viernes, noviembre 07, 2014
edgar bayley. no puedo decirlo de otro modo
No puedo decirlo de otro modo
vendrá un día un día vendrá un día
habrá un día
una mañana
y tendremos lo que fuimos somos
hubo un día
una marsopa
un escabel un pámpano en el aire
no puedo decirlo de otro modo
cuando me pongo a conversar sobre estas cosas
mi intención es ser muy claro y muy resuelto
no puedo decirlo de otro modo
vendrá un día un día vendrá un día
una mañana
y todo será muy claro y muy despierto.
Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
imagen de Lucie Beardwood, en Abstract Artist Gallery
jueves, noviembre 06, 2014
alberto muñoz. los hombres son mejores que los pianistas
Los hombres son mejores que los pianistas
a Diego Vila, maestro de piano
Los hombres son mejores que los pianistas
porque los hombres ven en la madera
un animal de hoja con astillas
una cumbrera nacida en las verduras.
Los pianistas ven en la madera el arquetipo de un piano
una construcción que para el dios sería de piedra
y para ellos de finitos martillos y misterio.
Los hombres se enamoran de las mujeres y los
pianistas de la música o de los bellos calderones
que dejan escapar sus pechos del escote.
La mínima razón de una mujer es lívida al
silencio de negra de frutas del amor descendido
a la líquida expresión del pentagrama.
Pero los pianistas han entrado sin saberlo en una
tenue piedad echados a la suerte del caracol milenario
que lleva su imperio sobre una baba melódica.
Los hombres son mejores que los pianistas porque
echan sus cuerpos en bañeras comen ciervos limpian
con hilo dental el cálculo de sus probabilidades son
ternarios y beben con tal de olvidar que los pianistas
sin salir del taburete se llevan el amor de las manzanas
y de las rojas mujeres cultivadas.
Debemos cuidarnos de los pianistas mucho más que de
aquellos que escriben en la cabeza de los alfileres páginas
del Zohar. Son una amenaza para el gentío que ama las
carreras de caballos o toma sol bajo la lámpara de Schopenhauer.
Tener una hija que se casa con un pianista es perder una
costumbre del azúcar. Ellos arrebatan el almidón de las
polleras con esos pedales de bronce
utilizan la uva de sus alientos para solfear
o hervir la luz en una partida del barroco.
Sin embargo hay enamoradas en el mundo que han entrado al
Paraíso de verlos ingresar en la alta noche escribiendo arreglos
para la gran costurera del universo.
Los hombre no quieren ser pianistas porque saben que los
pianos hunden los pisos de madera.
Los afinadores de pianos son hombres porque han renunciado
a ser pianistas y prefieren el torbellino de los cobres que leer
en el Timeo que la música es una operación del intelecto.
Los hombres poco saben de los apagadores del diagrama del
piano Cristofori. No sufren al simular un marfil con una
composición de galactita. No han perdido las uñas en
el tema variado en fa menor de Haydn.
Los pianistas no saben levantar una casa ni saben
cuál es el retroceso carnal del aguacero. Son simples
como el dedo gordo de los magos
no comen pulpo y el acordeón les da miedo.
Son también parecidos a los hombres pero no son mejores
porque cuando ellos tocan sus desvencijados pianos los
hombres inventan concursos para que desaparezcan.
Alberto Muñoz, Buenos Aires 1951
imagen de Matthew Kennedy en Matthew Kennedy
miércoles, noviembre 05, 2014
santiago sylvester. el patio
El patio
a mis hermanos
Lo que ya no existe: plantas acogedoras, guarida para la desmesura
de lo que nunca iba a morir.
Lo que existe: otras plantas con misión idéntica. El largo pacto de
la especia: se planta para otro.
Lo que ya no existe: el arrebato de los hermanos, juegos, peleas,
adivinanzas, para que todo creciera entre nosotros.
Lo que existe: nuevo bullicio con el mismo impulso, como si supiera
también él, que su esplendor está hecho de pequeños sobresaltos.
Lo que ya no existe: un dibujo en la pared que la humedad del cantero
se encargó de mejorar.
Lo que existe: la humedad del cantero mejorando otros dibujos.
