jueves, enero 03, 2013

horacio di giuseppe. boedo querido


Boedo querido

Barrio de mi niñez, yo te saludo

con un recuerdo lindo de rayuela,
el patio florecido de la escuela,
la bandera en el mástil y el escudo.

Tus casas bajas. Noches de verano,
con vecinas de sillas en la puerta,
y el balcón de ventanas entreabiertas
nos regalaba el vals de un viejo piano.

Hoy, en el cielo, el gran Julián Centeya
te glosa su poesía, la más bella,
y el Barba Manzi y Cátulo Castillo

trenzan un verso mágico y sencillo,
mientras un coro celestial de grillos
silba tu eterno tango en una estrella.

**
Me acunaron los valses de Sureda
y fue tu historia un cuento de mi abuelo,
con reñideros, guapos y los duelos
donde tayó Pizarro... en tus veredas.

Milonga en La Balear, las serenatas,
el Dante y el picado en el potrero,
tu carnaval, el corso de febrero
y el corralón del sueño de las chatas.

Para vos es mi verso más sentido,
forjado entre el café y la madrugada,
y cuando por tus calles trajinadas

rueda la lágrima que se me pianta,
el corazón me sube a la garganta
para cantarte así, ¡Boedo querido!

Horacio Di Giuseppe, Buenos Aires, 1940
de Boedo, mi gente y algo más, Edición de autor, Buenos Aires, 2012
imagen: Emblema de Boedo en Junta de estudios históricos de Boedo

martes, enero 01, 2013

gregory corso. matrimonio



                     
Matrimonio

¿Debería casarme? ¿Debería ser bueno?
¿Sorprender a la chica de al lado con mi traje de terciopelo y capucha fausta?
No llevarla al cine sino a cementerios
contarle todo sobre bañeras de hombres lobo y clarinetes bifurcados
entonces desearla y besarla y todas las preliminares
y ella que no llega lejos y yo que comprendiendo porqué
no me enojo y le digo ¡Debes sentir! ¡Es hermoso sentir!
Entonces tomarla entre mis brazos apoyarla en una vieja lápida vencida
y cortejarla toda la noche las constelaciones en el cielo—

Cuando ella me presenta a sus padres
espalda derecha, pelo bien peinado, estrangulado por una corbata,
¿debería sentarme con las rodillas juntas en su sofá de  3era clase
y no preguntar Dónde está el baño?
Cómo si no sentirme otro del que soy,
casi siempre pensando en el jabón Flash Gordon—
¡Oh, qué terrible debe ser para un joven
sentarse delante de una familia y la familia pensando
Nunca lo habíamos visto antes! ¡Él quiere a nuestra Mary Lou!
Después del té y de las galletitas caseras ellos preguntan ¿Qué haces para ganarte la vida?
¿Debo decirles? ¿Les gustaré después?
Dicen  Está bien, cásense, perdemos una hija
pero ganaremos un hijo—
¿Y debería preguntar ahora Dónde está el baño?

Oh Dios, ¡y la boda! Toda su familia y sus amigos
y sólo un puñado de los míos todos garroneros y barbudos
solo esperando lanzarse a los tragos y la comida—
¡Y el sacerdote! Él mirándome como si me masturbaba
preguntando ¿Tomas a esta mujer por tu legítima esposa?
Y yo qué decir temblando digo ¡Torta con pegamento!
Beso a la novia todos esos hombres cursi palmeándome la espalda
¡Ella es toda tuya, muchacho,! ¡Ja, ja, ja!
Y en sus ojos puedes ver pasar una obscena luna de miel—

después todo ese absurdo arroz y latas chillonas y zapatos
¡Cataratas del Niágara! ¡Hordas de nosotros! ¡Maridos! ¡Esposas! ¡Flores! ¡Chocolates!
Todo precipitándose hacia acogedores hoteles
Todos haremos lo mismo esta noche
El conserje indiferente sabe lo que va a ocurrir
Los zombis del lobby lo saben
El hombre que silba en el ascensor lo sabe
El botones que guiña el ojo lo sabe
¡Todo el mundo lo sabe! ¡Yo casi estaría dispuesto a no hacer nada!
¡Permanecería despierto toda la noche! ¡Miraría a ese conserje del hotel a los ojos!
Gritando: ¡Me niego a la luna de miel! ¡Me niego a la luna de miel!
corriendo sin parar en esas suites casi climatizadas
gritando ¡Panza de Radio! ¡Pala de  gato!
¡Oh viviría en el Niágara para siempre! en una cueva oscura debajo de las cataratas
Me sentaría allí el Mielero Loco ideando modos de romper matrimonios, un flagelo de la
bigamia un santo del divorcio—

