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Mostrando las entradas de marzo, 2015

el mal del mundo se hunde

La marca de todas las cosas.

La cabeza y los hombros, y mi  libro
a la sombra fresca, y mi cuerpo
bajo la luz del sol, recostado
leo  al lado de la cascada— Signatura Rerumde Boehme.
Durante el intenso día de julio las hojas
del laurel, los colores todos
dorados, descienden en círculos por la profunda
y cambiante sombra del laurel. Flotan
en el cielo y el bosque reflejados por un rato, y luego, aun girando lentamente, se hunden en  la profundidad cristalina
del estanque hasta su fondo de hojas doradas.
El santo vio el mundo fluyendo
en la electrólisis de amor.
Yo lo hice a un lado y miré a través de la sombra
replegado  a la sombra de finos
troncos de laurel y de hojas inundadas de sol.
El reyezuelo empolla en su abovedado nido de musgo.
Un tritón lucha con una polilla
ahogándose en el estanque. Los halcones graznan,
jugando bajo la cúpula
del cielo. Pasan las horas lentas.
Pienso en todos los que me amaron,
en todas las montañas escalé, en todos los mares que nadé. El mal del mundo se hunde.
Mi pecado y mi di…

les dice qué hay que hacer

Una fantasía
Voy a decirte algo: cada día muere gente. Y eso es sólo el principio. Cada día, nuevas viudas nacen en las funerarias,  nuevos huérfanos. Se sientan, mano sobre mano,  e intentan tomar decisiones sobre su nueva vida. Luego van al cementerio, algunos  por vez primera. Tienen miedo de llorar,  de no llorar también. Alguien se vuelca con ellos, les dice qué  hay que hacer: pronunciar unas palabras,  echar algo de tierra en la tumba abierta aún… Y después todo el mundo vuelve a casa,  y la casa se llena de visitas,  con la viuda sentada en el sofá, majestuosa,  la gente que hace cola y se aproxima:  unos cogen su mano, otros la abrazan. Ella encuentra qué decirle a cada uno,  da las gracias, les da las gracias por haber venido.  En el fondo, quiere que se marchen. Quiere volver al cementerio,  al cuarto del paciente, al hospital. Sabe  que no es posible. Pero es su única esperanza,  querer volver atrás. Tan sólo un poco,  no hasta su boda, no hasta el primer beso.
Louise Glück, Nueva York, 1943 de Ara…

no te preocupes

*** En la penumbra
De nuevo metemos los dos las manos en el fuego,
tú, para el vino de la noche largamente embodegada,
yo, para la fuente de la mañana, que desconoce los lagares.
Aguarda el fuelle del maestro, en quien confiamos.

Al sentir el calor de la preocupación, el soplador se acerca.
Se va antes de que amanezca, viene antes de que llames, es viejo
como la penumbra en nuestras tenues cejas.

De nuevo, él prepara el plomo en caldera de lágrimas,
a ti, para un vaso -se trata de celebrar lo desaprovechado-,
a mí, para el pedazo lleno de humo -este se vacía sobre el fuego.
Así avanzo hasta ti y hago sonar las sombras.

Descubierto está quien ahora vacile,
descubierto, quien haya olvidado el dicho.
¡Tú no puedes ni quieres saberlo,
tú bebes del borde, donde está fresco,
y como antaño, bebes y permaneces sobrio,
a ti aún te crecen cejas, a ti aún te contemplan!

Pero yo ya aguardo el momento
en amor, a mí se me cae el pedazo
en el fuego, a mí se me convierte en el plomo
que era. Y detrás de la bala
estoy yo, t…

y aquí estamos los dos...

La rótula


De una rótula conozco, sobre todo, la palabra rótula.
No sé qué sabe la rótula de mí, tal vez que hablo solo y
...duermo de a pedazos,
pero ocurre que nos necesitamos, nos debemos favores, y
...eso cuenta al hacer el inventario.

Ella es un énfasis entre vocales graves,
yo un peso arbitrario, propenso a caminar sin rumbo.
Ella viene del latín, de boca en boca,
yo vengo de Salta, de tropiezo en tropiezo.
Ella se incrusta como un acorde haciendo fuerza,
yo digo mi opinión: enfermedad sagrada que agradezco a
...Heráclito.

