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Mostrando las entradas de mayo, 2015

he perdido la sombra

La Puerta

Qué claro día
el de tu mano
y cómo llega
y se vuelve
entre tus venas
el río de ayer
la voz de tu mañana.

Quiero tu voz
más densa y solitaria
y hablar
sabiendo
y sin sentido.

He perdido la sombra
que tú amabas
el llanto
y el polvo deshojado.

He perdido mi amor
y el tuyo
mi sueño
y el borde del instante.

Con los vientos
y el golpe de las olas
todo mudará.

No queda ningún nombre
sino el deseo
y la revuelta luz
de otro lenguaje.
La puerta.
El mar.

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
de La vigilia y el viaje, 1949-1955
en Edgar Bayley, Antología poética, Selección y prólogo de Jorge Aulicino, FCE, Buenos Aires, 2015
imagen de Corey Kope en Corey Kope

desde lo opaco a la centella

*** Llamada viva

Ponerse al margen
asistir a un pan
cantar un himno

menoscabarse en vano
abrogar voluntades
refrendar cataclismos

acompañar la soledad
no negarse a las quimeras
remansarse en el tomado

ir de lo ceñido a lo vasto
desde lo opaco a la centella
de comisión al sueño libre

ofrecerse a lo parco del día
si morir una hora tras otra
volver a comenzar cada noche

volar de lo distinto a lo idéntico
admirar miradores y sótanos
infligirse penarse concernirse estar en busca de alma diferida
preparar un milagro entre la sombra
y llamar vida a lo que sabe a muerte.

***
Cultura del palimpsesto

Todo aquí es palimpsesto,
pasión del palimpsesto:

a la deriva,
                        borrar lo poco hecho,
empezar de la nada,
afirmar la deriva,
mirarse entre la nada acrecentada,
velar lo venenoso,
matar lo saludable,
escribir delirantes historias para náufragos.

Cuidado:
no se pierde sin castigo el pasado,
no se pisa en el aire.
Ida Vitale, Montevideo, 1923 de Reducción del infinito, Tusquets, Barce…

como si no estuvieras del todo

***
Hablarte mientras dormís es lo más parecido que conozco a escribir un poema.
Sujetada a tu respiración, amagás con irte, con quedarte.
Es como si no estuvieras del todo y esa suerte de intermitencia me va guiando en lo que digo.
Paso la mano por tu cuerpo y se hunde en el puente que atraviesa de ayer a hoy y te pierdo y te sigo en el pasaje.
¿Qué se oye, qué dirección  toma ese largo devaneo?
Las frases te acarician el cuerpo, te tapan y sin querer te olvidan en su afán de acomodar el rasgueo de tu respiración al tono oscuro de mi voz.
¿Qué le hace a uno alargar más y más la declaración, hasta casi sabotearle lo poco que tiene que decir para quedarse revoloteando alrededor del silencio como de un fuego que mantiene despierto al enamorado de las palabras?
¿Qué duración, qué soledad atraviesa el insomne con la sospecha de que, quizá, no esté solo en la inmensa noche?
Es posible que más tarde  llegue de algún lugar inexistente para mí <

por años, se detiene

El ruido de la segadora
De pronto el ruido de la segadora Se ha acallado, y entonces percibimos Que nos ensordecía… Y entreoímos En la mente el latido de esta hora Silenciosa del campo. Hay una hora Así en la vida, cuando lo que fuimos Por años, se detiene, y descubrimos Que esa voz que se apaga y se demora Es la nuestra. Sentado en el sillón De mimbre viejo en el umbral de casa He traído de nuevo al corazón Tanta cosa querida, y en la escasa Luz del día he rezado una oración Por vos, por mí, por lo que fue y ya pasa.

Pablo Anadón, Villa Dolores, 1963
de Estudios de la luz (2005-2007), Editorial Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur imagen de Teodoro Reque Liza en Abstract Paintings

de verdad has amado

He viajado

Su voz suena con el mismo tono de quien dice yo amé,
o no amaré más, toqué esas piedras del siglo IV a.C, soplé su nuca,
caminé la ciudad entera amurallada en defensa de un aljibe
semejante al tener, amurallado, aquí estuve, no estaré más,
he vivido, una certeza tan ambigua o improbable, ¿de verdad
has estado allí o acá, de verdad has amado?
Y ahora suspira y deja ir
el aire, el humo del cigarro, cree o finge estar seguro,
y con el mismo tono dice que ha vuelto, que ha llegado, que trajo regalos para todos.

