miércoles, noviembre 19, 2014

juan manuel inchauspe. me voy temprano



I

Me voy temprano y regreso muy tarde
cuando la noche ha hecho ya 
gran parte de su trabajo
y no queda tiempo para detenerse a mirar.

Así paso los días. Como si lo mejor de mí 
estuviera paralizado y muerto
o mejor como si no hubiera existido nunca.

Nada más que este rostro hipnotizado.
Como un pájaro nocturno
alguna palabra escala mi sangre.

Entiendo que debo quemar mis manos una vez más.

Abro el cuaderno y escribo rápidamente.

Todo arde.


Juan Manuel Inchauspe, Santa Fe, 1940-1991
en Poesía completa, Universidad Nacional del Litoral, 1994
imagen de © AbstractStudio 2014, en ART fire

martes, noviembre 18, 2014

javier adúriz. el nadador



El nadador

Las últimas piletas son agrias. Llueve
tanto o más de lo pensado, aun
cuando los jazmines revienten
y las enredaderas se aúpen a los árboles.
Creeme... no se puede creer. Los huesos
hablan y el animal afina por debajo
una canción indescriptible. Igual,
no se quiere dejar de sonreír.
Hay algo en los recuerdos, vale decir,
en el seco ahora, en el puro y desaforado
ahora, que no importa demasiado
si el resto se vuelve confuso y breve,
fragmentario. Lo interesante está aquí,
en este aquí del tiempo, aunque la casa
finalmente esté sola... o vieja... o devastada.


Para Jorge Olivera

Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948- 2011
Imagen de Omar Ortíz

lunes, noviembre 17, 2014

javier galarza. la renuncia



La renuncia

No pelees, si comprendieras el bien
que hay en la renuncia. Tus cosas,
en alguien más se podrían complacer.
Quede entre las excusas tu misal.
Por mi parte, cierro la noche,
desaprendo las señas de tu lengua,
vago loco y con penas en la patria,
palpo como ciego los animales que dormimos.
Indago en vano las coordenadas del país.
Descansan las sendas que transitamos en silencio.


Javier Galarza, Buenos Aires, 1968
en Lo atenuado, audisea, Buenos Aires, 2014
imagen de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, El sacrificio de Isaac

miércoles, noviembre 12, 2014

jorge aulicino. firmeza de cristo en la materia



Firmeza de Cristo en la materia

El incienso encendido en la crisis energética.
La ciudad poblada de parches de oscuridad.
Él arde otra vez, vuelve a nacer, coronado de inmundicia.
Basura sin recoger. Gente que grita soluciones torvas de un lado
al otro de una mesa llena de copas en las que el óxido del año
comienza a actuar. Un largo silbido de aire caliente arremolina envoltorios
sobre la mesa. Saben de qué hablan. El templo otra vez, disputado.

El incienso has encendido en tu casa a solas, después del nacimiento,
luego de las multiplicadas reuniones de símbolos: los hijos
a punto de partir; los padres y tíos que envejecen; el poder
que los mella hasta en ese vacío de Cristo en el que nace Cristo otra vez.

¿Te acordás cuando tiraste al griego por la ventana?
Cayó encima de un florista. Te acordás de Raúl.
Ninguno puede recordar el nombre de su bisabuelo.
Esto nos diferencia de la oligarquía, Señor, para mal.
Porque es como si esta tierra no fuera nunca nuestra.
No tienen vino. * No tenemos peces. No tenemos más que esta vacía
celebración de Cristo nuestro Señor, sin Cristo y sin Señor,
y aun con Cristo, y aun con sombras de perjuros, en substancia.

Y bajará, este año bajará como los otros hasta tu incienso solitario,
bajará a las paradas de colectivos, a los subterráneos, al supermercado.
Bajará y declinará con el año, sucio al fin, crucificado. Otra vez
comeremos de su carne y su sal. Comeremos su espíritu sin mellarlo.
Lanzaremos voces, sentiremos que la sangre se enfría en las ventanas.
Sentiremos que el cuerpo cae por las vidrieras, por las alcantarillas.
Sentiremos la ausencia de Dios hasta que nos revienten los oídos.