Y aquí estamos los dos, sin saber el uno
casi nada del otro, pero ambos
capeando el temporal cuando lo premonitorio
habla de una dura década
que ya habrá comenzado,
y el dato de ese cálculo soy yo:
...pieza llena de mañas
...que ha llegado hasta aquí
...gracias a la complicidad de lo que ignora.
de Escenarios, 1993 Santiago Sylvester, Salta, 1942 imagen de Mari Carmen Moreno Pozo, El fantasma de la ignorancia

vivimos sobreviviendo a catástrofes

La lluvia
¿Viste cómo llueve? Llovió así toda la noche y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras, aunque fuera en el extremo más inalcanzable de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía pareciera que el mundo fuera a desprenderse de su eje, pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden que lentamente se transforma en armonía. Desde niños, vivimos sobreviviendo catástrofes como ésa, a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó: que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces ha sido nuestra historia, los objetos que confirman que somos seres físico y no un soplo filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez, cuando llega la violencia del aguacero, con que el río se salga de su cauce para siempre y no…

no habrá qué hacer en la ciudad vacía

Patricia Lee

Flota Patricia Lee sobre la vereda,
como un poema de Rimbaud. Es de oro la luz
y sin embargo ella sabe que puede no alumbrar.
Cuando era chica quería ser poeta. Tenía al niño
genio de la mano, pasaba con él su temporada
en el infierno. Saludaba al ojo bizco, camino
del templo a los vecinos, pensando que su palabra
no era para esa gente. Algún día volveré
y seré millones, se decía, cantaré en los estadios,
estudios, festivales, y aplaudirán los músicos
del mundo, no esta gentuza de pueblo. Cuando 
era chica quería ser famosa. Más tarde quiso ser
la monja de Calcuta. No la maldita, no la artista
consumida, no la puta, sino la que llora al hermano
muerto, al marido muerto, a los amigos. Ya no hay
distancia entre los sueños y la vida. Por eso canta
en la noche en los estadios, los estudios, los rincones
de su casa. Canta Patricia Lee y mientras canta
la maldicen los bizcos y los genios, gritan camino
del templo los poetas, Volvé a tu casa, Patti,
volvé a tu casa. Pero Patti lee,
Patti Lee...

de Sue…

de este banco me voy

*** El pan nuestro
Se bebe el desayuno... Húmeda tierra
de cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno... La mordaz cruzada
de una carreta que arrastrar parece
una emoción de ayuno encadenada.

Se quisiera tocar todas las puertas,
y preguntar por no sé quién; y luego
ver a los pobres, y, llorando quedos,
dar pedacitos de pan fresco a todos.
Y saquear a los ricos sus viñedos
con las dos manos santas
que a un golpe de luz
volaron desclavadas de la Cruz.

¡Pestaña matinal, no os levantéis!
¡El pan nuestro de cada día dánoslo,
Señor...!

Todos mis huesos son ajenos;
¡yo tal vez los robé!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este café.
Yo soy un mal ladrón... ¿A dónde iré?

Y en esta hora fría, en que la tierra
trasciende a polvo humano y es tan triste,
quisiera yo tocar todas las puertas,
y suplicar a no sé quién, perdón,
y hacerle pedacitos de pan fresco
aquí, en el horno de mi corazón...

de Los heraldos negros, 1919


un hombre a su manera

*** Lo espeso real
Ahora que fuimos expulsados, gracias a Dios, del Paraíso, se largó a llover un agua débil que se alarga en redes de grisura y música. "Esto" dijiste "no debía ser así" pero es así. Más que maneras de filtrar la luz, más que armarle al alma un orden suave de lo que se presenta ¿pasos? ¿algo así como pasos? ¿un               lento acercarse del fondo de la materia a los ojos? ¿a algo que mira detrás de los ojos? "Ya no vamos a volver", te dije, pensaba "esta es mi casa", "lo que se mueve -pensé- afuera y adentro es lo mismo". "Estás pensando demasiado", dijiste, y mirabas esa otra agua, la de mis palabras, también cayendo, quebrándose también contra la piedra de todas las cosas, ni transparente agua ni opaca, agua de aire confuso.
*** Mirada de perro
Urdía el rumor de una mujer la calma una mujer          que contaba los ángeles del cielo como si condensara el mundo en sí y yo era como un perro a la siesta, mirando                   el su…

tendríamos que haber soñado

*** 13 Hay palabras que no decimos
y que ponemos sin decirlas en las cosas. Y las cosas las guardan,
y un día nos contestan con ellas
y nos salvan el mundo,
como un amor secreto
en cuyos dos extremos
hay una sola entrada. ¿No habrá alguna palabra
de esas que no decimos
que hayamos colocado
sin querer en la nada?

*** 54 La ventaja de los hombres planos
es que pueden vivir en casas planas
y pensar pensamientos planos,
que caben entre las hojas de los libros.

No necesitan pasos en la noche
ni ramas en los árboles.
No necesitan muchas habitaciones,
ni templos, ni caricias, ni candados.

Los hombres planos tapan las miradas
con tapones de corcho.
Y en sus casas no puede entrar la muerte
porque no encuentra espacio.

Los hombres planos siempre nos despistan,
aunque no tengan sombra.
La luna les va tejiendo corazones
y el tiempo les va tejiendo resultados.

