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lunes, julio 31, 2017

wallace stevens. de la superficie de las cosas



De la superficie de las cosas

I

En mi cuarto, el mundo está más allá de mi entendimiento;
pero cuando camino veo que consiste de tres o cuatro colinas y una nube.

II

Desde mi balcón, esbozo el aire amarillo,
leo donde escribí,
'La primavera es como una bella desnudándose'.

III

El árbol dorado es azul.
El cantante se ha puesto la capa sobre su cabeza.
La luna está en los pliegues de la capa.


Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955
en Harmonium, 1923
versión ©Silvia Camerotto
imagen de Lynn Tribe


Of the surface of things

I

In my room, the world is beyond my understanding;
But when I walk I see that it consists of three or four hills and a cloud.

II

From my balcony, I survey the yellow air,
Readomg where I have written,
"The spring is like a belle undressing".

III

The gold tree is blue.
The singer has pulled his cloak over his head.
The moon is in the folds of the cloak.

miércoles, julio 26, 2017

wallace stevens. hombres hechos de palabras



Hombres hechos de palabras

¿Qué seríamos sin el mito sexual,
la ensoñación humana o el poema de la muerte?

Castratos de infatuaciones lunares –la vida consiste
de  proposiciones sobre la vida. La humana

ensoñación es una soledad en la que
componemos estas proposiciones, desgarradas por los sueños,

por las terribles maldiciones de las derrotas
y por el temor de que las derrotas y los sueños sean uno.

Toda la raza es un poeta que escribe

las excéntricas proposiciones de su destino.

Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955
versión ©Silvia Camerotto



Men Made Out of Words

What should we be without the sexual myth,
The human reverie or poem of death?

Castratos of moon-mash—Life consists
Of propositions about life. The human

Reverie  is a solitude in which
We compose these propositions, torn by dreams,

By the terrible incantations of defeats
And by the fear that defeats and dreams are one.

The whole race is a poet that writes down
The eccentric propositions of its fate.



domingo, junio 04, 2017

wallace stevens. el viento cambia




El viento cambia

Así es como cambia el viento:
como los pensamientos de un humano mayor,
que todavía piensa con ganas
y con desesperación.
El viento cambia así:
como un humano sin ilusiones,
que aun siente cosas irracionales dentro suyo.
El viento cambia así:
como humanos que se acercan con orgullo,
como humanos que se acercan con ira.
Así es como cambia el viento:
como un humano, pesado, muy pesado,
al que no le importa nada.

Wallace Stevens, Reading, 1879- Hartford, 1955
de Harmonium, 1917
versión © Silvia Camerotto
imagen de Osnat Tzadok



The Wind Shifts

This is how the wind shifts:
like the thoughts of an old human,
who still thinks eagerly
and depairingly.
The wind shifts like this:
like a human without illusions,
who still feels irrational things within her.
The wind shifts like this:
like humans approaching proudly,
like humans approaching angrily.
This is how the wind shifts:
like a human, heavy and heavy,
who does not care.

miércoles, junio 29, 2016

wallace stevens. an ordinary evening in new haven





XVIII

Es la ventana la que hace difícil
Decir adiós al pasado y vivir y estar
En el presente estado de las cosas, como pintar

En el presente estado de la pintura y no en el
De hace treinta años. Es Mirar
Por la ventana, caminar por la calle y ver,

Como si los ojos fueran el presente o parte de él,
Como si los oídos oyesen cualquier sonido que sobresalta,
Como si la vida y la muerte siempre fueran físicas.

La vida y la muerte de este carpintero dependen
De una fucsia en una lata, de iridiscencias
De pétalos que nunca se manifestarán,

Cosas aun no verdaderas que percibe a través de la verdad,
O cree percibirlas, como percibe el presente,
O cree percibirlo, las iridiscencias de madera

De un carpintero, el modelo para aprendices astrales,
Una ciudad que se abre como una caja de herramientas,
El excéntrico exterior del que hablan los relojes.

