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Mostrando las entradas de noviembre, 2014

rebosando del puchero

Lectura del periódico mientras hierve el té
Muy de mañana leo en el periódico los planes sensacionales
del Papa y de los reyes, de los banqueros y de los reyes del
petróleo.
Con el otro ojo miro
el puchero con el agua del té,
cómo se enturbia y empieza a hervir y de nuevo se aclara,
hasta que, rebosando del puchero, apaga el fuego.
Bertolt Brecht, Augsburgo, Alemania, 1898- Berlín Este, 1956 versión s/d imagen de picture-alliance / akg-images, 1948

y me saludan todos

Ciego

Imposible explicarlo,
me dice.
Sabores y texturas
habitan la fiesta.
Nadie advierte
el perfume de las calles resecas,
el olor áspero de la tierra.
Hay un temblor de pájaros
entre las palmeras,
un rumor de alas
golpeando sobre las anchas hojas.
Zumban los insectos
en cada esquina,
alrededor de los focos de luz.
El paso de mis vecinos
-los vigorosos, los débiles-
produce un diferente
movimiento del aire,
un ritmo único.
Es carnaval -insiste-
y me saludan todos.
Saben que mis quemados ojos
se entienden mejor
con la fatiga del dios.

Susana Cabuchi, Jesús María, Córdoba, 1948
imagen de Peter Brueghel

juan manuel inchauspe. me voy temprano

I

Me voy temprano y regreso muy tarde
cuando la noche ha hecho ya 
gran parte de su trabajo
y no queda tiempo para detenerse a mirar.

Así paso los días. Como si lo mejor de mí 
estuviera paralizado y muerto
o mejor como si no hubiera existido nunca.

Nada más que este rostro hipnotizado.
Como un pájaro nocturno
alguna palabra escala mi sangre.

Entiendo que debo quemar mis manos una vez más.

Abro el cuaderno y escribo rápidamente.

Todo arde.


Juan Manuel Inchauspe, Santa Fe, 1940-1991
en Poesía completa, Universidad Nacional del Litoral, 1994
imagen de © AbstractStudio 2014, en ART fire

no se puede creer

El nadador

Las últimas piletas son agrias. Llueve
tanto o más de lo pensado, aun
cuando los jazmines revienten
y las enredaderas se aúpen a los árboles.
Creeme... no se puede creer. Los huesos
hablan y el animal afina por debajo
una canción indescriptible. Igual,
no se quiere dejar de sonreír.
Hay algo en los recuerdos, vale decir,
en el seco ahora, en el puro y desaforado
ahora, que no importa demasiado
si el resto se vuelve confuso y breve,
fragmentario. Lo interesante está aquí,
en este aquí del tiempo, aunque la casa
finalmente esté sola... o vieja... o devastada.


Para Jorge Olivera
Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948- 2011
Imagen de Omar Ortíz

cierro la noche// indago

La renuncia

No pelees, si comprendieras el bien
que hay en la renuncia. Tus cosas,
en alguien más se podrían complacer.
Quede entre las excusas tu misal.
Por mi parte, cierro la noche,
desaprendo las señas de tu lengua,
vago loco y con penas en la patria,
palpo como ciego los animales que dormimos.
Indago en vano las coordenadas del país.
Descansan las sendas que transitamos en silencio.


Javier Galarza, Buenos Aires, 1968
en Lo atenuado, audisea, Buenos Aires, 2014
imagen de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, El sacrificio de Isaac

y bajará, este año bajará

Firmeza de Cristo en la materia
El incienso encendido en la crisis energética. La ciudad poblada de parches de oscuridad. Él arde otra vez, vuelve a nacer, coronado de inmundicia. Basura sin recoger. Gente que grita soluciones torvas de un lado al otro de una mesa llena de copas en las que el óxido del año comienza a actuar. Un largo silbido de aire caliente arremolina envoltorios sobre la mesa. Saben de qué hablan. El templo otra vez, disputado.
El incienso has encendido en tu casa a solas, después del nacimiento, luego de las multiplicadas reuniones de símbolos: los hijos a punto de partir; los padres y tíos que envejecen; el poder que los mella hasta en ese vacío de Cristo en el que nace Cristo otra vez.
¿Te acordás cuando tiraste al griego por la ventana? Cayó encima de un florista. Te acordás de Raúl. Ninguno puede recordar el nombre de su bisabuelo. Esto nos diferencia de la oligarquía, Señor, para mal. Porque es como si esta tierra no fuera nunca nuestra. No tienen vino. * No tenemos peces. No …