Si les falta un candil, siempre arde alguna vela.
Si les falta la voz, el viento los disfraza.
Y les basta un perfil para ubicarse,
mientras llega…

ahora me doy cuenta

Me doy cuenta

ahora que viví entre dos labios
ahora me doy cuenta que no es nada
que no es nada cantar cuando se han ido
que no es nada tanto ambiguo color tanta pereza
pisar mi ambigüedad mi gallo insomne
equivocar mi bandera y mi osamenta
ahora que viví oculto abajo
ahora me doy cuenta que no es nada
mirar hacia el fondo si ha quedado
la muerte al fin trajeada de ambrosía
ahora que viajé de noche solo
y subí de un salto a la colina
ahora me doy cuenta que no es nada
pensar que mañana o que pasado
me doy cuenta claramente que no es nada
que no es nada el desamparo y la volanta
que no es nada no haber visto
haber quedado en tanto imaginar y no haber sido
ahora me doy cuenta que no es nada
ahora que miré a mi hermano cara a cara
y le vi el perdón y la pobreza
me doy cuenta claramente que su avío
que su modal su lucha se despegue
anuncian por estanques y por cuartos y burbujas
la prenda venidera el duro filamento de ser hombre.

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
imagen de Mark Bischel e…

el mundo insiste

Amantes en la noche
Nos amamos y apagamos el televisor como negando la realidad. Pero el mundo insiste en sus convicciones o las busca por motivos que ignoramos o acaso porque el crimen debe seguir su curso. Desde afuera, sus figuras insomnes presionan contra las paredes que nos refugian. Se encarnan en el viento, aullidos de neumáticos y en las inmediaciones de todas las cosas, tiroteos que no resuelven la discordia general. Ahora acumula hojas secas al pie de las ventanas y desliza una carta de origen desconocido por debajo de la puerta. Pero florecemos desnudos en medio de la noche donde el amor decide en su propia voluntad y por él sabemos cómo hacer de la historia un rumoroso escándalo que no nos concierne.



Joaquín Giannuzzi, Buenos Aires, 1924- Salta, 2004
imagen de Marc Chagall, en Arte della seduzione

elizabeth azcona cranwell. la nostalgia

La nostalgia
Hay un día en que las cosas son un hondo precipicio conozco el rostro húmedo y las manos que nunca me abandonan la noche que se abre como un pueblo de alondras disperso en la tormenta.
Yo he escuchado a mi amor desde lejos en una lengua extraña mientras la nostalgia murmuraba sus frases de curiosa hechicera ella alargaba sus caricias en las ventanas del insomnio como una huésped cuya mano asolaba el relámpago.
Porque ella no era el día y tampoco era el ángel sediento de palabras mi propia voz la nombra como a una desterrada desabrigada madre, de pechos dulcemente vacíos.
Más allá de la noche donde se enciende la ternura más allá de la calle donde el viento deshace la forma de los pasos sé que hay un país nuevo, cansado de las sombras.
Una música fija un tiempo de colores intensos como dioses desnudos.
Pero mi corazón sigue clavado para siempre en los sitios imposibles.
Elizabeth Azcona Cranwell, Buenos Aires, 1933-2004
en Los mejores poemas de la Argentina, Corregidor, Buenos Aires, 1977
imag…

pero cada tanto

*** De tener la más absoluta seguridad

de la llegada de un par de extraterrestres,
cuál sería el problema para levantarte,
ir a trabajar y culminar la felicidad
a alguna hora de la tarde, o de la noche.
Pero si en tu cuerpo conviviera en zarzuela
el alienígena de brazos delgados,
los perfectos giros de la chica que patina, 
y una forma que se abre en silencio; donde 
descansarías para cuidarte del foso de cocodrilos.
Tomaste un martini en su nave mientras
los asteroides te recordaban a carteles
demasiado brillantes. Ahora sabés 
con el mismo conocimiento que mecaniza 
el respirar, que ellos no existen, y que nunca 
los verás. Pero cada tanto te encontrás en la playa
cavando hoyos sin ninguna razón, apilando
arena mojada sobre arena húmeda.  de Emblemata, Amadeo Mandarino, 2008 *** Campaña al desierto En la línea horizontal que limita los espacios
un ñandú que no es instrumento del hambre
pasa corriendo sin interferir en el paisaje,
en su mente es el único ñandú.
Es el único ñandú.
En su mente no hay nada de may…

que parezca, siempre...

Pasante   
Que parezca que se ha plantado. Que parezca que hay árboles en el jardín y flores y también mala hierba. Que parezca que se plantó y creció un árbol y flores, hierba. Que parezca, siempre, porque es verdad, que hicimos lo necesario para alcanzar, ahora, a esta hora, lo que somos: un desvío, algún remordimiento.
Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996 imagen detalle de El Jardín de las Delicias, Hieronymus Bosch