Wallace Stevens, Reading, 1879- Hartford, 1855
Selección de Un anochecer cualquiera en New Haven
Versión de Darío Rojo y Jorge Salvetti,
En 'Tupé', Número seis, Febrero 2016
imagen en Woodberry poetry


XVIII

It is the window that makes it difficult
To say good-bye to the past and to live and to be
In the present state of things as, say, to paint

In the present state of painting, and not the state
Of thirty years agos. It is looking out
Of the window and walking in the street and seeing,

As if the eyes were the present or part of it,
As if the ears heard any shocking sound,
As if life and deathe were ever physical.

The life and death of this carpenter depend
On a fuchsia in a can - and iridescences
Of petals that will never be realized,

Things not yet true which he perceives through truth,
Or thinks he does, as he percieves the present,
Or thinks he does, a carpenter's iridescences,

Wooden, the model for astral apprentices,
A city slapped up like a chest of tools,
The eccentric exterior of which the clock talk.

domingo, febrero 07, 2016

wallace stevens. tristes acordes de un alegre vals




Tristes acordes de un alegre vals

La verdad es que llega un momento
cuando ya no podemos lamentarnos más por música
que es sonido sin movimiento.

Llega un momento en que el vals
deja de ser un modo de deseo, un modo
de revelar el deseo y está vacío de sombras.

Muchos valses han terminado. Y después
está ese Hoon subido a la montaña,
para quien el deseo nunca fue el de un vals,

quien encontró la forma y el orden en soledad,
para quien las figuras nunca fueron las de los hombres.
Ahora, para él, sus formas han desaparecido.

No hay orden ni en el mar ni en el sol.
Las figuras han perdido su brillo.
Estas son las inesperadas multitudes humanas,

estas nubes inesperadas de caras y brazos,
una inmensa represión, liberada,
estas voces que lloran sin saber por qué,

excepto para ser feliz, sin saber cómo,
imponiendo formas que no pueden describir,
requiriendo un orden más allá del discurso.

Demasiados valses-La épica del descreimiento
resuena más seguido y pronto, pronto será constante.
Algún escéptico armonioso pronto en una música escéptica

unirá estas figuras de hombres y sus formas
brillarán otra vez en movimiento, la música
será movimiento y llena de sombras.


Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955
En Wallace Stevens, Selected Poems, Faber & Faber, Londres, 1978
Versión © Silvia Camerotto
imagen s/d



Sad Strains of a Gay Waltz

The truth is that there comes a time
When we can mourn no more over music
That is so much motionless sound.

There comes a time when the waltz
Is no longer a mode of desire, a mode
Of revealing desire and is empty of shadows.

Too many waltzes have ended. And then
There’s that mountain-minded Hoon,
For whom desire was never that of the waltz,

Who found all form and order in solitude,
For whom the shapes were never the figures of men.
Now, for him, his forms have vanished.

There is order in neither sea nor sun.
The shapes have lost their glistening.
There are these sudden mobs of men,

These sudden clouds of faces and arms,
An immense suppression, freed,
These voices crying without knowing for what,

Except to be happy, without knowing how,
Imposing forms they cannot describe,
Requiring order beyond their speech.

Too many waltzes have ended. Yet the shapes
For which the voices cry, these, too, may be
Modes of desire, modes of revealing desire.

Too many waltzes–The epic of disbelief
Blares oftener and soon, will soon be constant.
Some harmonious skeptic soon in a skeptical music

Will unite these figures of men and their shapes
Will glisten again with motion, the music
Will be motion and full of shadows.



domingo, mayo 25, 2014

wallace stevens. qué es la divinidad



Qué es la divinidad

¿Qué es la divinidad si solo llega
en sombras silenciosas y en sueños?
¿Acaso no encuentra en el bienestar del sol,
en la fruta amarga y brillante,  alas verdes,  o
en cualquier bálsamo o belleza terrenal,
cosas para atesorar como la idea del cielo?
La divinidad debe vivir dentro de sí:
arrebatos de lluvia, o humores en la nieve que cae;
lamentos en ​​soledad o insumisas
elaciones cuando florece el bosque; ráfagas
de emociones en caminos mojados en noches de otoño;
todos los placeres y todos los dolores, recordando
la rama del verano y el gajo del  invierno;
estas son las medidas destinadas a su alma.


Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955
En Wallace Stevens, Selected Poems, Faber & Faber, Londres, 1978
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Vitaly & Elena Vasilieva, Apocalypse of Art, en Uno de los nuestros

What is Divinity

What is divinity if it can come
Only in silent shadows and in dreams?
Shall she not find in comforts of the sun,
In pungent fruit and bright, green wings, or else
In any balm or beauty of the earth,
Things to be cherished like the thought of heaven?
Divinity must live within herself:
Passions of rain, or moods in falling snow;
Grievings in loneliness, or unsubdued
Elations when the forest blooms; gusty
Emotions on wet roads on autumn nights;
All pleasures and all pains, remembering
The bough of summer and the winter branch,
These are the measures destined for her soul.


miércoles, junio 12, 2013

wallace stevens. otra mujer que llora


Otra mujer que llora

Desahoga la tristeza
de tu corazón demasiado amargo,
que el duelo no endulzará.

El veneno crece en esta oscuridad.
Está en el agua de las lágrimas
sus flores negras se elevan.

La gloriosa causa del ser,
la imaginación, la única realidad
en este mundo imaginario

te deja
con él, a quien la fantasía no conmueve,
y te perfora una muerte.

***

Del misterio de Don Joost

He terminado mi batalla con el sol;
y mi cuerpo, el viejo animal,
no sabe nada más.

Las poderosas estaciones criadas y asesinadas,
y fueron ellas los genios
de sus propios fines.

Oh, pero el mismo ser de la tormenta
del sol y esclavos, crianza y muerte,
el viejo animal,

los sentidos y el sentimiento, el sonido mismo
y la visión, y todo lo que hubo de la tormenta,
no sabe nada más.

Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955
En Wallace Stevens, Selected Poems, Faber & Faber, Londres, 1978
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Juan Antonio Cendón, en Dibujos y pinturas de Juan Cendón


Another Weeping Woman


Pour the unhappiness out
From your too bitter heart,
Which grieving will not sweeten.

Poison grows in this dark.
It is in the water of tears
Its black blooms rise.

The magnificent cause of being,
The imagination, the one reality
In this imagined world

Leaves you
With him for whom no phantasy moves,
And you are pierced by a death. 

***
From the Mystery of Don Joost

I have finished my combat with the sun;
And my body, the old animal,
Knows nothing more.

The powerful seasons bred and killed,
And were themselves the genii
Of their own ends.

Oh, but the very self of the storm
Of sun and slaves, breeding and death,
The old animal,

The senses and feeling, the very sound
And sight, and all there was of the storm,
Knows nothing more.

martes, mayo 07, 2013

wallace stevens. seis paisajes significativos



Seis paisajes significativos

I
Un anciano está sentado
a la sombra de un pino
en China.
Mira una espuela de caballero,
azul y blanca,
al borde de la sombra,
que se mece al viento.
Su barba se mece al viento.
El pino se mece al viento.
Así fluye el agua sobre malezas.

II
La noche es del color
de un brazo de mujer;
la noche, la hembra,
oscura,
fragante y flexible,
se oculta.
Una laguna brilla
como un brazalete
agitado en una danza.

III
Me mido a mí mismo
contra un alto árbol.
Descubro que soy mucho más alto,
pues alcanza con mi ojo
hasta el sol;
y alcanzo la orilla del mar
con mi oído.
No obstante, me disgusta
la manera cómo se arrastran las hormigas
dentro y fuera de mi sombra.

IV
Cuando mi sueño estaba cerca de la luna,
los blancos pliegues de su túnica
llenáronse de luz amarilla.
Las plantas de sus pies
tornáronse rojas.
Sus cabellos se llenaron
de ciertas azules cristalizaciones
provenientes de estrellas
no lejanas.
V
No todos los cuchillos de los postes de alumbrado,
ni los cinceles de las largas calles,
ni los mazos de las cúpulas
y altas torres,
pueden tallar
lo que una estrella puede tallar,
brillando a través de los pámpanos.