* Las bodas de Caná, Evangelios

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949
de El Cairo, inédito 
imagen de Martin Lačný -Incense Smoke, 2010, en The Original Moody


lunes, noviembre 10, 2014

e.e. cummings . llevo tu corazón


Llevo tu corazón
llevo tu corazón conmigo (lo llevo
en mi corazón) nunca sin él (allí donde
voy tú vas, querida; y cuanto estoy obligado
a hacer tú lo haces, mi muy querida)
no temo
el destino (tú eres mi destino, amor mío) no quiero
el mundo (tú hermosa eres mi mundo, mi verdad)
y eres lo que la luna siempre ha significado
y cuanto un sol siempre cantará eres tú
he aquí el secreto más profundo que nadie conoce
(aquí está la raíz de la raíz y el brote del brote
y el cielo del cielo de un árbol llamado vida, que crece
más alto de lo que el alma puede esperar y la mente alcanzar)
y este es el prodigio que distingue las estrellas
llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón)
e.e. cummings, Cambridge, 1894- North Conway, 1962
versión de Jonio González
imagen s/d

***
i carry your heart with me (i carry it in 
my heart) i am never without it(anywhere 
i go you go,my dear;and whatever is done 
by only me is your doing,my darling) 
i fear 
no fate(for you are my fate,my sweet)i want 
no world(for beautiful you are my world,my true) 
and it’s you are whatever a moon has always meant 
and whatever a sun will always sing is you
here is the deepest secret nobody knows 
(here is the root of the root and the bud of the bud 
and the sky of the sky of a tree called life;which grows 
higher than soul can hope or mind can hide) 
and this is the wonder that's keeping the stars apart
i carry your heart (i carry it in my heart)


domingo, noviembre 09, 2014

margaret atwood. vivienda



Vivienda

El matrimonio no es
una casa o siquiera una tienda de campaña

es antes que eso, y más frío:

el borde de un bosque, el borde
del desierto
las escaleras sin pintar
en la parte de atrás, afuera, donde
nos acurrucamos, comemos pochoclo

el borde del glaciar que se aleja

donde con dolor y asombro
de haber sobrevivido hasta
aquí

aprendemos  a hacer fuego.

Margaret Atwood, Ottawa, 1939
versión Silvia Camerotto
imagen s/d

Habitation
Marriage is not 
a house or even a tent 

it is before that, and colder: 


the edge of the forest, the edge 
of the desert 
the unpainted stairs 
at the back where we squat 
outside, eating popcorn 

the edge of the receding glacier 

where painfully and with wonder 
at having survived even 
this far 

we are learning to make fire.

sábado, noviembre 08, 2014

césar vallejo. considerando en frio



***

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado; 
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, 
en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...


César Vallejo, Santiago de Chuco, Perú, 1892- París, Francia, 1938
imagen Alone, en Free Image Download

viernes, noviembre 07, 2014

edgar bayley. no puedo decirlo de otro modo



No puedo decirlo de otro modo

vendrá un día un día vendrá un día
habrá un día
una mañana
y tendremos lo que fuimos somos
hubo un día
una marsopa
un escabel un pámpano en el aire
no puedo decirlo de otro modo
cuando me pongo a conversar sobre estas cosas
mi intención es ser muy claro y muy resuelto
no puedo decirlo de otro modo
vendrá un día un día vendrá un día
una mañana
y todo será muy claro y muy despierto.

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
imagen de Lucie Beardwood, en Abstract Artist Gallery

jueves, noviembre 06, 2014

alberto muñoz. los hombres son mejores que los pianistas



Los hombres son mejores que los pianistas


a Diego Vila, maestro de piano

Los hombres son mejores que los pianistas
porque los hombres ven en la madera
un animal de hoja con astillas
una cumbrera nacida en las verduras.
Los pianistas ven en la madera el arquetipo de un piano
una construcción que para el dios sería de piedra
y para ellos de finitos martillos y misterio.