jonio gonzález. llevo tu corazón

Llevo tu corazón llevo tu corazón conmigo (lo llevo
en mi corazón) nunca sin él (allí donde
voy tú vas, querida; y cuanto estoy obligado
a hacer tú lo haces, mi muy querida)
no temo
el destino (tú eres mi destino, amor mío) no quiero
el mundo (tú hermosa eres mi mundo, mi verdad)
y eres lo que la luna siempre ha significado
y cuanto un sol siempre cantará eres tú he aquí el secreto más profundo que nadie conoce
(aquí está la raíz de la raíz y el brote del brote
y el cielo del cielo de un árbol llamado vida, que crece
más alto de lo que el alma puede esperar y la mente alcanzar)
y este es el prodigio que distingue las estrellas llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón) e.e. cummings, Cambridge, 1894- North Conway, 1962 versión de Jonio González imagen s/d
*** i carry your heart with me (i carry it in
my heart) i am never without it(anywhere
i go you go,my dear;and whatever is done
by only me is your doing,my darling)
i fear
no fate(for you are my fate,my sweet)i want
no world(for beauti…

el borde del desierto

Vivienda
El matrimonio no es una casa o siquiera una tienda de campaña
es antes que eso, y más frío:
el borde de un bosque, el borde del desierto las escaleras sin pintar en la parte de atrás, afuera, donde nos acurrucamos, comemos pochoclo
el borde del glaciar que se aleja
donde con dolor y asombro de haber sobrevivido hasta aquí
aprendemos  a hacer fuego.
Margaret Atwood, Ottawa, 1939
versión Silvia Camerotto imagen s/d
Habitation Marriage is not 
a house or even a tent 

it is before that, and colder: 


the edge of the forest, the edge 
of the desert 
the unpainted stairs 
at the back where we squat 
outside, eating popcorn 

the edge of the receding glacier 

where painfully and with wonder 
at having survived even 
this far 

we are learning to make fire.

se queda, a veces, pensando

***
Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;  que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Consid…

todo será muy claro

No puedo decirlo de otro modo

vendrá un día un día vendrá un día
habrá un día
una mañana
y tendremos lo que fuimos somos
hubo un día
una marsopa
un escabel un pámpano en el aire
no puedo decirlo de otro modo
cuando me pongo a conversar sobre estas cosas
mi intención es ser muy claro y muy resuelto
no puedo decirlo de otro modo
vendrá un día un día vendrá un día
una mañana
y todo será muy claro y muy despierto.

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
imagen de Lucie Beardwood, en Abstract Artist Gallery

sin salir del taburete

Los hombres son mejores que los pianistas

a Diego Vila, maestro de piano
Los hombres son mejores que los pianistas
porque los hombres ven en la madera
un animal de hoja con astillas
una cumbrera nacida en las verduras.
Los pianistas ven en la madera el arquetipo de un piano
una construcción que para el dios sería de piedra
y para ellos de finitos martillos y misterio.

Los hombres se enamoran de las mujeres y los 
pianistas de la música o de los bellos calderones
que dejan escapar sus pechos del escote.
La mínima razón de una mujer es lívida al
silencio de negra de frutas del amor descendido
a la líquida expresión del pentagrama.

Pero los pianistas han entrado sin saberlo en una 
tenue piedad echados a la suerte del caracol milenario
que lleva su imperio sobre una baba melódica.