VI
Los racionalistas, usando cuadrados sombreros,
piensan, en cuadradas habitaciones,
mirando al piso,
mirando al techo.
Se limitan
a los triángulos rectángulos.
Si probaran romboides,
conos, líneas curvas, elipses como
por ejemplo, la elipse de la media luna-,
los racionalistas usarían sombreros.

Wallace Stevens, Reading, 1879- Hartford, 1955
En Wallace Stevens, Domingo a la mañana y otros poemas, traducción de Alberto Girri, Andrés Sánchez Robayna y Guillermo Sucre, Prólogo de Daniel Chirom, Centro Editor América Latina, Buenos Aires, 1988

domingo, marzo 31, 2013

wallace stevens. la casa estaba en silencio




La casa estaba en silencio y el mundo estaba en calma

La casa estaba en silencio y el mundo estaba en calma.
El lector se convirtió en el libro, y la noche de verano

Era como el ser consciente del libro.
La casa estaba en silencio y el mundo estaba en calma.

Las palabras fueron dichas como si no hubiera ningún libro,
Solo que el lector se inclinó sobre la página,

Quería inclinarse, deseaba más que nada ser
El erudito para quien su libro es verdadero, para quien

La noche de verano es como una perfección del pensamiento.
La casa estaba en silencio porque así tenía que ser.

El silencio era parte del sentido, parte de la mente:
El acceso de la perfección a la página.

Y el mundo estaba en calma. La verdad en un mundo tranquilo,
En el que no hay otro significado, en sí

Tranquilo, en sí es verano y noche, en sí
Es el lector inclinándose, tarde, y leyendo allí.


Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955

En Wallace Stevens, Selected Poems, Faber & Faber, Londres, 1978
Version © Silvia Camerotto
imagen de René Magritte en Famous Artists


The House was Quiet and the World was Calm

The house was quiet and the world was calm.
The reader became the book, and summer night


Was like the conscious being of the book.
The house was quiet and the world was calm.

The words were spoken as if there was no book,
Except that the reader leaned above the page,

Wanted to lean, wanted much most to be
The scholar to whom his book is true, to whom

The summer night is like a perfection of thought.
The house was quiet because it had to be.

The quiet was part of the meaning, part of the mind:
The access of perfection to the page.

And the world was calm. The truth in a calm world,
In which there is no other meaning, itself

Is calm, itself is summer and night, itself
Is the reader leaning late and reading there.

miércoles, febrero 17, 2010

wallace stevens. el planeta en la mesa


El planeta en la mesa

Ariel estaba feliz de haber escrito sus poemas.
Eran de un tiempo que recordaba
o de algo visto que le gustó.

Otras creaciones del sol
eran basura y confusión
y la mata madura se retorcía.

Su yo y el sol eran uno
y sus poemas, aunque creaciones de su ser,
eran, no menos, creaciones del sol.

No era importante que perduraran.
Lo importante era que poseyeran
algún rasgo o carácter,

alguna riqueza, aunque sea captada a medias,
en la pobreza de sus palabras,
del planeta del que formaban parte.

Wallace Stevens, Reading, Pennsylvania, 1879- Hartford, Connecticut,1955
versión © silvia camerotto
imagen: Rob Gonsalves, Table Top


The planet on the table

Ariel was glad he had written his poems.
They were of a remembered time
Or of something seen that he liked.

Other makings of the sun
Were waste and welter
And the ripe shrub writhed.

His self and the sun were one
And his poems, although makings of his self,
Were no less makings of the sun.

It was not important that they survive.
What mattered was that they should bear
Some lineament or character,

Some affluence, if only half-perceived,
In the poverty of their words,
Of the planet of which they were part.

lunes, febrero 01, 2010

wallace stevens. sonambulismo


Sonambulismo

En una costa vieja, el océano rústico se agita
silencioso, silencioso, como un pájaro flaco,
que piensa en anidar, pero nunca anida.

Las alas siguen desplegándose, pero nunca son alas.
Las garras siguen arañando la roca, la roca superficial,
la rompiente sonora, hasta que el agua la arrastra.

Las generaciones del pájaro son todas
arrastradas por el agua. Una tras otra
Siguen, siguen, siguen arrastradas por el agua.

