suframos en  nuestro sueño
en los días de plata del despertar de la tierra—
Proserpina, hija de Zeus.

Y nos alejamos de los pechos ciprianos,
y nos alejamos de ti,
Apolo Febo,
y nos alejamos de la música del pasado
y de las colinas que amamos y de los prados,
y nos alejamos del día abrasador,
y de  los labios demasiado dulces;
para tocar
en silencio los campos con rojos zapatos,
en manto púrpura
secando las flores en súbita llama,
Muerte,
tú nos has descubierto.

Y de dolor las antiguas canciones
atraviesa los azules salones de golondrinas
en las oscuras corrientes de Perséfone,
sólo esto queda:
que vayamos hacia ti,
Muerte,
que vayamos hacia ti, cantando
una última canción.

Oh, Muerte,
tú eres un viento sanador
que sopla sobre blancas flores
temblor de rocío;
tú eres un viento que fluye
sobre las oscuras leguas de solitario mar;
tú eres el atardecer y la fragancia;
tú eres los labios del amor que sonríe con tristeza;

tú eres la pálida paz de uno
saciado de viejos deseos;
tú eres el silencio de la belleza,
y ya no buscamos la mañana 
ni anhelamos el sol,
desde que con tus blancas manos,
Muerte,
nos coronaste con las pálidas guirnaldas,
las deslucidas y escuálidas amapolas
que recoges delicadamente
en tu jardín a solas.

Y en silencio,
y aproximándote con pesados pies,
y la cabeza inclinada y ojos apagados,
nos arrodillamos ante ti:
y tú, inclinándote  hacia nosotros,
descuidadamente  pones sobre nosotros
flores con tus manos frías y delgadas
y, sonriendo como una mujer casta
que sabe del amor en su corazón,
tú sellas nuestros ojos
y la quietud incomparable
suavemente cae sobre nosotros.

Richard Aldington, Portsmouth, Inglaterra, 1892- Lere, Francia, 1962
Version ©Silvia Camerotto
imagen de Steve Richard© – Angelus Series, en Uno de los Nuestros


Choricos

The ancient songs
Pass deathward mournfully.
           
Cold lips that sing no more, and withered wreaths,
Regretful eyes, and drooping breasts and wings—
Symbols of ancient songs
Mournfully passing
Down to the great white surges,
Watched of none
Save the frail sea-birds
And the lithe pale girls,
Daughters of Okeanus.

And the songs pass
From the green land
Which lies upon the waves as a leaf
On the flowers of hyacinth ;
And they pass from the waters,
The manifold winds and the dim moon,
And they come,
Silently winging through soft Kimmerian dusk,
To the quiet level lands
That she keeps for us ail,
That she wrought for us ail for sleep
In the silver days of the earth's dawning—
Proserpina, daughter of Zeus.

And we turn from the Kyprian's breasts,
And we turn from thee,
Phoibos Apollon,
And we turn from the music of old
And the hills that we loved and the meads,
And we turn from the fiery day,
And the lips that were over sweet;
For silently
Brushing the fields with red-shod feet,
With purple robe
Searing the flowers as with a sudden flame,
Death,
Thou hast come upon us.

And of ail the ancient songs
Passing to the swallow-blue halls
By the dark streams of Persephone,
This only remains :
That we turn to thee,
Death,
That we turn to thee, singing
One last song.

O Death,
Thou art an healing wind
That blowest over white flowers
A-tremble with dew;
Thou art a wind flowing
Over dark leagues of lonely sea;
Thou art the dusk and the fragrance;
Thou art the lips of love mournfully smiling;

Thou art the pale peace of one
Satiate with old desires;
Thou art the silence of beauty,
And we look no more for the morning
We yearn no more for the sun,
Since with thy white hands,
Death,
Thou crownest us with the pallid chaplets,
The slim colourless poppies
Which in thy garden alone
Softly thou gatherest.