Pero debería casarme yo debería ser bueno
¡Qué lindo sería volver a casa, a ella
y sentarme junto a la chimenea y ella en la cocina
con delantal, joven y hermosa deseando un bebé
y tan feliz conmigo que quemaría el churrasco
y vendría a mí llorando y yo me levanto de mi gran silla de papá
diciendo ¡Dientes de Navidad! ¡Cerebros radiantes! ¡Sordera de manzana!
¡Dios qué marido sería! ¡Sí, debería casarme!
¡Hay tanto para hacer! como colarse en la casa de Mr. Jones tarde a la noche
y cubrir sus palos de golf con 1920 libros noruegos
Como colgar una foto de Rimbaud en la cortadora de césped
como pegar sellos Tannu Tuva en toda la cerca
como cuando Mrs. Kindhead viene a recolectar para el Community Chest
agarrarla y decirle ¡Hay presagios desfavorables en el cielo!
Y cuando el alcalde trata de obtener mi voto decirle             
¿Cuándo va a parar la matanza de ballenas!
Y cuando viene el lechero dejarle una nota en la botella
Polvo de pingüino, tráigame polvo de pingüino, quiero polvo de pingüino—

Sin embargo, si me casara y fuese Connecticut y nevara
y ella da a luz a un niño y yo soy insomne, exhausto,
despierto durante noches, con la cabeza inclinada contra una ventana silenciosa,  el pasado detrás,
encontrándome en la más común de las situaciones un hombre tembloroso
 consciente de su responsabilidad no ramita de muestra no sopa de moneda romana -
¡Oh lo que sería!
Seguramente daría un Tácito de goma por tetina
Por sonajero una bolsa de discos rotos de Bach
Pegaría Della Francesca por  toda su cuna
Bordaría el alfabeto griego en su babero
Y construiría un Partenón sin techo como corral

No, dudo que me guste ser esa clase de padre
ni campo ni nieve ni ventana silenciosa
sino la excitante y  maloliente New York City
siete pisos arriba, cucarachas y ratas en las paredes
una gorda esposa reichiana chillando sobre las papas Consigue un trabajo!
Y cinco mocosos maleducados enamorados de Batman
Y todos los vecinos sin dientes y pelo reseco
como esas masas de arpías del siglo 18
todos queriendo entrar y ver la televisión
El propietario quiere el alquiler
Tienda de comestibles  Blue Cross Gas & Electric Knights de Columbus
Imposible descansar y soñar nevada de Teléfono, estacionamiento fantasma—
¡No! No debería casarme y nunca debería casarme!
Pero - imagínate si me casara con una hermosa mujer sofisticada
alto y pálida vistiendo un elegante vestido negro y largos guantes negros
sosteniendo una cigarrera en una mano y un highball en la otra
y viviéramos en lo alto de un penthouse con una ventana enorme 
desde donde pudiéramos ver todo Nueva York y aún más lejos en días claros
No, no puedo imaginarme casado con ese placentero sueño de prisión—

Ah,  pero ¿qué pasa con el amor? Me olvido del amor
no es que sea incapaz de amar
lo que pasa es que yo veo el amor tan extraño como usar zapatos—
Nunca quise casarme con una chica parecida a mi madre
E Ingrid Bergman siempre fue imposible
Y quizás haya alguna niña, pero ya estará casada
Y no me gustan los hombres y—
¡pero tiene que haber alguien!
Porque que pasaría si tuviera 60 años y soltero,
solo en cuarto amueblado con manchas de pis en mi ropa interior
¡y todos los demás estuvieran casados! ¡Todos en el universo casados excepto yo!

Ah, pero bien sé que si hubiese una mujer posible como yo soy posible
entonces el matrimonio sería posible—
Como ELLA en su solitario y extraño esplendor esperando a su amante egipcio
así que espero — carente de 2000 años y el baño de la vida.

Gregory Corso, New York, 1930- Minnesota, 2001
Versión © Silvia Camerotto
Imagen de Jonathan Viner©, Sashura, en  Uno de los nuestros

Marriage 

Should I get married? Should I be Good?
Astound the girl next door with my velvet suit and faustus hood?
Don't take her to movies but to cemeteries
tell all about werewolf bathtubs and forked clarinets
then desire her and kiss her and all the preliminaries
and she going just so far and I understanding why
not getting angry saying You must feel! It's beautiful to feel!
Instead take her in my arms lean against an old crooked tombstone
and woo her the entire night the constellations in the sky—

When she introduces me to her parents
back straightened, hair finally combed, strangled by a tie,
should I sit knees together on their 3rd degree sofa
and not ask Where's the bathroom?
How else to feel other than I am,
often thinking Flash Gordon soap--
O how terrible it must be for a young man
seated before a family and the family thinking
We never saw him before! He wants our Mary Lou!
After tea and homemade cookies they ask What do you do for a living?
Should I tell them? Would they like me then?
Say All right get married, we're losing a daughter
but we're gaining a son--
And should I then ask Where's the bathroom?