Irene Gruss,
Inédito
en Casta diva
imagen de Henri Matisse en Fauvism

ponerse a esperar

***

Traduttore Tra

A Alberto Girri
Pulió su Masters y, con él,
sus años. Y de esa doble traición
gentil, a su manera, y denodada,
las tumbas, imaginariamente,
se hundían, enmudecidas,
borrados, por la mención, los epitafios.
Así su objeto come la palabra.
El gusano
prolifera en la voz
y la vuelve
gargarismos, ruidos extraños.
Da de sí todo, cantando,
por la voz del otro, o la suya incluso,
todo, sus años,
la mano seca, como un terrón,
noticias y temblores,
las yemas de los dedos.

1974

***
In My Craft or Sullen Art

Ponerse a esperar, sentado, que algo,
un poco menos negro, desprendiéndose,
dé, como quien dice, el primer paso,
y venga, si todos, confusamente, lo entrevieron,
a estamparse, ilegible o inmortal,
en la hoja blanca.

1975


Juan José Saer, Serodino, 1937- París, 2005
de 'Poemas' (1968-1975)
en Juan José Saer, Poemas, Borradores inéditos 3, Seix Barral, Buenos Aires, 2014
imagen s.c


se ha perdido tu rama de salzburgo

La evidencia triunfa

a las cuatro de la mañana has extraviado tu corbata
a esta hora debieras estar en la calle
rumbo a tu sangre y al trabajo y a los amores
que has congelado dentro de vos
cómo ahuyentar los días y poner un rostro alegre
te preguntas en medio de las sombras
de las semanas de las inútiles palabras tiernas
cómo hablar del progreso y de los lobos
de cabellos huérfanos y sillas plegadizas
cuando una mujer agita el aire con su pluma real
y los diarios traen noticias de la violencia reina
a las cuatro de la mañana se ha perdido tu rama de salzburgo
pero vives como un trapecio como una enorme espada doméstica
a la derecha a la izquierda caen el café los libros
el espejo los barrios unos guantes y las felices representaciones
se me ha entendido mal me digo mientras me visto
con una maleta bastaba
tienes que recomponer los mecanismos de la alegría
una mano lamentablemente muy pequeña
pero ahora el espanto vuelve a ocupar su lugar de privilegio
la amistad y una bicicleta me harían falta para desaf…

vana congregación de instantes

Les Sanglots de la Lyre a Aldo José Beccari
El sumo dolor puede ser el momento excelso de la celebración de la verdad: la elevación feérica de la consumación de un canto. El zumo de la vida en un sorbo de altura, que la historia (y jamás lo sabrás) le llamará final de una vana congregación de instantes. Esto: simplemente un muerto, materia indolora, una subsumida anécdota de sí, son ablaciones de férvidos cuerpos de palabras que, locamente se amaron y se extinguieron.
Aldo Oliva, Rosario, 1927-2000
de Ese General Belgrano y otros poemas, 1999 en Aldo Oliva, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003 imagen de The Catman en Contemporary Style

dice y se va

Maniobras
Ahora esa mujer habla del mar. Sorpresiva, casi sin voz, dice y mezcla unas palabras incomprensibles, ajenas. Dice y tartamudea que el mar, que la noche que un día, que pájaros, que el amor y el silencio del silencio, que la muerte. Dice y se va, como si nada.
Que sea así. Prefiero que no esté con sus anuncios inconsolables y emigrada, sin respuesta -mientras la vida avanza a grandes pasos, lejos de uno- vuelva y mire, lúcida, un objeto material hecho de un grupo de palabras abstractas, de nombres propios y voces:
sólo una escritura en voz baja, hecha de arrepentimientos, agregados, decepciones.
Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996 imagen de Pinheiro de Santamaria en Absolute Arts

en la soga de colgar se agita

Los desiertos reales los desiertos reales
los mares imaginarios:
no hay palabras para elogiar a esta magnolia
tampoco hay forma de destruir las palabras
ni el oficio de florista (guarden compostura:
en la soga de colgar se agita la flor blanca)
una tez de flores de cerezo
la última gota de sangre
los desiertos reales
los mares imaginarios
no pueden compararse a esta magnolia
Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
de 'Nuevos poemas' 1977-1981
en Antología personal, Buenos Aires, CEAL, 1983 imagen de Sefice, en Devianart