Los hombres se enamoran de las mujeres y los 
pianistas de la música o de los bellos calderones
que dejan escapar sus pechos del escote.
La mínima razón de una mujer es lívida al
silencio de negra de frutas del amor descendido
a la líquida expresión del pentagrama.

Pero los pianistas han entrado sin saberlo en una 
tenue piedad echados a la suerte del caracol milenario
que lleva su imperio sobre una baba melódica.

Los hombres son mejores que los pianistas porque
echan sus cuerpos en bañeras comen ciervos limpian
con hilo dental el cálculo de sus probabilidades son
ternarios y beben con tal de olvidar que los pianistas
sin salir del taburete se llevan el amor de las manzanas
y de las rojas mujeres cultivadas.

Debemos cuidarnos de los pianistas mucho más que de
aquellos que escriben en la cabeza de los alfileres páginas
del Zohar. Son una amenaza para el gentío que ama las
carreras de caballos o toma sol bajo la lámpara de Schopenhauer.

Tener una hija que se casa con un pianista es perder una
costumbre del azúcar. Ellos arrebatan el almidón de las 
polleras con esos pedales de bronce
utilizan la uva de sus alientos para solfear
o hervir la luz en una partida del barroco.
Sin embargo hay enamoradas en el mundo que han entrado al
Paraíso de verlos ingresar en la alta noche escribiendo arreglos
para la gran costurera del universo.

Los hombre no quieren ser pianistas porque saben que los
pianos hunden los pisos de madera.

Los afinadores de pianos son hombres porque han renunciado
a ser pianistas y prefieren el torbellino de los cobres que leer
en el Timeo que la música es una operación del intelecto.

Los hombres poco saben de los apagadores del diagrama del
piano Cristofori. No sufren al simular un marfil con una
composición de galactita. No han perdido las uñas en
el tema variado en fa menor de Haydn.

Los pianistas no saben levantar una casa ni saben
cuál es el retroceso carnal del aguacero. Son simples
como el dedo gordo de los magos
no comen pulpo y el acordeón les da miedo.

Son también parecidos a los hombres pero no son mejores
porque cuando ellos tocan sus desvencijados pianos los
hombres inventan concursos para que desaparezcan.

Alberto Muñoz, Buenos Aires 1951
imagen de Matthew Kennedy en Matthew Kennedy

miércoles, noviembre 05, 2014

santiago sylvester. el patio



El patio


a mis hermanos

Lo que ya no existe: plantas acogedoras, guarida para la desmesura
  de lo que nunca iba  a morir.
Lo que existe: otras plantas con misión idéntica. El largo pacto de
  la especia: se planta para otro.
Lo que ya no existe: el arrebato de los hermanos, juegos, peleas,
  adivinanzas, para que todo creciera entre nosotros.
Lo que existe: nuevo bullicio con el mismo impulso, como si supiera
  también él, que su esplendor está hecho de pequeños sobresaltos.
Lo que ya no existe: un dibujo en la pared que la humedad del cantero
  se encargó de mejorar.
Lo que existe: la humedad del cantero mejorando otros dibujos.

El largo pacto de la especie sirve de explicación,
no de consuelo: la muerte (que sucede de a poco)
sigue afligiendo a pesar de su frecuencia;
y sin embargo, si existiera la resurrección,
¿quién quisiera resucitar sin condiciones?

Lo que existe, lo que ya no existe:
dos formas de contar lo que nos pasa.
Atributos de un remoto cuidado
que provocan una desolación de la fisiología;
porque ese patio existe,
lo que ya no existe soy yo.

Santiago Sylvester, Salta 1942
Imagen de Susan Stefanski, en Paintings by Susan Stefanski