O God, and the wedding! All her family and her friends
and only a handful of mine all scroungy and bearded
just waiting to get at the drinks and food—
And the priest! He looking at me if I masturbated
asking me Do you take this woman for your lawful wedded wife?
And I trembling what to say say Pie Glue!
I kiss the bride all those corny men slapping me on the back
She's all yours, boy! Ha-ha-ha!
And in their eyes you could see some obscene honeymoon going on—


then all that absurd rice and clanky cans and shoes
Niagara Falls! Hordes of us! Husbands! Wives! Flowers! Chocolates!
All streaming into cozy hotels
All going to do the same thing tonight
The indifferent clerk he knowing what was going to happen
The lobby zombies they knowing what
The whistling elevator man he knowing
The winking bellboy knowing
Everybody knowing! I'd be almost inclined not to do anything!
Stay up all night! Stare that hotel clerk in the eye!
Screaming: I deny honeymoon! I deny honeymoon!
running rampant into those almost climatic suites
yelling Radio belly! Cat shovel!
O I'd live in Niagara forever! in a dark cave beneath the Falls
I'd sit there the Mad Honeymooner devising ways to break marriages, a scourge of
bigamy a saint of divorce—

But I should get married I should be good
How nice it'd be to come home to her
and sit by the fireplace and she in the kitchen
aproned young and lovely wanting by baby
and so happy about me she burns the roast beef
and comes crying to me and I get up from my big papa chair
saying Christmas teeth! Radiant brains! Apple deaf!
God what a husband I'd make! Yes, I should get married!
So much to do! like sneaking into Mr Jones' house late at night
and cover his golf clubs with 1920 Norwegian books
Like hanging a picture of Rimbaud on the lawnmower
like pasting Tannu Tuva postage stamps all over the picket fence
like when Mrs Kindhead comes to collect for the Community Chest
grab her and tell her There are unfavorable omens in the sky!
And when the mayor comes to get my vote tell him
When are you going to stop people killing whales!
And when the milkman comes leave him a note in the bottle
Penguin dust, bring me penguin dust, I want penguin dust—


Yet if I should get married and it's Connecticut and snow
and she gives birth to a child and I am sleepless, worn,
up for nights, head bowed against a quiet window, the past behind me,
finding myself in the most common of situations a trembling man
knowledged with responsibility not twig-smear not Roman coin soup--
O what would that be like!
Surely I'd give it for a nipple a rubber Tacitus
For a rattle bag of broken Bach records
Tack Della Francesca all over its crib
Sew the Greek alphabet on its bib
And build for its playpen a roofless Parthenon

No, I doubt I'd be that kind of father
not rural not snow no quiet window
but hot smelly New York City
seven flights up, roaches and rats in the walls
a fat Reichian wife screeching over potatoes Get a job!
And five nose running brats in love with Batman
And the neighbors all toothless and dry haired
like those hag masses of the 18th century
all wanting to come in and watch TV
The landlord wants his rent
Grocery store Blue Cross Gas & Electric Knights of Columbus
Impossible to lie back and dream Telephone snow, ghost parking—
No! I should not get married and I should never get married!
But--imagine if I were to marry a beautiful sophisticated woman
tall and pale wearing an elegant black dress and long black gloves
holding a cigarette holder in one hand and highball in the other
and we lived high up a penthouse with a huge window
from which we could see all of New York and even farther on clearer days
No I can't imagine myself married to that pleasant prison dream—


O but what about love? I forget love 
not that I am incapable of love 
it's just that I see love as odd as wearing shoes— 
I never wanted to marry a girl who was like my mother 
And Ingrid Bergman was always impossible 
And there maybe a girl now but she's already married 
And I don't like men and—
but there's got to be somebody! 
Because what if I'm 60 years old and not married, 
all alone in furnished room with pee stains on my underwear 
and everybody else is married! All in the universe married but me!

Ah, yet well I know that were a woman possible as I am possible 
then marriage would be possible—
Like SHE in her lonely alien gaud waiting her Egyptian lover 
so I wait—bereft of 2,000 years and the bath of life.

domingo, diciembre 30, 2012

weldon kees. para mi hija



Para mi hija

Mirando en los ojos de mi hija leo
bajo la inocencia de la carne joven
ocultos, indicios de muerte a los que ella no presta atención.
Los vientos más  fríos han tocado este cabello, y marañas
de algas enredaron estas manos diminutas;
El lento veneno de la noche, paciente e imperceptible,
afectó su sangre. He visto años sedientos
que podrían ser suyos y parecen: infectos, resistiendo
a la muerte en batalla cierta, las piernas delgadas enfermizas.
O, alimentada por el odio, ella se deleita con la punzada
de la agonía de los otros; quizás la cruel
esposa  de un sifilítico o de un tonto.
Estas especulaciones se agrian bajo el sol.
No tengo hija. No deseo ninguna.