Sin este pájaro que nunca anida, sin
las generaciones que se suceden en su universo,
el océano, cayendo y cayendo en la costa hundida,

sería una geografía de los muertos: no de esa tierra
a la que podían haber ido, sino del lugar donde vivieron,
donde no había un ser penetrante,

donde ningún sabio, que viviera recluido.
puso en palabras las aletas pequeñas, los picos desgarbados, la personalia,
que como un hombre que todo lo percibe, fueran suyas.


Wallace Stevens, Reading, 1879 – Hartford, 1955
Versión © silvia camerotto
imagen: Barlowe, John Noble

Somnabulisma

On an old shore, the vulgar ocean rolls
Noiselessly, noiselessly, resembling a thin bird,
That thinks of settling, yet never settles, on a nest.

The wings keep spreading and yet are never wings.
The claws keep scratching on the shale, the shallow shale,
The sounding shallow, until by water washed away.

The generations of the bird are all
By water washed away. They follow after.
They follow, follow, follow, in water washed away.

Without this bird that never settles, without
Its generations that follow in their universe,
The ocean, falling and falling on the hollow shore,

Would be a geography of the dead: not of that land
To which they may have gone, but of the place in which
They lived, in which they lacked a pervasive being,

In which no scholar, separately dwelling,
Poured forth the fine fins, the gawky beaks, the personalia,
Which as a man feeling everything, were his.

lunes, julio 13, 2009

wallace stevens. domingo a la mañana



Domingo a la mañana

I
El placer de la bata, y café
tarde y naranjas en una silla al sol,
y la verde libertad de una cacatúa
sobre la alfombra se funden para disipar
el sagrado silencio del antiguo sacrificio.
Ella sueña un poco, y percibe la oscura
intromisión de esa vieja catástrofe,
como una calma oscuridad entre las luces del agua.
Las naranjas agrias y brillantes, verdes alas
parecen parte de un cortejo fúnebre,
serpenteantes en las vastas aguas, sin ruido.
El día es como aguas vastas, sin ruido,
aquietadas por el paso de sus pies soñadores
Sobre los mares, hacia la silenciosa Palestina,
dominio de la sangre y el sepulcro.

II
¿Por qué habría de dar su recompensa a los muertos?
¿Qué es la divinidad si sólo puede venir
en sombras silenciosas y en sueños?
¿No encontrará ella en el consuelo del sol,
en la fruta agria, y en las brillantes alas verdes, o
en cualquier otro bálsamo o belleza de la tierra,
cosas que apreciar como la idea del cielo?
La divinidad debe vivir en ella misma:
las pasiones de la lluvia, o los humores de la nevada;
lamentos en la soledad, o los insumisos
entusiasmos cuando florece el bosque; las emociones
borrascosas en los caminos mojados en las noches de otoño;
todos los placeres y todos los dolores, recordando
la rama del verano y la rama del invierno.
Estas son las medidas destinadas a su alma.

III
Júpiter tuvo su nacimiento inhumano en las nubes.
Ninguna madre lo amamantó, ni dio la dulce tierra
grandes formas a su mente mítica.
Se movía entre nosotros, como un rey rezongón.
Magnífico, se movería entre sus súbditos,
hasta que nuestra sangre virginal, mezclándose
con el cielo, trajera al deseo recompensa tal
que los mismos siervos lo percibieron en una estrella.
¿Fracasará nuestra sangre? ¿Se convertirá en
la sangre del paraíso? ¿Y será la tierra el único
paraíso que conoceremos?
El cielo entonces será más amigable que ahora,
una parte de trabajo y una parte de dolor,
y cercano a la gloria del amor eterno,
no esta tristeza divisoria e indiferente.

IV
Ella dice: "Me satisface que los pájaros al despertar
antes de volar, comprueben la realidad
de los brumosos campos con sus dulces preguntas;
pero cuando los pájaros se han ido, y sus cálidos campos
no regresan, ¿dónde está, entonces, el paraíso?"
No hay territorio de profecía alguna,
ni una vieja quimera de la tumba,
ni dorado subsuelo, ni isla
melodiosa, donde los espíritus regresen a casa,
ni sur visionario, ni encapotados y remotos palmares
en el monte celestial, que hayan perdurado
así como el verde abril perdura, o que perduren
como el recuerdo de los pájaros despiertos,
o su deseo de junio y de atardeceres, tocados
por la consumación de las alas de la golondrina.