And silently,
And with slow feet approaching,
And with bowed head and unlit eyes,
We kneel before thee:
And thou, leaning towards us,
Caressingly layest upon us
Flowers from thy thin cold hands,
And, smiling as a chaste woman
Knowing love in her heart,
Thou sealest our eyes
And the inimitable quiétude
Comes gently upon us.

martes, agosto 28, 2012

federico garcía lorca. elegía del silencio


Elegía del silencio

Silencio, ¿dónde llevas
tu cristal empañado
de risas, de palabras
y sollozos del árbol?
¿Cómo limpias, silencio,
el rocío del canto
y las manchas sonoras
que los mares lejanos
dejan sobre la albura
serena de tu manto?
¿Quién cierra tus heridas
cuando sobre los campos
alguna vieja noria
clava su lento dardo
en tu cristal inmenso?
¿Dónde vas si al ocaso
te hieren las campanas
y quiebran tu remanso
las bandadas de coplas
y el gran rumor dorado
que cae sobre los montes
azules sollozando?

El aire del invierno
hace tu azul pedazos,
y troncha tus florestas
el lamentar callado
de alguna fuente fría.
Donde posas tus manos,
la espina de la risa
o el caluroso hachazo
de la pasión encuentras.
Si te vas a los astros,
el zumbido solemne
de los azules pájaros
quiebra el gran equilibrio
de tu escondido cráneo.

Huyendo del sonido
eres sonido mismo,
espectro de armonía,
humo de grito y canto.
Vienes para decirnos
en las noches oscuras
la palabra infinita
sin aliento y sin labios.

Taladrado de estrellas
y maduro de música,
¿dónde llevas, silencio,
tu dolor extrahumano,
dolor de estar cautivo
en la araña melódica,
ciego ya para siempre
tu manantial sagrado?

Hoy arrastran tus ondas
turbias de pensamiento
la ceniza sonora
y el dolor del antaño.
Los ecos de los gritos
que por siempre se fueron.
El estruendo remoto
del mar, momificado.

Si Jehová se ha dormido
sube al trono brillante,
quiébrale en su cabeza
un lucero apagado,
y acaba seriamente
con la música eterna,
la armonía sonora
de luz, y mientras tanto,
vuelve a tu manantial,
donde en la noche eterna,
antes que Dios y el tiempo,
manabas sosegado. 


Federico García Lorca, Fuente Vaqueros, Granada, 1898- entre Viznar y Alfacar, 1936
de Libro de poemas, 1921
imagen de Jerry Uelsmann©, en Uno de los nuestros

lunes, agosto 27, 2012

w.h. auden. si yo lo supiera



Si yo lo supiera

El tiempo no dirá otra cosa sino yo te avisé,
el tiempo sabe nada más el precio que tenemos que pagar;
si yo lo supiera te lo diría.

Si lloráramos cuando los payasos salen a escena,
si tropezáramos cuando los músicos tocan,
el tiempo no dirá otra cosa que, yo te avisé.

No hay destinos que predecir, aunque
como te amo más de lo que puedo expresar,
si yo lo supiera te lo diría.

Los vientos vienen de algún lado cuando soplan,
habrá motivos para que las hojas se pudran;
el tiempo no dirá otra cosa que, yo te avisé.

Quizás las rosas quieren en verdad crecer,
la visión desea seriamente permanecer;
si yo lo supiera te lo diría.

Supongamos que todos los leones se levantan y se van,
y todos los arroyos y los soldados huyen;
¿El tiempo dirá nada más, yo te avisé?
Si yo  lo supiera te lo diría.

W. H.  Auden , York, 1907- Vienna,1973)
versión © Silvia Camerotto
Imagen de Fabián Pérez© – Hombre del Traje Negro, en Uno de los nuestros


If I could tell you

Time will say nothing but I told you so,
Time only knows the price we have to pay;
If I could tell you I would let you know.

If we should weep when clowns put on their show,
If we should stumble when musicians play,
Time will say nothing but I told you so.

There are no fortunes to be told, although,
Because I love you more than I can say,
If I could tell you I would let you know.

The winds must come from somewhere when they blow,
There must be reasons why the leaves decay;
Time will say nothing but I told you so.

Perhaps the roses really want to grow,
The vision seriously intends to stay;
If I could tell you I would let you know.