Weldon Kees, Beatrice, 1914- San Francisco, 1955
En The Collected Poems of Weldon Kees, University of Nebraska Press, 2003
Version  ©Silvia Camerotto
Imagen de Begemott©, Lies, en Uno de los nuestros

For My Daughter

Looking into my daughter’s eyes I read   
Beneath the innocence of morning flesh   
Concealed, hintings of death she does not heed.
Coldest of winds have blown this hair, and mesh
Of seaweed snarled these miniatures of hands;
The night’s slow poison, tolerant and bland,
Has moved her blood. Parched years that I have seen   
That may be hers appear: foul, lingering   
Death in certain war, the slim legs green.   
Or, fed on hate, she relishes the sting   
Of others’ agony; perhaps the cruel   
Bride of a syphilitic or a fool.   
These speculations sour in the sun.   
I have no daughter. I desire none.

sábado, diciembre 29, 2012

josé lezama lima. pensamientos en la habana





Pensamientos en la Habana

Porque habito un susurro como un velamen,
una tierra donde el hielo es una reminiscencia,
el fuego no puede izar un pájaro
y quemarlo en una conversación de estilo calmo.
Aunque ese estilo no me dicte un sollozo
y un brinco tenue me deje vivir malhumorado,
no he de reconocer la inútil marcha
de una máscara flotando donde yo no pueda,
donde yo no pueda transportar el picapedrero o el picaporte
a los museos donde se empapelan asesinatos
mientras los visitadores señalan la ardilla
que con el rabo se ajusta las medias.
Si un estilo anterior sacude el árbol,
decide el sollozo de dos cabellos y exclama:
my soul is not in an ashtray.

Cualquier recuerdo que sea transportado,
recibido como una galantina de los obesos embajadores de antaño,
no nos hará vivir como la silla rota
de la existencia solitaria que anota la marea
y estornuda en otoño.
Y el tamaño de una carcajada,
rota por decir que sus recuerdos están recordados,
y sus estilos los fragmentos de una serpiente
que queremos soldar
sin preocuparnos de la intensidad de sus ojos.
Si alguien nos recuerda que nuestros estilos
están ya recordados;
que por nuestras narices no escogita un aire sutil,
sino que el Eolo de las fuentes elaboradas
por las que decidieron que el ser
habitase en el hombre,
sin que ninguno de nosotros
dejase caer la saliva de una decisión bailable,
aunque presumimos como las demás hombres
que nuestras narices lanzan un aire sutil.
Como sueñan humillarnos,
repitiendo día y noche con el ritmo de la tortuga
que oculta el tiempo en su espaldar:
ustedes no decidieron que el ser habitase en el hombre;
vuestro Dios es la luna
contemplando como una balaustrada
al ser entrando en el hombre.
Como quieren humillarnos, le decimos
the chief of the tribe descended the staircase.

Ellos tienen unas vitrinas y usan unos zapatos.
En esas vitrinas alternan el maniquí con el quebrantahuesos disecado,
y todo lo que ha pasado por la frente del hastío
del búfalo solitario.
Si no miramos la vitrinas charlan
de nuestra insuficiente desnudez que no vale una estatuilla de Nápoles.
Si la atravesamos y no rompemos los cristales,
no subrayan con gracia que nuestro hastío puede quebrar el fuego
y nos hablan del modelo viviente y de la parábola del quebrantahuesos.
Ellos que cargan con sus maniquíes a todos los puertos
y que hunden en sus baúles un chirriar
de vultúridos disecados.
Ellos no quieren saber que trepamos por las raíces húmedas del helecho
-donde hay dos hombres frente a una mesa; a la derecha, la jarra
y el pan acariciado-,
y que aunque mastiquemos su estilo,
we don't choose our shoes in a show-window.

El caballo relincha cuando hay un bulto
que se interpone como un buey de peluche,
que impide que el río le pegue en el costado
y se bese con las espuelas regaladas
por una sonrosada adúltera neoyorquina.
El caballo no relincha de noche;
los cristales que exhala por su nariz,
una escarcha tibia, de papel;
la digestión de las espuelas
después de recorrer sus músculos encristalados
por un sudor de sartén.
El buey de peluche y el caballo
oyen el violín, pero el fruto no cae
reventado en su lomo frotado
con un almíbar que no es nunca el alquitrán.
El caballo resbala por el musgo donde hay una mesa que exhibe las espuelas,
pero la oreja erizada de la bestia no descifra.

La calma con música traspiés
y ebrios caballos de circo enrevesados,
donde la aguja muerde porque no hay un leopardo
y la crecida del acordeón
elabora una malla de tafetán gastado.
Aunque el hombre no salte, suenan
bultos divididos en cada estación indivisible,
porque el violín salta como un ojo.
Las inmóviles jarras remueven un eco cartilaginoso:
el vientre azul del pastor
se muestra en una bandeja de ostiones.
En ese eco del hueso y de la carne, brotan unos bufidos
cubiertos por un disfraz de telaraña,
para el deleite al que se le abre una boca,
como la flauta de bambú elaborada
por los garzones pedigüeños.
Piden una cóncava oscuridad
donde dormir, rajando insensibles
el estilo del vientre de su madre.
Pero mientras afilan un suspiro de telaraña
dentro de una jarra de mano en mano,
el rasguño en la tiorba no descifra.