tragad

Tritanopía 
Vuestro odio a los colores ha acabado con ella: vuestro odio
a lo pagano y las cuchillas. Flamsteed alejándola de su
dolor de estómago: es mi estructura, junto a ella moriré.
Tenéis cuanto queríais. Era Alicia: no el diamante. Ningún
destrozo: sí dabais la espalda, mordíais muy profundo.
Un mecanismo fácil. Una labor sencilla. Tragad.
Despidiéndoos como si fuera la última cerveza junto
a vuestros chicos preferidos. Las bombillas son frágiles:
igual que sus hilos, terminó rota.
Ojos de sapo, mi noche esférica, caries en el saludo, inevitable
vomitar: cuanto queríais, en vuestras manos. Sois
felices, lo conseguisteis.
Reencarnados en mujeres y en hombres, bailáis con vosotros
mismos mientras se oxida vuestra lengua de oro falso:
por error, pisasteis charquitos de saliva venenosa, manchasteis
la entrada al dormitorio.
Os empeñáis en un nombre del que ella carece, llamándola
te quise siempre, estrecho tu mano, no conozco otro dolor
que no haya sido nuestro.
Lo habéis conseguido…

estoy allí con ella

Dibujo del silencio de una mujer
Dos noches después de que dejara de hablar mi mujer tararea tres compases mientras duerme
como si tuviera treinta años más, sola y lavando la ropa afuera,
no como una especie de castigo o como marca de su dinastía de pobreza
incluso antes de las guerras en su país, y aunque el hambre era como un trapo
que todos vestían en esa ciudad, la música no era un ítem que pudiera ser confiscado,
quitado por los fascistas o las monjas o las familias ricas que siempre
parecían estar del lado correcto. Esta noche siete días antes de que volviera a hablar
la calle en la que estará caminando en su sueño es tranquila y se inclina con facilidad
hacia las montañas con vista al mar. Nada de ella dentro de esta oscura habitación
indica que yo estoy allí con ella parado al borde confundido por el viento y la presencia
de ella o de que alguna vez yo haya nacido o de que ella haya aprendido a hablar
mi lengua y yo la suya. Esta noche ninguno puede descifrar la lengua del otro.
Nuestros antepasados …

antonio machado. yo voy soñando caminos

*** Yo voy soñando caminos 
de la tarde. ¡Las colinas 
doradas, los verdes pinos, 
las polvorientas encinas!... 
¿Adónde el camino irá? 
Yo voy cantando, viajero 
a lo largo del sendero... 
-la tarde cayendo está-. 
"En el corazón tenía 
la espina de una pasión; 
logré arrancármela un día: 
ya no siento el corazón". 

Y todo el campo un momento 
se queda, mudo y sombrío, 
meditando. Suena el viento 
en los álamos del río. 

La tarde más se oscurece; 
y el camino que serpea 
y débilmente blanquea 
se enturbia y desaparece. 

Mi cantar vuelve a plañir: 
"Aguda espina dorada, 
quién te pudiera sentir 
en el corazón clavada".
Antonio Machado, Sevilla, 1875 - Collioure, 1939 en Antonio Machado, Obras completas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1997 imagen de Pablo Romero en Fineartamerica

nadie permita

Poema 829
Amplia haz esta cama. Haz esta cama con respeto; en ella espera hasta que el juicio se revele superior y justo.
Sea su colchón recto, sea su almohada redonda; nadie permita que el ruido amarillo del alba perturbe este suelo.
Emily Dickinson, Amherst, 1830- 1886 versión © Silvia Camerotto imagen en izquotes.com
Poem 829
Ample make this bed.
Make this bed with awe;
In it wait till judgment break
Excellent and fair.

Be its mattress straight,
Be its pillow round;
Let no sunrise' yellow noise
Interrupt this ground.



todas las veces necesarias

***
Si yo fuera el gorrión  que una noche calurosa de diciembre se sentó en una rama junto a otro y se puso a cantar. Y yo quisiera serlo, silbar el tiempo que dure la canción, cosquilla en la garganta o nerviosismo por el ritmo inevitable.           No cantar más que eso, ni volar si el aire está tan quieto que no ayuda.  Quedarme junto a otro repitiendo la intimidad, la forma del amor, vivir con calma las pausas solitarias. Quiero decir, si yo tuviera esa sapiencia que indicara una razón real para quedarme o salir a buscar. O si supiera dónde y cuándo los momentos elevan su señal, si mirara el azar con ojos plenos sin estos torpes fragmentos de memoria, no quedaría nada en el camino ni sentiría vergüenza del error o del deseo
que a veces son lo mismo.
de  Espacios naturales, Bajo la luna, 2009

*** Poema 16
En la selva, esa noche había tomado el jugo de una planta más amargo que el vino y concentrado como una medicina o un veneno y al rato de beber, supe que era yo la que trepaba ante mis ojos mientras otr…