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La casa vacía
No invites a nadie
a nuestra casa,
pues repararán en
puertas, paredes, escaleras
y ventanas,
mirarán la polilla en
los rincones,
los cerrojos oxidados,
las lámparas ciegas, arruinadas.
No traigas a nadie a nuestra casa
pues no tendrán más
que angustia de tu mesa,
de tu cama, tu mantel,
del mobiliario se reirán
de pena por las tazas, fingirán
nostalgia de mi nombre,
y reirán de nuestra hamaca.
No traigas más gente a nuestra casa
pues te escribirán canciones,
te entusiasmarán el alma,
te susurrarán traviesos,
sembrarán una flor en tu ventana.
Por eso no debes, te lo ruego,
traer más gente a nuestra cas
pues se pondrán rosados,
verdosos, rojizos o azulados,
al descubrir paredes rotas
las plantas marchitadas.
Querrán barre en los rincones
querrán abrir nuestras persianas
y encontrarán seguro entre mis libros
las excusas perversas que buscaban.
No traigas más nadie a nuestra casa,
así descubrirán nuestros absurdos
te llevarán lejos a otras playas
te contarán historias de naufragios
te sacarán a rastras de esta casa.
Siomara España, Manabí, Ecuador, 1976
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