Indicaba unas molduras
que mi carne prefiere a las almendras.
Unas molduras ricas y agujereadas
por la mano que las envuelve
y le riega los insectos que la han de acompañar.
Y esa espera, esperada en la madera
por su absorción que no detiene al jinete,
mientras no unas máscaras, los hachazos
que no llegan a las molduras,
que no esperan como un hacha, o una máscara,
sino como el hombre que espera en una casa de hojas.
Pero al trazar las grietas de la moldura
y al perejil y al canario haciendo gloria,
l'etranger nous demande le garçon maudit.

El mismo almizclero conocía la entrada,
el hilo de tres secretos
se continuaba hasta llegar a la terraza
sin ver el incendio del palacio grotesco.
¿Una puerta se derrumba porque el ebrio
sin las botas puestas le abandona su sueño?
Un sudor fangoso caía de los fustes
y las columnas se deshacían en un suspiro
que rodaba sus piedras hasta el arroyo.
Las azoteas y las barcazas
resguardan el líquido calmo y el aire escogido;
las azoteas amigas de los trompos
y las barcazas que anclan en un monte truncado,
ruedan confundidas por una galantería disecada que sorprende
a la hilandería y al reverso del ojo enmascarados tiritando juntos.

Pensar que unos ballesteros
disparan a una urna cineraria
y que de la urna saltan
unos pálidos cantando,
porque nuestros recuerdos están ya recordados
y rumiamos con una dignidad muy atolondrada
unas molduras salidas de la siesta picoteada del cazador.
Para saber si la canción es nuestra o de la noche,
quieren darnos un hacha elaborada en las fuentes de Eolo.
Quieren que saltemos de esa urna
y quieren también vernos desnudos.
Quieren que esa muerte que nos han regalado
sea la fuente de nuestro nacimiento,
y que nuestro oscuro tejer y deshacerse
esté recordado por el hilo de la pretendida.
Sabemos que el canario y el perejil hacen gloria
y que la primera flauta se hizo de una rama robada.

Nos recorremos
y ya detenidos señalamos la urna y a las palomas
grabadas en el aire escogido.
Nos recorremos
y la nueva sorpresa nos da los amigos
y el nacimiento de una dialéctica:
mientras dos diedros giran mordisqueándose,
el agua paseando por los canales de los huesos
lleva nuestro cuerpo hacia el flujo calmoso
de la tierra que no está navegada,
donde un alga despierta digiere incansablemente a un pájaro dormido.
Nos da los amigos que una luz redescubre
y la plaza donde conversan sin ser despertados.
De aquella urna maliciosamente donada,
saltaban parejas, contrastes y la fiebre
injertada en los cuerpos de imán
del paje loco sutilizando el suplicio lamido.
Mi vergüenza, los cuernos de imán untados de luna fría,
pero el desprecio paría una cifra
y ya sin conciencia columpiaba una rama.
Pero después de ofrecer sus respetos,
cuando bicéfalos, mañosos correctos
golpean con martillos algosos el androide tenorino,
el jefe de la tribu descendió la escalinata.

Los abalorios que nos han regalado
han fortalecido nuestra propia miseria,
pero como nos sabemos desnudos
el ser se posará en nuestros pasos cruzados.
Y mientras nos pintarrajeaban
para que saltásemos de la urna cineraria,
sabíamos que como siempre el viento rizaba las aguas
y unos pasos seguían con fruición nuestra propia miseria.
Los pasos huían con las primeras preguntas del sueño.
Pero el perro mordido por luz y por sombra,
por rabo y cabeza;
de luz tenebrosa que no logra grabarlo
y de sombra apestosa; la luz no lo afina
ni lo nutre la sombra; y así muerde
la luz y el fruto, la madera y la sombra,
la mansión y el hijo, rompiendo el zumbido
cuando los pasos se alejan y él toca en el pórtico.
Pobre río bobo que no encuentra salida,
ni las puertas y hojas hinchando su música.
Escogió, doble contra sencillo, los terrones malditos,
pero yo no escojo mis zapatos en una vitrina.

Al perderse el contorno en la hoja
el gusano revisaba oliscón su vieja morada;
al morder las aguas llegadas al río definido,
el colibrí tocaba las viejas molduras.
El violín de hielo amortajado en la reminiscencia.
El pájaro mosca destrenza una música y ata una música.
Nuestros bosques no obligan el hombre a perderse,
el bosque es para nosotros una serafina en la reminiscencia.
Cada hombre desnudo que viene por el río,
en la corriente o el huevo hialino,
nada en el aire si suspende el aliento
y extiende indefinidamente las piernas.
La boca de la carne de nuestras maderas
quema las gotas rizadas.
El aire escogido es como un hacha
para la carne de nuestras maderas,
y el colibrí las traspasa.
Mi espalda se irrita surcada por las orugas
que mastican un mimbre trocado en pez centurión,
pero yo continúo trabajando la madera,
como una uña despierta,
como una serafina que ata y destrenza en la reminiscencia.
El bosque soplado
desprende el colibrí del instante
y las viejas molduras.
Nuestra madera es un buey de peluche;
el estado ciudad es hoy el estado y un bosque pequeño.
El huésped sopla el caballo y las lluvias también.
El caballo pasa su belfo y su cola por la serafina del bosque;
el hombre desnudo entona su propia miseria,
el pájaro mosca lo mancha y traspasa.
Mi alma no está en un cenicero.