V
Ella dice: “Pero en la satisfacción aún siento
la necesidad de alguna dicha imperecedera”.
La muerte es la madre de la belleza; entonces solo
de ella, provendrá la realización de nuestros sueños
y deseos. Aunque ella esparza las hojas
que obstruyen nuestros caminos,
el camino tomó la angustiosa pena, los muchos caminos
donde el triunfo hizo sonar el fraseo de su metales, o donde
el amor susurró a partir de la ternura.
Ella hace que el sauce tiemble al sol
para las doncellas que solían sentarse y observar
sobre el pasto tendido a sus pies.
Ella incita a los muchachos a apilar tiernas ciruelas y peras
en platos descartables. Las doncellas prueban
y se extravían apasionadas entre las hojas revueltas.

VI
¿No es otra la muerte en el paraíso?
¿No cae la fruta madura alguna vez? ¿O las ramas
cuelgan siempre cargadas bajo el cielo perfecto,
inmutables, y sin embargo, como nuestra perecedera tierra,
con ríos como los nuestros, buscando un mar
que nunca encuentran, las mismas costas que se retiran
y nunca se tocan con inarticulado dolor?
¿Por qué plantamos el peral en las orillas de aquellos ríos
o perfumamos las costas con el aroma del ciruelo?
¡Ay, que los sedosos tejidos de nuestra tarde
vistan nuestros colores allí,
y que estimulen las cuerdas de nuestros laúdes insípidos!
La muerte es la madre de la belleza, mística,
en cuyo regazo ardiente divisamos
a nuestras madres terrenales esperando, insomnes.

VII
Ágil y turbulento, un círculo de hombres
cantará orgiástico en una mañana de verano
su escandalosa devoción al sol,
no como dios, sino como podría ser un dios,
desnudo entre ellos, como un germen salvaje
su canto será el canto del paraíso,
salido de su sangre, regresando al cielo;
y en su canto penetrarán, voz a voz,
el ventoso lago donde el señor se regocija,
los árboles como serafines, y las reverberantes colinas,
que mucho más tarde cantan a coro entre sí.
Ellas sabrán de la camaradería celestial
de los hombres que perecen y de la mañana estival.
Y el rocío sobre sus pies le dirá
de dónde han venido y hacia dónde irán.

VIII
Ella escucha, sobre el agua sin ruidos,
una voz que llora, “La tumba en Palestina
no es el pórtico de los espíritus demorados.
Es el sepulcro de Jesús, donde él yació”.
Vivimos bajo el antiguo caos del sol,
O en la vieja esclavitud del día y de la noche,
o en la soledad de una isla, sin mecenazgos, libres,
de las anchas aguas, ineludible.
Los ciervos caminan por nuestras montañas, y las codornices
silban a nuestro alrededor con gritos espontáneos;
dulces fresas maduran en la tierra virgen;
y, en la soledad del cielo,
por la tarde, bandadas casuales de palomas ambiguas,
ondulan mientras se hunden
en la oscuridad, con las alas extendidas.

Wallace Stevens, Pennsylvania, 1879- Hartford, 1955
Versión © Silvia Camerotto
imagen: Ophelia, Odilon Redon, Bordeaux, 1840- Paris, 1916