Suppose all the lions get up and go,
And all the brooks and soldiers run away;
Will Time say nothing but I told you so?
If I could tell you I would let you know.

domingo, agosto 26, 2012

edwin arlington robinson. queridos amigos



Queridos amigos

Queridos amigos, no me reprochen por lo que hago,
ni me aconsejen, ni me compadezcan; ni me digan
que estoy malgastando la mitad de mi vida
en un trabajo inestable que sólo los tontos realizan.

Y si mis burbujas son muy pequeñas para ustedes,
inflen  las suyas más aún: los juegos que jugamos
para llenar los minutos que derrochamos a diario,
son buenas lentes para leer el espíritu a través.

Y a él sus lecturas le otorguen una hábil destreza;
y resigne un poco de improductivo desdén
para alabar todo aquello que detesta;
entonces, amigos (queridos amigos), recuerden, si pueden,
que la vergüenza que gano por cantar es toda mía,
el oro que perdí por soñar es de ustedes.

Edwin Arlington Robinson,  Lincoln, Maine, 1869- New York, 1935
Version © Silvia Camerotto
Imagen de Serge Birault© – Poker Pin up, en Uno de los nuestros

Dear friends

Dear friends, reproach me not for what I do,
Nor counsel me, nor pity me; nor say
That I am wearing half my life away
For bubble-work that only fools pursue.

And if my bubbles be too small for you,
Blow bigger then your own: the games we play
To fill the frittered minutes of a day,
Good glasses are to read the spirit through.

And whose reads may get him some shrewd skill;
And some unprofitable scorn resign,
To praise the very thing that he deplores;
So, friends (dear friends), remember, if you will,
The shame I win for singing is all mine,
The gold I miss for dreaming is all yours.

sábado, agosto 25, 2012

d. h. lawrence. el hombre y la máquina



El hombre y la máquina

El hombre inventó la máquina
y ahora la máquina ha inventado al hombre.

Dios Padre es una dínamo
y Dios Hijo una radio
y Dios Espíritu Santo es el combustible que hace que todo siga andando.

Y los hombres forzosamente deben ser pequeñas dínamos
y pequeñas radios
y el espíritu humano es abundante combustible para que todo siga andando.

El hombre inventó la máquina
y ahora la máquina ha inventado al hombre.

David Herbert Lawrence, Eastwood, Inglaterra, 1885- Vence, Francia, 1930
Versión © Silvia Camerotto
Imagen de Gilles Tran© -L’appartement – chambre, en Uno de los Nuestros

Man and machine

Man invented the machine
and now the machine has invented man.

God the Father is a dynamo
and God the Son a talking radio
and God the Holy Ghost is gas that keeps it all going.

And men have perforce to be little dynamos
and little talking radios
and the human spirit is so much gas, to keep it all going.

Man invented the machine
and now the machine has invented man.



viernes, agosto 24, 2012

alberto girri. a un desdichado


A un desdichado

Ya se sabe,
empleó
gran parte del tiempo
en adquirir su odio,
y mucho más tiempo
en gozarlo sin decidirlo,
cuervo
que solitario come, ajeno a la envidia
y no para jactarse,
a la espera, quizás,
de un cielo del odio donde todos
los odios son contemplados para todos, incluso
los ignorantes del propio odio, corruptos;
y dispuesto al goce
de ser contemplado en su odio,
como aplicando una máxima:
Bueno es
odiar a solas, pero es mejor
odiar en compañia, el odio crece.
Entretanto
se sabe también

Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991
en Francisco Urondo, Veinte años de poesía argentina, 1940-1960, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968 imagen de Martin Stranka© – Wrong Line, en Uno de los nuestros

jueves, agosto 23, 2012

francisco 'paco' urondo. amor en peso neto


Amor en peso neto

Antes te buscaba reventando caballos
Subiendo las escaleras de dos en dos
Ahora vienen a mí con el rumor que hacen los novios en ciertos aniversarios
Para caer en la trampa por la que asoma una mujer sí y otra no
Las impares siempre más jóvenes
Ahora te amo a mayor densidad por kilómetro cuadrado
Es el amor a precio de costo
La luz se hace con el frotamiento de los cuerpos
Y si te toco provocamos las situaciones extremas
Pero no importa
Ven nos llenaremos los bolsillos de males menores
Y de algunas maneras que hemos heredado