José Lezama Lima, La Habana, 1910-1976
de Pensamientos en la Habana
imagen de Tommy Ingberg©, Puppet, en Uno de los nuestros

viernes, diciembre 28, 2012

césar vallejo. poema para ser leído y cantado




Poema para ser leído y cantado

Sé que hay una persona
que me busca en su mano, día y noche,
encontrándome, a cada minuto, en su calzado.
¿Ignora que la noche está enterrada
con espuelas detrás de la cocina?

Sé que hay una persona compuesta de mis partes,
a la que integro cuando va mi talle
cabalgando en su exacta piedrecilla.
¿Ignora que a su cofre
no volverá moneda que salió con su retrato?

Sé el día,
pero el sol se me ha escapado;
sé el acto universal que hizo en su cama
con ajeno valor y esa agua tibia, cuya
superficial frecuencia es una mina.
¿Tan pequeña es, acaso, esa persona,
que hasta sus propios pies así la pisan?

Un gato es el lindero entre ella y yo,
al lado mismo de su tasa de agua.
La veo en las esquinas, se abre y cierra
su veste, antes palmera interrogante...
¿Qué podrá hacer sino cambiar de llanto?

Pero me busca y busca. ¡Es una historia!



César Vallejo, Santiago de Chuco, 1892- París, 1938
imagen de Martin Stranka©, It was my sunset, en Uno de los nuestros





jueves, diciembre 27, 2012

christina rossetti. recuerda



Recuerda

Recuérdame cuando me haya ido
lejos, hacia la tierra silenciosa;
cuando no alcances ya mi mano
o cuando dudando al irme, desee permanecer.
Recuérdame cuando ya no más día a día
puedas contarme el futuro que soñaste para nosotros:
solo recuérdame; tú sabes
que entonces será tarde para consejos u oraciones.
Mas si me olvidas por un tiempo
y me recuerdas luego, no sientas pena:
porque si tinieblas y corrupción dejan
una huella de lo que pensé alguna vez,
mejor será que olvides y sonrías
antes que evocarme y padecer.

Christina Georgina Rossetti, Londres 1830-1894
versión © Silvia Camerotto
imagen de Thomas Devaux©, Entre les Mains, en Uno de los nuestros

Remember


Remember me when I am gone away,  
Gone far away into the silent land;  
When you can no more hold me by the hand,  
Nor I half turn to go, yet turning stay.  
Remember me when no more day by day
You tell me of our future that you plann'd:  
Only remember me; you understand  
It will be late to counsel then or pray.  
Yet if you should forget me for a while  
And afterwards remember, do not grieve:
For if the darkness and corruption leave  
A vestige of the thoughts that once I had,  
Better by far you should forget and smile  
Than that you should remember and be sad.

miércoles, diciembre 26, 2012

silvina ocampo. la vida infinita



La vida infinita

A veces me pregunto, al escuchar
como un recuerdo ya, el zorzal cantar

en los fondos más dóciles del sueño,
qué persigue la vida en su diseño

y en qué nos tornaremos cuando nada
nos distinga del aire y de la oleada

del mar que baña orillas de la tierra
donde nacemos y algo nos destierra.

Cuando llegue Átropos, supersticiosa,
con su cara de negra mariposa,

¿tendremos el anillo de oro mágico
que nos protegerá del hado trágico?

¿O tendremos las alas, el caballo,
que traspasará el vidrio como un rayo?

¿O perderemos todo en un momento
con el secreto y breve adiestramiento

que nos dan ya las cosas indistintas?
No escribiremos con las mismas tintas.

No pasará Alejandro Nevsky sólo
con música, armadura y protocolo

en los cinematógrafos oscuros.
No existirán los largos, largos muros

en el remoto imperio de la China;
ni en el Tibet los monjes, su doctrina.

No existirán las sombras ni los piélagos.
ni las montañas ni los archipiélagos,

ni esos bustos dorados, ni esos nombres
ni esa voz que venera el pueblo, de hombres.

No habrá tigres ni monstruos de cemento,
ni la proclamación del monumento.

No habrá teatros y gentes y mercados,
agapantos, lugares retirados,

donde canta el calor con sus chicharras
o la lluvia en los techos de pizarras.

No sabremos que existe Egipto, el Nilo,
ni leeremos las páginas de Esquilo.

No veremos en ciertos ojos almas
que besan a la nuestra en nuestras palmas.