Sunday Morning
I
Complacencies of the peignoir, and late
Coffee and oranges in a sunny chair,
And the green freedom of a cockatoo
Upon a rug mingle to dissipate
The holy hush of ancient sacrifice.
She dreams a little, and she feels the dark
Encroachment of that old catastrophe,
As a calm darkness among water-lights.
The pungent oranges and bright, green wings
Seem things in some procession of the dead,
Winding across wide water, without sound.
The day is like wide water, without sound,
Stilled for the passing of her dreaming feet
Over the seas, to silent Palestine,
Dominion of the blood and sepulchre.
II
Why should she give her bounty to the dead?
What is divinity if it can come
Only in silent shadows and in dreams?
Shall she not find in comforts of the sun,
In pungent fruit and bright, green wings, or else
In any balm or beauty of the earth,
Things to be cherished like the thought of heaven?
Divinity must live within herself:
Passions of rain, or moods in falling snow;
Grievings in loneliness, or unsubdued
Elations when the forest blooms; gusty
Emotions on wet roads on autumn nights;
All pleasures and all pains, remembering
The bough of summer and the winter branch.
These are the measures destined for her soul.
III
Jove in the clouds had his inhuman birth.
No mother suckled him, no sweet land gave
Large-mannered motions to his mythy mind.
He moved among us, as a muttering king,
Magnificent, would move among his hinds,
Until our blood, commingling, virginal,
With heaven, brought such requital to desire
The very hinds discerned it, in a star.
Shall our blood fail? Or shall it come to be
The blood of paradise? And shall the earth
Seem all of paradise that we shall know?
The sky will be much friendlier then than now,
A part of labor and a part of pain,
And next in glory to enduring love,
Not this dividing and indifferent blue.
IV
She says, "I am content when wakened birds,
Before they fly, test the reality
Of misty fields, by their sweet questionings;
But when the birds are gone, and their warm fields
Return no more, where, then, is paradise?"
There is not any haunt of prophecy,
Nor any old chimera of the grave,
Neither the golden underground, nor isle
Melodious, where spirits gat them home,
Nor visionary south, nor cloudy palm
Remote on heaven's hill, that has endured
As April's green endures; or will endure
Like her remembrance of awakened birds,
Or her desire for June and evenings, tipped
By the consummation of the swallow's wings.
V
She says, ``But in contentment I still feel
The need of some imperishable bliss.''
Death is the mother of beauty; hence from her,
Alone, shall come fulfilment to our dreams
And our desires. Although she strews the leaves
Of sure obliteration on our paths,
The path sick sorrow took, the many paths
Where triumph rang its brassy phrase, or love
Whispered a little out of tenderness.
She makes the willow shiver in the sun
For maidens who were wont to sit and gaze
Upon the grass, relinquished to their feet.
She causes boys to pile new plums and pears
On disregarded plate. The maidens taste
And stray impassioned in the littering leaves.
VI
Is there no change of death in paradise?
Does ripe fruit never fall? Or do the boughs
Hang always heavy in that perfect sky,
Unchanging, yet so like our perishing earth,
With rivers like our own that seek for seas
They never find, the same receding shores
That never touch with inarticulate pang?
Why set the pear upon those river-banks
Or spice the shores with odors of the plum?
Alas, that they should wear our colors there,
The silken weavings of our afternoons,
And pick the strings of our insipid lutes!
Death is the mother of beauty, mystical,
Within whose burning bosom we devise
Our earthly mothers waiting, sleeplessly.
VII
Supple and turbulent, a ring of men
Shall chant in orgy on a summer morn
Their boisterous devotion to the sun,
Not as a god, but as a god might be,
Naked among them, like a savage source.
Their chant shall be a chant of paradise,
Out of their blood, returning to the sky;
And in their chant shall enter, voice by voice,
The windy lake wherein their lord delights,
The trees, like serafin, and echoing hills,
That choir among themselves long afterward.
They shall know well the heavenly fellowship
Of men that perish and of summer morn.
And whence they came and whither they shall go
The dew upon their feet shall manifest.
VIII
She hears, upon that water without sound,
A voice that cries, ``The tomb in Palestine
Is not the porch of spirits lingering.
It is the grave of Jesus, where he lay.''
We live in an old chaos of the sun,
Or an old dependency of day and night,
Or island solitude, unsponsored, free,
Of that wide water, inescapable.
Deer walk upon our mountains, and quail
Whistle about us their spontaneous cries;
Sweet berries ripen in the wilderness;
And, in the isolation of the sky,
At evening, casual flocks of pigeons make
Ambiguous undulations as they sink,
Downward to darkness, on extended wings.