El largo pacto de la especie sirve de explicación,
no de consuelo: la muerte (que sucede de a poco)
sigue afligiendo a pesar de su frecuencia;
y sin embargo, si existiera la resurrección,
¿quién quisiera resucitar sin condiciones?
Lo que existe, lo que ya no existe:
dos formas de contar lo que nos pasa.
Atributos de un remoto cuidado
que provocan una desolación de la fisiología;
porque ese patio existe,
lo que ya no existe soy yo.
Santiago Sylvester, Salta 1942
Imagen de Susan Stefanski, en Paintings by Susan Stefanski
martes, noviembre 04, 2014
olga orozco. la realidad y el deseo
La realidad y el deseo
a Luis Cernuda
La realidad, sí, la realidad,
ese relámpago de lo invisible
que revela en nosotros la soledad de Dios.
Es este cielo que huye.
Es este territorio engalanado por las burbujas de la muerte.
Es esta larga mesa a la deriva
donde los comensales persisten ataviados por el prestigio de no estar.
A cada cual su copa
para medir el vino que se acaba donde empieza la sed.
A cada cual su plato
para encerrar el hambre que se extingue sin saciarse jamás.
Y cada dos la división del pan:
el milagro al revés, la comunión tan sólo en lo imposible.
Y en medio del amor,
entre uno y otro cuerpo la caída,
algo que se asemeja al latido sombrío de unas alas que vuelven desde la eternidad,
al pulso del adiós debajo de la tierra.
La realidad,sí, la realidad:
un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo.
Olga Orozco, Toay, La Pampa, 1920-1999
Imagen de Mi Yuming, en Triangulation
lunes, noviembre 03, 2014
carina sedevich. enciendo la lámpara de sal de la montaña
Enciendo la lámpara de sal de la montaña
junto a mi cama.
Me suelto el pelo
recordando las canas invisibles.
Me acuesto entre las sábanas de hilo
con la bata dorada de la China.
Debajo mi piel blanca no desea
ni en sus botones rosados
ni en sus lunares pálidos.
Sobre la almohada se escuchan mis anillos
porque está fresco, quizás,
y se afinaron mis dedos.
El oro, la plata, la amatista.
Afuera la noche se ha espesado
porque terminó la luna llena.
Empieza el mes que precede al invierno.
Qué ligera soy sin tus deseos.
Qué dulce corre el alma
en mi esqueleto.
Qué cierta es esta cara y estos flancos
qué ciertos son,
qué delicados.
Me admira mi gata, blanca y parda,
y yo la admiro a ella en su silencio.
Hasta el perfume rojo de las flores
tengo.
Qué ligera que soy sin mis deseos.
Carina Sedevich, Santa Fe, 1972
en Escribió Dickinson, Alción Editora, 2014
imagen de Annick Bouvattier
domingo, noviembre 02, 2014
dylan thomas. en un aniversario de bodas
En
un aniversario de bodas
El cielo está desgarrado a lo ancho
de este desgastado aniversario de dos
que anduvieron por tres años de acuerdo
por el largo camino de sus votos.
Ahora su amor consiste en pérdida
y Amor y sus enfermos gritan en cadena;
desde cada nube que lleva
música o un cráter, Muerte cae sobre su casa.
Demasiado tarde bajo la lluvia equivocada
se unen aquellos que dividieron su amor:
las ventanas se derraman en sus corazones
y las puertas consumen sus cabezas.
Dylan Thomas, Swansea, Gales, 1914-1953
versión ©Silvia
Camerotto
imagen en Public Domain
imagen en Public Domain
On
a Wedding Anniversary
The
sky is torn across
This ragged anniversary of two
Who moved for three years in tune
Down the long walks of their vows.
Now their love lies a loss
And Love and his patients roar on a chain;
From every tune or crater
Carrying cloud, Death strikes their house.
Too late in the wrong rain
They come together whom their love parted:
The windows pour into their heart
And the doors burn in their brain.
This ragged anniversary of two
Who moved for three years in tune
Down the long walks of their vows.
Now their love lies a loss
And Love and his patients roar on a chain;
From every tune or crater
Carrying cloud, Death strikes their house.