En el itinerario de los días,
a veces víctimas de brujerías,

no omitiremos lo que más amamos
para incluir luego lo que detestamos.

No existirá el lustral Mediterráneo,
ni las plantas, ni el sol contemporáneo.

No habrá calles con nombres previsibles,
ni metales ni piedras más sensibles.

No estará el mismo río sobre el barro,
las quemas de basuras ni ese carro,

con perros que en las noches del suburbio.
se pierden junto a un niño cruel y rubio.

No habrá reinas de Egipto, ni monedas
que conservan sus caras, ni habrá sedas.

Si hoy existimos, para no morirnos
mañana lograremos no eximirnos

del universo al inventar un mundo
para vivir de nuevo. Vagabundo

como nosotros nuestro pensamiento
recordará quizás un alimento,

un dolor, un estigma, una pasión,
un rostro pálido, la comunión,

y por ejemplo dentro de algún verso
de San Juan de la Cruz un ciervo, un cierzo,

para otra vez incluirnos en la historia.
¿Será como una jaula la memoria?

El Sésamo Ábrete de recordar,
de nuevo nos pondrá en nuestro lugar

o en lugares distintos como ciegos
que no se reconocen, como en juegos.

Silvina Ocampo, Buenos Aires, 1906-1993
imagen de Andrey Bobir©, Create past, en Uno de los nuestros

martes, diciembre 25, 2012

césar vallejo. me viene,hay días, una gana ubérrima



Me viene, hay días, una gana ubérrima 

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultóse en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.
Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.
Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios.

Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo
y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al mundo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo.

¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, proyecto!
Me viene a pelo
desde el cimiento, desde la ingle pública,
y, viniendo de lejos, da ganas de besarle
la bufanda al cantor,
y al que sufre, besarle en su sartén,
al sordo, en su rumor craneano, impávido;
al que me da lo que olvidé en mi seno,
en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.

Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudar a matar al matador ?cosa terrible?
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.

César Vallejo, Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938
imagen de Alberto Pancorbo© – Laberintos del alma I, en Uno de los nuestros