Los hombres son mejores que los pianistas porque
echan sus cuerpos en bañeras comen ciervos limpian
con hilo dental el cálculo de sus probabilidades son
ternarios y beben con tal de olvidar que los pianistas
sin salir del taburete s…

el largo pacto de la especie

El patio

a mis hermanos
Lo que ya no existe: plantas acogedoras, guarida para la desmesura
  de lo que nunca iba  a morir.
Lo que existe: otras plantas con misión idéntica. El largo pacto de
  la especia: se planta para otro.
Lo que ya no existe: el arrebato de los hermanos, juegos, peleas,
  adivinanzas, para que todo creciera entre nosotros.
Lo que existe: nuevo bullicio con el mismo impulso, como si supiera
  también él, que su esplendor está hecho de pequeños sobresaltos.
Lo que ya no existe: un dibujo en la pared que la humedad del cantero
  se encargó de mejorar.
Lo que existe: la humedad del cantero mejorando otros dibujos.

El largo pacto de la especie sirve de explicación,
no de consuelo: la muerte (que sucede de a poco)
sigue afligiendo a pesar de su frecuencia;
y sin embargo, si existiera la resurrección,
¿quién quisiera resucitar sin condiciones?

Lo que existe, lo que ya no existe:
dos formas de contar lo que nos pasa.
Atributos de un remoto cuidado
que provocan una desolación de la fisiología;

un sello de clausura

La realidad y el deseo

a Luis Cernuda
La realidad, sí, la realidad,
ese relámpago de lo invisible
que revela en nosotros la soledad de Dios.

Es este cielo que huye.
Es este territorio engalanado por las burbujas de la muerte.
Es esta larga mesa a la deriva
donde los comensales persisten ataviados por el prestigio de no estar.

A cada cual su copa
para medir el vino que se acaba donde empieza la sed.
A cada cual su plato
para encerrar el hambre que se extingue sin saciarse jamás.
Y cada dos la división del pan:
el milagro al revés, la comunión tan sólo en lo imposible.
Y en medio del amor,
entre uno y otro cuerpo la caída,
algo que se asemeja al latido sombrío de unas alas que vuelven desde la eternidad,
al pulso del adiós debajo de la tierra.

La realidad,sí, la realidad:
un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo.

Olga Orozco, Toay, La Pampa, 1920-1999
Imagen de Mi Yuming, en Triangulation

sin tus deseos

Enciendo la lámpara de sal de la montaña
junto a mi cama.
Me suelto el pelo
recordando las canas invisibles.
Me acuesto entre las sábanas de hilo
con la bata dorada de la China.
Debajo mi piel blanca no desea
ni en sus botones rosados
ni en sus lunares pálidos.
Sobre la almohada se escuchan mis anillos
porque está fresco, quizás,
y se afinaron mis dedos.
El oro, la plata, la amatista.
Afuera la noche se ha espesado
porque terminó la luna llena.
Empieza el mes que precede al invierno.

Qué ligera soy sin tus deseos.

Qué dulce corre el alma
en mi esqueleto.
Qué cierta es esta cara y estos flancos
qué ciertos son,
qué delicados.
Me admira mi gata, blanca y parda,
y yo la admiro a ella en su silencio.
Hasta el perfume rojo de las flores
tengo.

Qué ligera que soy sin mis deseos.

Carina Sedevich, Santa Fe, 1972
en Escribió Dickinson, Alción Editora, 2014
imagen de Annick Bouvattier

por el largo camino

En un aniversario de bodas
El cielo está desgarrado a lo ancho de este desgastado aniversario de dos que anduvieron por tres años de acuerdo por el largo camino de sus votos.
Ahora su amor consiste en pérdida y Amor y sus enfermos gritan en cadena; desde cada nube que lleva música o un cráter, Muerte cae sobre su casa.
Demasiado tarde bajo la lluvia equivocada se unen aquellos que dividieron su amor: las ventanas se derraman en sus corazones y las puertas consumen sus cabezas.
Dylan Thomas, Swansea, Gales, 1914-1953 versión  ©Silvia Camerotto
imagen en Public Domain


On a Wedding Anniversary
The sky is torn across
This ragged anniversary of two
Who moved for three years in tune
Down the long walks of their vows.

Now their love lies a loss
And Love and his patients roar on a chain;
From every tune or crater
Carrying cloud, Death strikes their house.

Too late in the wrong rain
They come together whom their love parted:
The windows pour into their heart
And the doors burn in their brain.