Too late in the wrong rain
They come together whom their love parted:
The windows pour into their heart
And the doors burn in their brain.
miércoles, septiembre 17, 2014
robert graves. la mañana antes de la batalla
La
mañana antes de la batalla
Hoy,
la pelea: mi fin está muy cerca,
y
sellada la orden que limita mis horas:
lo
supe mientras caminaba ayer al mediodía
por
un desierto jardín lleno de flores.
...
Cantando, despreocupado, me prendí unas rosas en el pecho,
sopló
por el jardín desde el norte y el este
agostando
toda la belleza con un aliento helado.
Miré,
y ¡ah! vi de pie ante mí a mi espectro,
con
la cabeza aplastada por violentos golpes:
la
fruta entre mis labios en sangre coagulada
se
había transubstanciado, y exudaba la pálida rosa un olor enfermizo,
que
hombres muertos en el cercado jardín florecían.
Robert
Graves, Wimbledon, 1895- Dejà, 1985
versión
de Rolando Costa Picazo
imagen
de William Robert RA, en Trench Art
The Morning Before the Battle
To-day,
the fight: my end is very soon,
And
sealed the warrant limiting my hours:
I knew it
walking yesterday at noon
Down a
deserted garden full of flowers.
...Carelessly
sang, pinned roses on my breast,
Reached
for a cherry-bunch −and then, then, Death
Blew
through the garden from the North and East
And
blighted every beauty with chill breath.
I looked,
and ah, my wraith before me stood,
His head
all battered in by violent blows:
The fruit
between my lips to clotted blood
Was
transubstantiate, and the pale rose
Smelt
sickly, till it seemed through a swift tear-flood
That dead
men blossomed in the garden-close.
lunes, septiembre 15, 2014
tom maver. sobre el arte de tejer
Sobre el arte de tejer
No recuerdo cuándo empecé a tejer.
En algún momento de los banquetes o de las siestas
sin darme cuenta dejé de esperar
y me dediqué a otra actividad,
también sin porvenir.
Así es que ahora tejo historias increíbles
que cada noche destejo
y cada día recomienzo
con esa inocencia imperturbable
del que mira los templos, las guerras,
los sacrificios y los día como lo que son.
Troya, las hazañas de mi marido,
las naves, la victoria, los dioses, el regreso,
¿quién sabe cuántas cosas más pasaron
en estas historias
que me cuento y que al día siguiente
ya no existen más?
Porque, díganme, ¿qué se puede pretender
de lo que, quizá, venga con el tiempo?
Por eso, amigos, no se engañen.
Esto que parece una obstinada espera
es, en verdad, una desgarrada
fidelidad a lo pasajero:
cuando el tiempo me envuelva
con este sudario interminable,
sentirá en sus manos el filo
de mi vida
deshecha por las noches
y vueltas a empezar por las mañanas.
Tom Maver, Buenos Aires, 1985
de Yo, la incesante nieve, Huesos de Jibia, 2009
imagen de John Flaxman, El encuentro de Ulises y Penélope
domingo, septiembre 14, 2014
lilián cámera. para esta hora siempre fuimos
***
Para esta hora siempre fuimos preparados. Sin
enaltecer la noche se toma el agua del mediodía. En
la punta extrema de las cosas, en su costado blando,
en el terror mismo de un sol sin concesiones. Vinimos
para rondar aquí por un lago estrecho, la cabeza
vuelta hacia el olvido, como quien inventa una sed.
***
Así se pule el día. Cada
pregunta en su bolsillo, las
caras al frente, un gesto
torcido. En fila nacidos, en
fila idos hacia dónde?
***
Cada uno de estos mapas nada indica
sobre el continente perdido de las horas.
Ni de remos con que sortear esa lágrima que
escampa en los pretiles de la duda. Divididos
como un ojal toda carencia se nos asoma como
una pierna que el paso imprime para huir
Lilián Cámera, Montevideo, s/d
De Maut, arteBA 2014, Buenos Aires, Argentina
jueves, septiembre 11, 2014
javier adúriz. acaso sea el tiempo
***
Acaso sea el tiempo,
el solo tiempo
de la noche sola
en que la soledad
es uno mismo.
de Palabra Sola, 1971
Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948-2011
en Javier Adúriz, Poesía Completa, Ediciones del Dock, Pez Náufrago, Buenos Aires, 2014
imagen de Joan Miró, La escalera de la evasión
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