lunes, diciembre 24, 2012

olga orozco. por mucho que nos duela



Por mucho que nos duela

a Josefina Susana Fragueiro


¿Y ahora dónde estás,
expulsada de todos los paraísos de este mundo,
sin haber encontrado tu lugar ni en el bosque de la cigarra ni en la torre de la hormiga,
y ni siquiera en un páramo de soledad que se amoldara como un hecho resignado a tu cuerpo,
como una almohada de renunciamiento a tu cabeza?
Ya habrás cruzado lúcida, con tus ojos de lámpara votiva,
ese punto de fuga del que hablabas,
donde empieza a invertirse la distancia y a ensancharse la tierra de la promisión.
Ahora, cuando podrías enseñarme todos los subterfugios del camino,
simularás sin duda no saberlos para exaltar las orgullosas tentativas de mis pies
y erigirme un sitial de reina en mis errores,
igual que de este lado.
¡Hemos andado juntas tantos años palpando las costuras que nos unieron a este trama!
Tú cortaste los nudos y soltaste de un golpe todas las puntadas,
con ese mismo exceso con que repartías tu pan y te precipitabas en el abismo y en la hoguera
-sí, el desmedido amor, la pasión desmedida,
la desmedida inercia frente al rito vampiro de la fatalidad-.
Te arrancaste tu bolsa de intemperies, tu ropaje de huesos,
el puñado de grises piedrecitas adheridas al último pliegue del destino,
la mordaza de arena,
y huiste por las vertiginosas galerías sin otro sol que tu alma
ni más abrigo que dos o tres nombres apretujados contra tu desnudez
igual que relicarios.
¿Y no podremos ya entreabrir otra vez los bordes de las sombras
como los de una brecha por donde vida y muerte intercambian piadosas sus rehenes
en forma de fantasmas?
¿Alguna vez podríamos tomarnos de la mano,
cuando estemos muy solas,
cuando el pavor recubra con pelambre de tigre todas las ventanas?
Mi mano, al encuentro de la tuya, no recibe respuesta,
como si resbalara por la desnuda y ciega superficie de un espejo que borra.
Mis ojos sólo registran el ardor de una inmersión sin fin en el vacío inexorable.
Mis palabras son como vidrios transparentes trizados contra el muro.
¿Puede ser que no vengas, tú, que siempre acudías antes de ser llamada,
tú, que te adelantabas como un atajo a la necesidad
y que volabas como un pájaro blanco atraído por el sahumerio de un deseo?
¿Puede ser, mensajera de los desayunos, vigía en la epidemia y la tormenta?
Quizás te hayas confundido otra vez el lugar y las horas
y antes como viajera perdida nuevamente entre dunas errantes y encrucijadas circulares,
con ese aire confuso de los que no se sienten esperados,
de los que van hacia ninguna parte.
Acaso te detengas en esos sitios como catedrales en los que resonó tu voz de Piaf,
ese grito subiendo en borbotones desde el amor herido hasta la desagarrada garganta el perdón:
o en esas habitaciones miserables que aspiraban tu vida en un negro bostezo
y te arrojaban al azar y al desorden como a dos ventisqueros;
o junto a esas mesas en las que bebías tu alcohol a grandes llamaradas,
no para ver el mundo a través de una fiesta, sino para quemarle la piel al infortunio;
o en ese altillo donde me dejaste un árbol de alucinada Navidad
como un ángel posado para siempre sobre cualquier rincón inhóspito del año;
o allá mucho más lejos, en casas que hoy son nubes,
donde podías extraer la dicha de un perfume, una cabeza de una piedra,
cuando aún no tenías esa doble visión de los que perfeccionan el fracaso como un huecograbado,
cuando aún no asfixiabas con rejas los retratos,
cuando te arrebujabas en el porvenir bajo el manto de Donatello y Miguel Ángel,
y aún era temprano.
¿Y estarás ajustando más las cuentas,
borroneando tu torturada biografía con tachaduras que son un signo menos?
¿O te retienen por un ala desde arriba,
mientras pugnas por desasirte con esos tormentosos aleteos,
con esa fuerza de bestezuela exasperada con que te resistías a las jaulas de cualquier ordenanza,
acumulando sólo lastimaduras y castigos, con extraña paciencia?
¿O aún no has logrado entrar y no puedes adelantarte a la salida?
No puedo suponer que estás sentada en tu silla de Van Gogh haciendo otra durísima antesala,
repasando los agujeros de tu historia en busca de las llaves,
como si no estuvieran estampadas con fuego en tus dos manos,
como si fueran necesarias;
o que esperas entre celestes agapantos soñando que te despiertas en el alba harapienta,
de cara a la pared,
donde había una puerta que acaban de tapiar y una cortina que se desvanece,
y giras la cabeza y no aciertas a distinguir tus pobres pertenencias,
la exigua certidumbre que te amparaba cada día.
No puedo soportar que veles suspendida de un reflejo, acorralada en lo imposible.
Soy yo quien anda a tientas sin hallar la consigna,
o quien fragua visiones con el humo que exhalan sus propias pesadillas.
¡Tanto velo ilusorio para cubrir los huecos de tu ausencia!
No, no te esfuerces más por hacerte visible probándote los vendajes de la niebla,
no trates de secarme cada lágrima con un soplo de invierno,
no intentes susurrar con el chisporroteo de los leños las viejas melodías.
Tú y yo no precisamos más evidencia que la sed
para saber que en algún lado gorgotean las aguas subterráneas.
¡Hemos andado juntas tantos años bajo estas pavorosas ruedas fulgurantes esperando un milagro!
Ahora donde quiera que estés está el milagro:
ésa es “la tierra de ninguna parte, tu verdadera patria”.
Allá está la flor de oro, la corona de luz,
el corazón secreto de la joya que late con tu corazón y alumbra las tinieblas.
No mires hacia atrás.
Asciende, asciende hasta perdernos de vista como a las migraciones de este último otoño,
como a los huesos que se disgregan en la playa.
Y olvídanos junto a la loza rota, los calendarios muertos, los zapatos;
olvídanos tiernamente, con esa fervorosa obstinación que tú sabes,
pero olvídanos, por mucho que te cueste,
por mucho que nos duela todavía.

Olga Orozco, Toay, La  Pampa, 1920- Buenos Aires, 1999
de La noche a la deriva, FCE, México, 1983
imagen de Juan Medina, Enticing, en Uno de los nuestros

domingo, diciembre 23, 2012

pedro serrano. peregrinaje


Peregrinaje

Ya no estamos esos cuatro que viajamos
en busca de la claridad y la salvación.
La vida apegándose a sus muros de cal, a su paso.
Mi padre no tenía aun mi edad, mi madre era muy joven.
Como una burbuja de esperanza íbamos
en peregrinación hacia el norte.
Houston, Nueva York, Montreal, trenes, aviones,
hoteles metafísicos con vacas alzadas en la entrada,
albercas en los pies de la cama,
cuerpos negros brillantes y sedosos,
y todo novedad.
Ana Luisa en su jirafa con ruedas, pequeñita,
persiguiendo un mundo que ya no alcanzaría
y en el que me conduce.
Íbamos cruzado el cañón hacia el Empire,
arreando un sol por los desfiladeros de Nueva York,
hasta caer dormidos entre cabezales oscuros.
Y en el envés mis padres,
relucientes en la vida adulta,
hacia el amanecer juntos de nuevo.
Agua de infancia.
Todo el itinerario en mi regazo.
Como el tren a Montreal,
en un último vagón por bosques aprehendidos,
abrazados,
viendo cómo se iba el paisaje
desde la barandilla
y venía siempre.

Pedro Serrano, Montreal, 1957
de Trapiches, colección viernes poesía n° 94, Universidad Nacional de Colombia, 2012
imagen de Paul Klee, Dream city