domingo, mayo 06, 2018

adrienne rich. traducciones



Traducciones

Me muestras los poemas de una mujer
de mi edad o quizás más joven
traducidos de tu lengua

Hay algunas palabras: enemigo, horno, dolor
que alcanzan para saber
que es una mujer de mi tiempo

obsesionada

por el Amor, nuestro tema:
lo hemos guiado como a la hiedra en nuestros muros
horneado como pan en nuestras cocinas
cargado como plomo en nuestros tobillos
mirado con binoculares como si
fuese un helicóptero
trayendo alimento a nuestra hambre
o el satélite
de un poder hostil

Comienzo a imaginar a esa mujer
haciendo cosas: revolviendo el arroz
planchando una falda
tipeando un texto hasta la madrugada

tratando de llamar
desde una cabina

en el cuarto de un hombre
el teléfono suena sin que conteste
y lo oye diciéndole a alguien
no importa. se cansará
lo oye contándole su historia a la hermana

que se vuelve enemiga
y que a su tiempo
iniciará su propio camino hacia el dolor

ignorando el hecho de que ese camino de sufrimiento
es compartido, innecesario
y político.

1972

Adrienne Rich, Baltimore, 1929- Maryland, 2012
de Diving into the Wreck, W.W. Norton & Co., New York, 1973
Versión ©Silvia Camerotto


Translations

You show me the poems of some woman
my age, or younger
translated from your language

Certain words occur: enemy, oven, sorrow
enough to let me know
she’s a woman of my time

obsessed

with Love, our subject:
we’ve trained it like ivy to our walls
baked it like bread in our ovens
worn it like lead on our ankles
watched it through binoculars as if
it were a helicopter
bringing food to our famine
or the satellite
of a hostile power

I begin to see that woman
doing things: stirring rice
ironing a skirt
typing a manuscript till dawn

trying to make a call
from a phonebook

the phone rings unanswered
in a man’s bedroom
she hears him telling someone else
never mind. she’ll get tired—
hears him telling her story to her sister

who becomes her enemy
and will in her own time
light her own way to sorrow

ignorant of the fact this way of grief
is shared, unnecessary
and political


sábado, mayo 05, 2018

jorge aulicino. de 'el río'



6

Le mostré el río.
Tú no tienes corazón, no tienes corazón,
me decía en su lengua doméstica española, 

que no es la nuestra. Por eso le agradezco
por eso le agradezco a Teresa, porque me señaló
un hecho decisivo: sin corazón no se puede mirar el río,
se pueden mirar las batallas del río, 
que casi siempre gana, como con aquel puente en Santa Fe.
Teresa de Ávila miró la masa móvil de agua.
¿Te puedes imaginar dos grandes ríos que corren
paralelos ladeando provincias para formar esta bestia
que parece apacible?
Sólo se encrespa a veces y no es demasiado
grave. Me recuerda a mi gata, me dijo Teresa de Ávila,
y me narró la historia de aquel fraile
que podía ver a Dios sin mirar el universo.
Y que bajó por la ventana sin embargo de una celda
estrecha porque una cosa es la celda
y otra la prisión, y estaba preso,
mi pequeño fraile poético, y lleno de una única visión.
Pero aquí podéis mirar sin peligro el río felino
y cambiar el nombre a las cosas, dijo,
y ver que el nombre no hace falta, ni Pocitos ni La Boca
excepto como memoria de lo creado.
Delectatio terrestris es también extrahumana
y se trata de ver el en el nombre el Nombre que nomina
lo nominable y da memoria.
No es distracción saber a qué hora parte el buquebús 
y qué color tienen a estas horas las piedras de Colonia.
Baja hasta el Tajo como lo hizo el fraile desde su ventana
y huye de la prisión de los días más amarillos,
en la costa te darán su libertad la arenera, el velero,
esa mancha violeta, la desvencijada silla del pescador,
dispuesto todo como al azar por la bestia calma.

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949
de El río, inédito
imagen de Joanie Lemercier


viernes, mayo 04, 2018

rubén vela. pequeña criatura




Pequeña criatura

A Nina

Criaturas de la piel curtida por el fuego ascendente del mediodía, 
las hojas de los árboles nuevos te cubren de amor
y mi tiempo es un silencioso rehén ante tu inmensidad.

La sed de los descubrimientos,
el verano común del universo,
la muerte huyen de ti
y quedas prendida como una firme voluntad, como un solo deseo,
en lo que es pliegue de mi mismo en mi soledad

Para hablar de ti invento los incendios nuevos,
la locura del día
ordenando los edificios en inmensas vocales de tu nombre.

¡Cómo quisiera estrecharte,
criatura livianísima
bajo la urgencia de este día suelto entre mis labios! Entonces seriamos tú y yo
hechos memorables para definir el universo.

Criatura de los años erguidos
de años como un alto regocijo para el rojo tiempo de mi amor. ¡La necesidad de tenerte llena de luz
hecha tan sólo esta necesidad de permanente costumbre!


Rubén Vela, Santa Fe, 1928- Buenos Aires, 2018
De Poemas como piedras, prólogo de Horacio Armani, Editorial Victoria Ocampo, Buenos Aires, 2013
imagen de Francisco Amighetti

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