Carlos Latorre, Buenos Aires, 1916-1980
de El lugar común
en Francisco Urondo, Veinte años de poesía argentina, 1940-1960, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968
imagen de Ellen Rogers©, en Uno de los Nuestros

miércoles, agosto 22, 2012

francisco 'paco' urondo. los campeones de la noche


Los campeones de la noche

Ninguna ley tengo para ofrecer
ninguna profecía
salvo la muerte y las revoluciones victoriosas
Dejemos entonces al guerrero en paz
y a los hermanos rotos en medio del camino
Pasamos al sacrificio. La Ceremonia está servida:
abrazados celebrados detrás de la ciudad
besos en andenes movedizos
mudas consignas en salas de espera
y a veces ni un guiño
nada para despistar
nada para sobreentender
sólo los ojos lacios como en mesa de póker
Ya no podremos ser los elegidos por el sol
los cachorros feroces que asombrarían al mundo
Apenas si hemos nacido sin querer
viejos desconocidos a quienes llamo mis amigos
perdidos en el trasbordo y sin saber qué tren tomar
Pero mis compatriotas juegan a dormir y a olvidarse de todo
A los sobrevivientes los conozco;
borrachos que invocan a Dios como a una deuda de juego
soldados que hacen patria en los umbrales
pálidos maricas dispuestos a fingir hasta el alba
parejas para las que ha terminado sin gloria
esta noche en la que tanto creyeron
y también el húmedo insomne que mueve sus ojos desde el hospital
acechando el ruido de los libres
aullando por la droga que le traerá el olvido
el negro paraíso que es dormir una noche
Y aquí
en el centro de la ciudad
las tiernas actrices compran el diario
y los temerosos quieren saber qué pasa en el mundo
mientras los coches llevan solitarias parejas
y todos tanteamos una cama y un nuevo sueño
y la mañana viene trayendo la luz y la paz
pero no para todos
apenas para nosotros
los ganadores
los verdaderos campeones de la noche.

Mario Trejo, Buenos Aires/La Plata, 1926 - 2012
en Francisco Urondo, Veinte años de poesía argentina, 1940-1960, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968
imagen de Gilles Tran© -L’assassin et ses chats (pluie), en Uno de los nuestros

martes, agosto 21, 2012

francisco 'paco' urondo. dichterliebes


Dichterliebes

Una vez, tuve una actriz entre mis brazos;
aleteaba como un gorrión o se arqueaba como una gata,
al conmoverse engendraba oleadas de encanto
mientras con su cuerpo hacía preguntas
que me parecieron inteligentes
o por lo menos, oportunamente ubicadas.
El verano estaba adelantado y los bares ardían,
presumo que eso fue lo que nos empujó a las calles;
nos arrastrábamos por la noche
y mucha cerveza corrió por nuestros labios,
tanta como el río de amor que nació en mí.
Supongo que mentía por razones profesionales
o tal vez por alguna otra cosa que no entiendo;
el hecho es que pienso todavía en esas certidumbres
y en nuestras sombras fanáticas por ellas,
y las noches, buenas amigas,
me devuelven la escalinata del amor que descendí.
Es cierto que hubo el deleite que llaman físico
aunque simplemente sea por el descubrimiento;
naves desarboladas que a los tumbos
aprisionan los continentes, negros, blanquecinos o pardos
según corresponda al momento y al lugar.
Pero hubo más,
hubo tortura mutua, un insospechable sadismo
que redujo a cero el ámbito heroico y la conquista:
también temblábamos, pero ahora de maldad,
desechábamos el verano, huíamos pertinaces de la noche,
los nervios nos brillaban como estrellas.
En realidad, estallábamos al modo de las bombas
y nos alternamos: no era cuestión de derechos,
ninguna dignidad estaba herida,
por eso pudimos suponer que era ficción,
que el arte nos sedujo y nos rodeó,
pudimos entender que una cosa es la cerveza y otra el amor,
pudimos entenderlo por razones claras,
por melancólicas razones.

Noé Jitrik, La Pampa, 1928
en Francisco Urondo, Veinte años de poesía argentina, 1940-1960, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968
imagen de Misha Burlatsky© – Return, en Uno de los Nuestros