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Mostrando las entradas de junio, 2014

oculta pero no vencida

La Argonauta
¿Para las autoridades cuyas esperanzas son fraguadas por mercenarios? ¿Escritores atrapados por la fama a la hora del té y por las comodidades de casas en las afueras? No es para ellos para quien la argonauta construye su delicada concha de cristal.
Cediendo su efímero souvenir de esperanza, blanco insulso por fuera y por dentro una superficie vivaz brillante como el mar, la celosa hacedora lo cuida día y noche; apenas
come hasta que los huevos se rompen. Ocultos ocho veces entre sus ocho brazos, porque ella es en cierto modo un pulpo, su protegida carga de armazón de cristal permanece oculta pero no vencida; como Hércules, al que mordido
por un cangrejo fiel a la hidra se le impidió triunfar, los huevos intensamente custodiados al salir de la concha al liberarse la liberan,— dejando en su avispero imperfecciones blanco sobre blanco, y apretujados
pliegues de chitón iónico como las líneas en las crines de un caballo del Partenón, alrededor del que sus brazos se enroscaron como si supieran que el a…

la indiferencia es buena

En esta época de duras pruebas, la indiferencia es buena y
“en realidad, no es     asunto de los dioses cocer vasijas de arcilla”. No lo      hicieron en este caso. Unos pocos        giraron sobre los ejes de sus méritos como si la popularidad excesiva fuera una vasija;
no corrieron el  riesgo de profesar la humildad. La pulida cuña   que pudo haber separado el firmamento     quedó sin palabras. Al fin ella misma saltó y al caer, concedió un privilegio a un pobre tonto.
“Más grande que todos     por la duración de  una charla de quinientos       años”, hubo uno, cuyos cuentos        de lo que nunca pudo haber sido cierto— eran mejores que la demoníaca y antisociable pesadez
de la certeza; su juego escénico    era más terrible en su efectividad     que el más feroz ataque frontal.       El bastón, la bolsa, la fingida discreción de los modales, revelan mucho más el arma, la autoprotección.

Marianne Moore, Kirkwood, 1887 - Nueva York, 1972 en Marianne Moore,Poems.  London: The Egoist Press, 1921, p. 14 ve…

oh mundo

Causa
Junto estas palabras para cuatro personas, otros podrán oírlas por casualidad, oh mundo, lo siento por ti, no conoces a estas cuatro personas.
Ezra Pound, Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972
deLustra, 1916. Kessinger Publishing, LLC, 2010 Versión © Silvia Camerotto
Imagen de Lizette Abraham, Los cómplices, en Uno de los Nuestros

Causa
I join these words for four people, Some others may overhear them, O world, I am sorry for you, You do not know these four people.

hasta cuando leamos, ignorantes

Palmas y guitarra
Ahora, entre nosotros, aquí,
ven conmigo, trae por la mano a tu cuerpo
y cenemos juntos y pasemos un instante la vida
a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.

Ahora, ven contigo, hazme el favor
de quejarte en mi nombre y a la luz de la noche tenebrosa
en que traes a tu alma de la mano
y huimos en puntillas de nosotros.

Ven a mí, sí, y a ti, sí,
con paso par, a vemos a los dos con paso impar,
marcar el paso de la despedida.
¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta la vuelta!
¡Hasta cuando leamos, ignorantes!
¡Hasta cuando volvamos, despidámonos!

¿Qué me importan los fusiles?,
escúchame;
escúchame, ¿qué impórtenme,
si la bala circula ya en el rango de mi firma?
¿Qué te importan a ti las balas,
si el fusil está humeando ya en tu olor?
Hoy mismo pesaremos
en los brazos de un ciego nuestra estrella
y, una vez que me cantes, lloraremos.
Hoy mismo, hermosa, con tu paso par
y tu confianza a que llegó mi alarma,
saldremos de nosotros, dos a dos.
¡Hasta cuando seamos ciegos!
¡Hast…

ninguno es más largo que su sueño

Estos y Aquellos

Hay los que escriben al derecho
los que tienen la mirada puesta en el objeto
los serviles de un plan
los fabricantes de destinos
los que van desarrollándose como si fueran cientos
los pacientes los libres
los que esperan de cada refrán la recompensa
los obstinados de la sangre los que arañan el misterio
los que saben.

Y hay los ciertos los fatales los sin costumbre y sin peso
los que besan desmemoriadamente los ávidos de raíz
los que se encuentran por azar con encuentros inseguros
los que corren a países de caricias los enterrados vivos
(una ráfaga los tumba y los soporta)
los que entreabren el verano para sentir el frío
los que miran según el cristal con que los miran.

Unos y otros son
pero ninguno es más alto que su vida
ninguno es más largo que su sueño.


Eduardo Jonquieres,  Buenos Aires, 1918-2000
de Zona Árida, 1965 
imagen de Kyle Thompson en Uno de los nuestros

quién eres

El Filósofo
¿Y quién eres para que, deseándote, deba permanecer despierta durante tantas noches como días hay llorando por ti?
¿Y quién eres para que, extrañándote, durante tantos días que se escurren deba escuchar el viento y mirar a la pared?
Conozco a un hombre que es tan valiente como veinte hombres de su especie, ¿Y quién eres para ser el único hombre en mi mente?
Sin embargo, los hábitos de la mujer son estúpidos, como diría cualquier sabio, — ¿Y quién soy yo, para que deba amar tan sabiamente  y tan bien?
Edna St. Vincent Millay,1892, Rockland, Maine – 1950, Austerlitz, New York
Versión © Silvia Camerotto en Edna St. Vincent Millay, Collected Lyrics, Harper Colophon Books, New York, 1981 Versión © Silvia Camerotto imagen de Malika Favre, Orgy, en Uno de los nuestros
The Philosopher
And what are you that, wanting you,
I should be kept awake
As many nights as there are days
With weeping for your sake?

And what are you that, missing you,
As many days as crawl
I should be listening to the wind